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¿Y tú cómo te enfrentas al duelo? “Abril o nunca”, de Juan Gómez Bárcena

Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) presenta en Abril o nunca (2026) un retrato sobre el dolor y la desorientación. Daniel es un hombre de más de cuarenta años que está perdido. Siempre lo ha estado y así se lo han apuntado aquellas personas que lo han conocido de cerca. Ha pasado su vida sin tomar decisiones, como un mero espectador. Estudió lo que le exigieron y vivió tal y como le dijeron. Sufrió cuando se suponía que tenía que sufrir, se alegró cuando convenía, trabajó en donde le surgió y heredó el abigarrado piso familiar de Benidorm cuando sus padres fallecieron. Se casó y se divorció. Y, sobre todo, tuvo una hija, Teresa. Y la tuvo, en pretérito, porque de eso trata esta historia a ratos profundamente conmovedora.

Teresa vive con su madre, Patricia, en Madrid. Allí vivía Daniel hasta que abandona la capital y su puesto de abogado especialista en divorcios al divorciarse él mismo. En un arrebato, tal vez el primero por el que se deja llevar, abandona su puesto y se hace instructor de buceo en la costa alicantina. Un giro y una trampa. Daniel se hunde en su existencia desordenada, pero le agrada su nuevo trabajo entre turistas de abril a octubre. Pero Daniel se ahoga el día que decide que para celebrar el cumpleaños de su hija van a ir a practicar snorkel[F1] . Es el segundo cumpleaños de ese abril para Teresa, tras haber pasado el primero con su madre en Madrid. Es el último cumpleaños de la hija de Daniel, que no verá más allá de sus eternos trece años.

Así da comienzo la obra, con un desgraciado accidente, una distracción, una siesta demasiado larga o una excesiva confianza por parte de quien se dedica diariamente a enseñar a desconocidos. De esta manera se acaba, de un momento a otro, la vida de Teresa. La excursión a la Cala de los Amarillos se convierte en su último día. Y desde entonces Daniel cae en una espiral difusa de sufrimiento y abulia. Del tanatorio, de los mensajes de consuelo y del apoyo que tratan de brindarle le llega una sensación tan fría como la tarta de cumpleaños que, a modo de reliquia cutre, seguirá en el congelador su piso. Daniel está deshecho al igual que la cama que su hija no terminó de hacer el 13 de abril. Y Daniel, tal y como consigue construirlo el autor, se hace humano.

Quizás Abril o nunca caiga en determinados pasajes repetitivos o no profundice en personajes que son un esbozo. Es el caso del antiguo jefe, socio campechano de Daniel mientras se haga lo que le gusta y puede controlar; el de la nueva pareja de Patricia y el del bienintencionado, pero torpe, amigo Mario. Ante todo, es el caso de los personajes femeninos de la historia. La madre de Teresa, la propia Teresa y hasta la ilusión de revivir que es Natalia (joven cardióloga de la que Daniel se queda prendado) no dejan de verse como seres algo estereotipados. Pero, en el fondo, así se ve todo desde el mundo de Daniel: lejano, prestado antes y, más acusadamente, después de perder a su hija. Es el lugar legítimo de la depresión, porque así son los duelos, para los que no existen herramientas o manuales de instrucciones fidedignos. Es el lugar al que llevan las escenas entre el humo al que regresa el protagonista, la suciedad de las cajas de comida a domicilio o el desesperante insomnio que conduce a los hilos de Reddit más conspiranoicos. Daniel vive sin vivir y sólo quiere regresar al 13 de abril. Y en esa persecución el autor consigue hablarnos, sin especificarlo, de la importancia de la salud mental, de los desatinos de la machosfera tras los anónimos de la web profunda, de los desequilibrios de Benidorm y las viejas herencias desarrollistas y, más directamente, de distintas heridas que no se cierran a lo largo de una vida. Todos estos temas se tocan, aunque sea de soslayo, a lo largo de las trescientas sesenta y ocho páginas de la novela.

Pero lo que realmente hacemos al leer Abril o nunca es entrar en el bucle de videojuegos, cerveza e irresponsabilidad emocional de Daniel. Y por lo dicho hasta ahora es recomendable asomarse a este libro. Porque somos capaces de entender que el protagonista recurra a todo tipo de engaño que recuerde a la esperanza. Se hace real que se agarre al clavo que son las palabras del extraño gurú online que es John1419 y los mensajes intercambiados con Johannes Steiner sobre viajes en el tiempo y la repetición obsesiva de la fecha a la que se quiere regresar. Son parches que nos hablan de lidiar con el trauma. Se trata, por lo tanto, de un lenguaje que podemos entender. Por eso es recomendable esta novela, porque el dolor humano siempre nos apela a todos. La pérdida de seres queridos nos implica de forma universal. La trágica muerte de una niña de trece años a la que le gustan los bocadillos de mortadela y tomarle el pelo a su padre nos duele.

Hay algo bello en leer acerca del dolor, si bien podría resultar obsceno si la temática no es tratada con delicadeza. Hay algo infinitamente humano y enriquecedor en leer sobre hechos dolorosos y que, en el momento de la lectura, sintamos un pellizco de empatía. Y creo que esta es la principal virtud de la novela de Juan Gómez Bárcena: el mensaje de dolor se hace inteligible. La lectura de Abril o nunca nos remueve y si un libro remueve merece la pena. Aunque sea entre largos pasajes de misiones de videojuegos o descripciones reiteradas del día del incidente, puede resultar un texto revelador. Entonces cobran sentido las dudas acerca de lo que está creyendo rehacer Daniel con su peregrinar en el desierto de la repetición maniática. La acción de la novela transcurre en un año, en el paso de las cuatro estaciones que estructuran el relato. Y, al mismo tiempo, dura constantemente aquel 13 de abril de 2024.


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Carlos Guerreira Labrador

Carlos Guerreira Labrador es investigador predoctoral en la Universidad de Alcalá con un contrato de formación de personal investigador de la Comunidad de Madrid. Es graduado en Lengua castellana y Literatura españolas por la Universidad de Santiago de Compostela y ha realizado el Máster en Estudios Literarios y Culturales Hispánicos (MELICU) de la Universidad de Alcalá. Su investigación se centra en la narrativa histórica, mitos nacionales y violencia política a partir del estudio de autores y de autoras del exilio republicano de 1939. En la actualidad, lleva a cabo su proyecto de tesis sobre discursos sobre la Edad Moderna en narrativa histórica del exilio republicano de 1939. Sus principales motivaciones se basan en ahondar en las heridas abiertas que quedan de los regímenes autoritarios que marcaron el siglo XX y en aprender del diálogo con nuestro ayer para entender nuestro presente.

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