La historia desde un edificio. “Voces humanas”, de Penelope Fitzgerald

por | Jun 17, 2019

La historia desde un edificio. “Voces humanas”, de Penelope Fitzgerald

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Penelope FitzgeraldVoces humanas

 Traducción de Eduardo Moga

Madrid, Impedimenta

208 páginas, 20,50 euros

Corrían los tiempos del Blitz. Aquellos meses de ataques nocturnos a cargo de la Luftwaffe tenían como objetivo acabar con la ciudad de Londres. En la capital británica, los habitantes se encontraban en un estado de incertidumbre, con la esperanza cada noche de que su tejado no fuese uno de los premiados; de que la conquista alemana no fuese inminente. La información se convirtió en una materia prima que tan solo los medios de comunicación podían poseer y distribuir, sobre todo la radio. Por los pasillos de la Broadcasting House —también conocida como la BBC— solo quedaban algunas almas decididas a sacrificarse por encontrar la verdad y transmitirla a través de un micrófono. Desde la perspectiva de sus paredes, Penelope Fitzgerald (Lincoln, 1916 – Londres, 2000), reunió sus recuerdos como antigua trabajadora en la BBC para trasladarlos a la ficción. «Voces humanas» (1980) llega a nuestro presente: un momento en que los medios informativos se han multiplicado y la búsqueda por esa supuesta verdad se ha vuelto un reto, el mismo al que se enfrentan los personajes de la novela.

El edificio de la Broadcasting House recorre la trama en forma de un personaje más que absorbe al resto. Su descripción y los cambios que se establecen en su interior, todo ello parece una forma de mutación, de evolución como ser viviente y pensante que se prepara para (quizá) una gran catástrofe. Su arquitectura es el símbolo de la información verídica, si ese significado se viese destruido sería el fin del conocimiento y, por ende, la derrota en la guerra. Los pilares de esa información serían todos los individuos que habitan en él. En un principio, el lector accede al edificio al mismo tiempo que Lise, una joven medio francesa que espera a que su novio, también francés, vuelva del campo de batalla. Esta se incorpora como asistente del jefe del Departamento de Programas Grabados (DPG), Sam Brooks. El señor Brooks lucha por mantener su Departamento en pie, pues los altos cargos consideran que los programas grabados no son ejemplo de la “verdad” para la audiencia, que se deben emitir programas en directo. Al mismo tiempo, se consuela apoyando su cabeza en el hombro del grupo de jóvenes trabajadoras que tiene su disposición, al que llaman el Serrallo —equivalente a un harén—. Lise parece que tomaría protagonismo en la historia, pero acaba metida en problemas que la llevarán a alejarse momentáneamente de la trama. La joven medio francesa será ayudada por otra integrante del Serrallo: Vi, que realmente desea marcharse al norte con su prometido a formar una familia. Como sustituta llega Annie, hija de un afinador de pianos, que se enfrentará (y, quizás, enamorará) de su superior. Así proliferan las numerosas subtramas del interior del edificio, sin dejar en ningún momento de lado el peligro que cae del cielo.

Fitzgerald no podría haber escrito con tanto detalle el funcionamiento de la BBC sin antes haber formado parte del entorno. Concentra en sus páginas el comportamiento humano ante situaciones extremas, como la guerra o el constante trabajo. Esto último se vive a partir de Jeff, un adicto al trabajo (o eso podría diagnosticársele) con fama de ser deshumanizado, pero que acabará demostrando su inconsciente humanidad. El tema de la carga de trabajo y el estrés que llegan a niveles sobrehumanos parece no haberse modificado con el tiempo, al igual que el de la educación. En la novela se augura un cambio en la manera de aprender, alejada de la memorización y los libros de texto, algo que tampoco ha avanzado mucho desde entonces. La autora enfoca toda esta visión crítica hacia el futuro con un gusto cercano, en ciertos momentos, al lirismo. Esta elección estilística encaja a la perfección con la musicalidad de la trama, donde se hacen constantes referencias a la música de la época, sobre todo a través de la voz de Annie; y con ese tiempo que se desvanece. A partir de unas leves pinceladas, el lector sabe en qué momento se sitúa, pero en algunos puntos pierde el rumbo para introducirse plenamente en las conversaciones y descripciones. Cada palabra está incrustada con la delicadeza y precisión de un cirujano, dando forma en su totalidad a esas “voces humanas”.

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