Heridas políticas y memoria. “Los valientes están solos”, de Roberto Saviano

por Feb 17, 2024

Heridas políticas y memoria. “Los valientes están solos”, de Roberto Saviano

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Roberto Saviano: Los valientes están solos

Barcelona, Anagrama

592 páginas, 24,9 euros

En su célebre libro, Las venas abiertas de America Latina (1971), Eduardo Galeano definió Hispanoamérica como la «región de las venas abiertas» cuya sangre sigue fluyendo bajo la mirada y la indiferencia de todos. De forma parecida, la Sicilia, lejos de Eboli, lejos de Dios, es el lugar de las heridas que quedaron sin sanación, y aunque sus huellas permanezcan invisibles en nuestro cuerpos, el dolor jamás terminará de lastimarnos.

Es el caso de la historia relatada en Los valientes están solos (2023) donde Roberto Saviano decide volver a ese dolor a través de la novela-reportaje de la vida del juez de Palermo Giovanni Falcone, víctima de Cosa Nostra, exactamente treinta años después de su muerte, y la crónica de las contingencias sociales e institucionales que contribuyeron a su debacle.

El relato es la biografía del juez palermitano, de su entorno personal y profesional, y de la organización criminal que en los mismos años operaba atacando aquella parte de la magistratura que se dedicaba a la lucha contra la mafia. La narración, que recorre los acontecimientos desde la mitad de los años setenta hasta el 1992, sigue un orden cronológico pero alterno: en cada capítulo se suceden acontecimientos de los setenta con eventos de los ochenta, y cada década se caracteriza por una focalización narrativa distinta. Así pues, cada capítulo hace referencia a un diferente momento histórico al que le corresponde un diverso punto de vista, el del juez Falcone y el de los hombres de Cosa Nostra. De esa forma, además de conferir más dinamismo al texto, al lector se le da la posibilidad de desplazarse con facilidad entre los espacios de la justicia y de quién quiere y trata de organizar su derrota.

La obra, y en general la prosa de Roberto Saviano, se caracteriza por la combinación de géneros discursivos diferentes ―el periodístico, el jurídico y el narrativo― lo cual genera un texto híbrido desde un punto de vista formal. Esta fluidez discursiva permite la coexistencia en el mismo texto por un lado, de la reconstrucción factual y fiel de los acontecimientos históricos, tras el apoyo de un número elevatisímo de referencias bibliográficas; por el otro, la génesis de un retrato psicológico del protagonista ―aunque esto se limita a una exigencia narrativa y no representa un atributo representativo de la obra tout-court― que rompe la rigidez del discurso períodistico y confiere a la obra un matiz más poético e interesante, a través del cual permite al autor, además, abarcar un público de lectoras y lectores más amplio. Para ello, el autor acude a estrategias y a rasgos de raigambre narrativos que, poniendo momentáneamente al margen el distanciamento típico del reportaje y la cientificidad de la reconstrucción histórica, dejan más espacio a la componente emotiva y reflexiva de Falcone. El resultado es el retrato de un hombre solo, al que le es negado el derecho a una vida normal a causa de las frecuentes amenazas de muerte, pero que, no obstante, hace de la lucha y de la resistencia su razón de ser y el rasgo distinitivo de su trabajo.

El mundo narrado por Roberto Saviano es un universo que se construye a partir de ausencias y posibilidades perdidas; un universo de soledad y de muerte, que vienen a ser el continuum temático de la obra, puesto que representan la verdadera condena de Falcone, del mismo Saviano y de todos los que deciden ocuparse de Antimafia: «Al empezar a trabajar, unos cuentan los kilómetros que hay de casa a la oficina y otros el número de muertos que lo han precedido. Hay sillones en los que solo se sientan quienes tienen la paciencia y el cuidado de quitar antes los cadáveres que se acumulan en ellos» (p.64). En ese vórtice de desesperación, incluso el tiempo marca su trayecto de forma distinta respecto a los demás, pues la conciencia tan fuerte de la muerte y tan presente en vida convierte el tiempo en su espera o, encima, en su desesperado deseo o necesidad.

Podríamos definir esta obra política antes que literaria, pero creemos sea mejor afirmar que la literariedad de Los valientes están solos radica precisamente en el acto político y social que quiere llevar a cabo: no solamente el grito de denuncia y el recuerdo de uno de los momentos más trágicos de la historia de nuestro país, sino que un profundo acto de amor y memoria hacia un hombre que intentó sanar aquellas heridas mortales. Es por eso que los valientes no están solos, o por lo menos han dejado de serlo. Ahora viven al lado de la eternidad.