A las mujeres de hoy. “La victoria”, de Federica Montseny
Buscar las genealogías de los debates sobre la emancipación de la mujer es una labor que muchas investigadoras están haciendo con el fin de comprender de qué formas el sistema sexo-género violenta a las mujeres en la actualidad. Estas genealogías rastrean el compromiso de la mujer obrera o simpatizante de los movimientos obreros, figuras invisibilizadas tradicionalmente en los imaginarios de la revolución. Resulta revelador, pero no extraño, que los problemas que atraviesan novelas centenarias interpelen a las mujeres que todavía hoy enfrentan juicios similares a los que transmiten los tres hombres que intentan seducir a Clara en La victoria, de Federica Montseny, de cuya edición se ha encargado la profesora Carolina Fernández Cordero. Publicada por primera vez en 1925 en Ediciones de la Revista Blanca y reeditada en laovejaroja, esta novela de tesis ejemplifica cómo la literatura es un vehículo para propagar ideologías y promover el cambio social. Su lectura es actual, porque los esquemas de dominación del patriarcado hoy son los mismos ―aunque tengan máscaras― que los de entonces. Que las obras literarias del siglo XX dialoguen con un presente caracterizado, entre otras alarmas, por el auge de la extrema derecha quiere decir que existen conflictos estructurales que todavía no hemos solucionado y que la lucha debe, por tanto, continuar.
La victoria se ambienta en los años veinte tensionados por la pugna entre la dictadura primorriverista y los frentes obreros. Concretamente, y tal como explica Fernández Cordero en la introducción a la novela, la historia ocurre en el periodo de tensión entre el poder y el anarquismo en el que Montseny, posteriormente política republicana en el exilio, militó. Su ideología se refleja en la ideología de Clara, mujer descrita, no por casualidad, como un ser sin defecto moral, leal, iluminadora, responsable y, sobre todo, irreductible a las pasiones que causan la sumisión de la mujer, a la que se ha incapacitado para responder a la razón y el intelecto. Al contrario de los ángeles del hogar, Clara es tremendamente lúcida: reconoce los problemas de su tiempo y los combate una vez ha identificado su raíz. Entre estos problemas, están las políticas afectivas que originan la alienación de la mujer. A este respecto, el amor libre es el principal objetivo y objeto de las preocupaciones ―y de las pocas contradicciones― del personaje, profesora de idiomas y conferenciante en el Ateneo de Barcelona.
La victoria enfoca su crítica en varios modelos de masculinidad de la época, como el del militante anarquista en cuyo horizonte de expectativas solo estaba la liberación del hombre, no de la mujer ―¿nos sorprende la contradicción?―. Roberto Montblanch, el militante en cuestión, primer admirador de Clara y primer hombre admirado por ella, es incapaz de tolerar que su mujer sea libre: que él y su pareja se acompañen, y que la mujer no sacrifique su vida por la de su marido. Tampoco que las mujeres participen activamente en la demolición del statu quo y en la construcción de un mundo horizontal en derechos y deberes. Otro de los modelos que Montseny critica es el del hombre escéptico, sin valores, que se enamora de la ideóloga anarquista por su exotismo. Este es Emilio Lucerna, joven periodista que, tras verse rechazado por Clara, le dedica numerosos artículos en prensa que aluden a su falta de feminidad para ridiculizarla ―esto nos suena, ¿verdad?―. El último modelo lo representa el escritor Fernando Oswald, quien también se enamora de Clara. Aunque ella corresponde a sus sentimientos, el idealismo de Fernando cosifica a las mujeres, lo que quiere decir que no busca, aunque las admire ―si es que reprimirlas es admirarlas―, su liberación. El amor entre ambos es, por tanto, imposible. La mayoría de los personajes femeninos, débiles, medrosos, inconscientes…, son retratados por Montseny de forma más comprensiva, en tanto que la autora pretende que la lectura de su libro los emancipe de los esquemas de pensamiento masculino. Sin embargo, se censura a Evora, el estereotipo de la flapper, que entiende en el amor libre un subterfugio para «prostituirse». Tal como explica Fernández Cordero, en La victoria confluyen numerosos perfiles ideológicos que permiten conocer cuál era la realidad de la militancia anarquista de las mujeres en los años veinte. Clara decide que conseguir la libertad y consolidar un ideal de ser humano y de mujer involucra un sacrificio personal ―el abandono del amor― que origine cambios reales en el futuro de todas las personas. La interpretación de esta decisión no da lugar a equívocos, pero ello no quita que no resulte novedosa, sobre todo cuando el eslogan de que «el amor todo lo puede» integra gran parte de las comedias románticas que se estrenan en nuestro tiempo.
La prolija introducción de Fernández Cordero alumbra claves interpretativas de la obra que permiten examinar el potencial político de la literatura revolucionaria. Tras leer esta novela, queda en mi mente la idea de que es relevante indagar en el desarrollo de las ideologías políticas del siglo XX ―y XXI― a través de la ficción literaria. El debate del amor libre, hoy en día pensado en términos que lo vinculan con un tipo de liberalización del sexo y del afecto que, por cierto, Montseny rechazó enérgicamente, reconoce que los roles que asumimos en la vida personal pueden prolongar convenciones radicadas en la violencia, la precariedad y el olvido. Montblanch, Lucerna y Oswald siguen vivos hoy; solo hace falta encender la televisión o iniciar sesión en cualquier red social para comprobar que los hombres subestiman diariamente a las mujeres que denuncian públicamente su condición de subalternidad. Otra conclusión que se extrae de la novela y que siempre conviene recordar es que no puede existir la liberación de la mujer sin la liberación de la clase trabajadora y de otros colectivos marginalizados. Creo que así lo entienden laovejaroja y otras editoriales que recuperan textos que nos ayudan a analizar mejor nuestro mundo y, sobre todo, a pensar cómo destruirlo para rehabilitarlo.
Graduada en Estudios Hispánicos y máster en Estudios Literarios y Culturales Hispánicos por la Universidad de Alcalá, donde ha sido beneficiaria de varias becas de investigación. Sus intereses giran en torno a la historia literaria e intelectual del exilio republicano de 1939 y la crítica ideológica de la literatura, aspectos sobre los que es autora de varios artículos académicos. En la actualidad, es investigadora predoctoral (FPU-Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades) en la Universidad de Alcalá. Su tesis estudia los discursos del anticomunismo en la narrativa del exilio durante la guerra fría. Es directora de la revista Contrapunto.

