La Narración Del Trance Poético. “Un Conjuro”, De Paula Melchor
No solemos asociar lo elevado con lo común, sobre todo en materia de lenguaje, es decir, no solemos esperar que un libro que apunta a la mística misma se sustente, a su vez, en la liviandad léxica y un sentido del idioma grácil, tierno y niño. Ya Simone Weil tuvo que complejizar sus líneas caídas del cielo, ideas como aforismos que encierran universos; o Hildegarda von Bingen con su biografía, excesiva. Y esta paradoja la resuelve Paula Melchor en Un conjuro, donde, hecha narración, se dice el viaje de una niña mayor con miedo por “los hombres malos” pero valerosa poéticamente hablando, hasta asumir el trance poético como estrategia para abrigar todos los elementos contenidos en sus páginas: de la juglarilla a un cervatillo herido o la mención a una Casandra, interesante por intertextual. Dichos elementos, vivísimos todos ellos, conviven en poemas de carácter mágico alternados con prosas a modo de cuento hasta un total de cinco partes (más una Epístola actualizada por una cita liminar de Lorena Álvarez, hacedora de cianotipias para sus conciertos y cantautora total) que generan, ante todo, la problemática de cómo abordar el secreto, y si las palabras pueden hacerlo, y si el yo lírico es suficiente para dicha tarea, como ya estudiara Valente al acercarse a San Juan de la Cruz. Siempre he pensado, lo hablaba con una amiga el otro día, que en el secreto uno se termina quedando solo, porque, o bien no se tiene con quién compartirlo, o bien muere su condición privada al enunciarse. En este debate, Melchor hace uso de repeticiones como mantras y se nos queda abierto el libro una vez cerrado. Ángela Segovia, en el “Prólogo”a la edición, la cual también entronca vertebralmente con la poética de Paula hoy, con su Joi (sólo por la sinopsis y el imaginario, porque está pendiente), pronostica que hay algo aquí de saga, o que podría haberlo. En cualquier caso, una sensibilidad depuradísima que desea el bien de los lectores en su temperamento y anima a cuidar lo frágil y lo sagrado: nuestra intimidad.
Todo abordaje de carácter totalizador tiene el problema de tener que abrigar en él el factor negativo, que diría Hegel filosóficamente hablando, o Blanchot, y es por eso que leemos en la pág. 66: “Recoger la maldad, también / la bondad: / todo junto aquí, / en el poema”, sirviéndonos como arte poética; y luego, como sumándose a Lorca, la protagonista de esta historia escribe, también, para ser querida: “No me avergüenza confesar / aquí, ahora, ante ti, / la razón de mi escritura: / quería / sobre todas las cosas / ser amada” (pág. 55). Una fuerza, la del amor, que es la principal de esta suerte de fábula que es Un conjuro. En este sentido, siempre he creído en que el poeta se convierte en narrador al configurar la estructura de su texto, aun siendo poemas el material con el que ha ahora de narrar, y no exactamente para contar una historia. Según se dice en los AGRADECIMIENTOS (y pequeñas disertaciones), este libro tardó nada más y nada menos que casi cuatro años en terminarse —Amor y pan. Notas sobre el hambre, también en Letraversal, es de 2022—, y su andamiaje y labor de montaje se percibe de lejos, pero como invisiblemente. Fácil de leer, amado de releer, ronda un imaginario que se remonta a las novelas de caballerías pero que no olvida nunca la psicología y los caracteres de este mundo desde donde trama su relato a caballo entre el diario, lo subjetivísimo y el arte, de los que Paula Melchor es deudora y conocedora. También lo es de figuras como Berta García Faet, que ya tiene epígonos como Juan Pedro Sánchez López antes de cumplir los 40, y que aquí se nos aparece con esa máxima de su “Soy un ser de deseo” y, sobre todo, por la mención a “los novios”. En general, una concepción de la escritura como lugar desde el que restaurar lo que nos rodea o para reivindicar sus dones, mas en ningún caso destructora, aunque ser lúcido desde el cariño valga el triple, tocándonos, doliéndonos.
Hay algo también trenzado con la moral, porque en el libro se dan la mano varias antítesis, de lo bueno a lo malo y de lo inocente a lo cruel. Sea o no un periplo de ideas, éstas aportan color conceptual-filosófico al conjunto, hasta erigir un imaginario propio y representable, donde dichas tensiones quedan resueltas o, al menos, planteadas para solución del lector, pero volvemos a decirlo: de una manera expuestas que no sentimos su peso, la densidad a la que nos acostumbran. Eso es todo un logro por parte de Melchor: la idea de que, incluso en los terrenos más farragosos, uno puede salir indemne si se determina a poner cariño en su investigación, como cuando habla de ser “buena y reciente”, un adjetivo, el segundo, que hace de total desvío y que repite en otro apartado para felicidad de los detallistas. También hay espacio para la fe, en dicha encrucijada. La protagonista del libro, en constante transformación por su propia experiencia, elevada a acontecimiento o epifanía, a veces parece verlo todo como por primera vez, al igual que el niño que apunta al cielo con su dedo índice y pregunta al padre o a la madre qué nombre ostenta ese milagro. De hecho, es la fe, en este libro, una suerte de amuleto o talismán que la autora se guarda muy conscientemente dado el mundo que la circunda, para agarrarlo con sus manos temblorosas dado el caso, o alzarlo cuando haya belleza sin ninguna timidez, porque el coraje de enfrentarse al mundo es, hoy, osadía también.
Todo el mundo quiere que lea algo
bonito y sensible
que les haga llorar.
Yo les digo ya no quiero
estripar más esos poemas preferiría contaros
las nuevas formas que ha encontrado mi voz
mostraros un amor
muy alegre y bondadoso
pero mi lengua ha desaparecido
al fondo de mi garganta.
(pág. 73)
En total, un libro que acariciar y leer en voz baja, mientras se asan castañas, se está con amigos o llega el rumor de las playas, lo mismo da; un libro de encaje natural en las cosas porque conoce las cosas interiormente, y esa es su mayor virtud. Y que conecta con toda una sensibilidad compartida —no olvidemos que Paula nació en El Real de la Jara en el año 2000— por la que este libro está siendo tan celebrado. ¿Una necesidad de asir, el hecho místico, o una pregunta abierta que cada vez resuena más y más? Yo he quedado sorprendido, y también agradecido, porque alguien tiene que hablar de lo inefable cuando todo se ha dicho; cuando, en un mundo de tantas respuestas, hemos de preguntarnos dónde están las preguntas, y seguir custodiándolas como un tesoro.

Álvaro Guijarro
Álvaro Guijarro (Madrid, 1990) es un poeta, escritor, crítico en ciernes y fotógrafo español. Estudió el Grado en Literatura General y Comparada desde la Universidad Complutense de Madrid, tiene un máster en Fotografía Editorial y Fotoperiodismo por la Escuela TAI y un segundo máster en Cultura Contemporánea: Literatura, Instituciones Artísticas y Comunicación Cultural gracias a la Fundación Ortega-Marañón (FOM-UCM), con estudios aparte de filosofía y cine. Autor de más de una decena de libros de poemas publicados entre el año 2010 y el año 2025, algunos de ellos con reconocimiento –III Premio de Poesía Joven Antonio Colinas, finalista del 71.º Premio Adonáis y 2.º Premio en los Premios Madroño 2021–, ha reunido su camino en el género de la lírica bajo el título Matiz (Poesía 2008-2020), aún inédito en su conjunto. Igualmente, ha participado en propuestas colectivas como Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011) o «Lecturas del desierto» (Kamchatka, UV, 2018), así como en diversas revistas –Nayagua, Vallejo & Co., Transtierros, Oculta Lit, etc.–, festivales –Voix Vives (Toledo, 2015 y 2023)– y recitales. Desde 2025 colabora con reseñas en papel y en digital en Qué Leer, de kiosco, y con artículos, vía web, en Popper. Su fondo fotográfico, desde el 2013 al presente, puede consultarse en: www.alvaroguijarrophotography.com. En este último ámbito, expuso en el contexto de PHotoESPAÑA (2015) en una muestra grupal y de forma individual durante un trimestre (2022) en la celebrada librería madrileña Olavide | Bar de Libros, y ha trabajado en DIMAD (Asociación de Diseñadores de Madrid) y en prensa local. Ensaya en su blog Pangea: www.pangeapangeapangea.blogspot.com. Guarda en su haber una novela en clave escrita de 2020 a 2024 entre su ciudad natal, Salobreña y Praga; así como un segundo texto en prosa, La participación, que, según un amigo, hace de apostilla al resto de su obra. Profesionalmente, trabaja en museos.
