Zancadas cortas. “Un debut en la vida”, de Anita Brookner

por | Abr 24, 2019

Zancadas cortas. “Un debut en la vida”, de Anita Brookner

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Anita Brookner, Un debut en la vida

Traducción de Catalina Martínez Muñoz

Libros del Asteroide

232 páginas, 18,95 euros

Quizás la pequeña Ruth Weiss no haya tenido la suerte de nacer en la mejor de las familias. George y Helen no parecen mostrar mucho interés por su hija, pese a su precocidad intelectual. En una apertura que nos recuerda a la presentación de la Matilda de Roald Dahl, Ruth crece casi a pesar de sus progenitores. George está bastante preocupado por su trabajo y por el estado de la casa, mientras que Helen se pasa los días admirándose a sí misma por sus trabajos de actriz que ya han llegado a su término. La contratación de la señora Cutler no mejora el cuidado de la niña ni el estado del hogar, ya que la sirvienta disfruta de raciones diarias cigarrillos y bebidas junto a Helen. Mientras tanto, Ruth se interesa enormemente por la obra de Honoré de Balzac, y comienza a pensar una tesis sobre el vicio y la virtud en sus novelas. La ya universitaria hija de los Weiss se entretiene buscando paralelismos entre los libros y su propia vida, y encontrará una oportunidad de emanciparse del poco atractivo nido familiar. A partir de ahí, probará a trabajar, a buscar el amor y a tener su propio espacio en una nueva ciudad.

Un debut en la vida es la novela con la que la británica Anita Brookner (1928-2016) se asomó a la literatura. En el sugerente prólogo de esta edición, Julian Barnes nos acerca a la mujer tras la novela: una historiadora del arte de gran carrera universitaria que siempre se sentía dueña de las conversaciones y que, ante cualquier pregunta, contestaba con una rotunda sinceridad que descolocaba a sus entrevistadores. Algo de Anita Brookner tiene la protagonista, que acaba siendo una profesora universitaria especialista en Balzac, y que ya apunta un semblante auténtico y desnudo ante el futuro.

Nos hallamos ante una novela cuyo principal tema es la familia. De hecho, desde el punto de vista de Ruth, su vida comienza y termina en ella: la joven entra en su adolescencia pensando que ya no soporta a su familia por más tiempo y hará una gran apuesta por abandonar Londres poniendo sus energías en continuar la tesis en París, pero sus sueños se verán truncados porque la familia, aunque estando a cientos de kilómetros de ella, requerirán de nuevo su presencia en casa cuando Ruth está llegando a la madurez. Tan potente son en esta historia los lazos sanguíneos que el aparente foco de crecimiento que germina en Ruth se ve cuestionado por la imposibilidad de separarse de sus padres, más por pena que por auténtico amor.

Mirando más adentro, Brookner habla por boca de todos sus personajes acerca de las dificultades de producir una comunicación real. George es incapaz de decirle a su mujer que está dejando de quererla, Helen no puede contestarle que siente que al apagarse su fama en los escenarios también se ahoga su vida entera. La joven Ruth no sabe cómo decir a sus padres que están siendo un verdadero obstáculo a sus capacidades y poco menos tendrá que huir del hogar en varias ocasiones. Incluso los primeros contactos amorosos en el corazón de Ruth son hombres ocupados en otros asuntos, verdaderos humanos incapaces de volcarse sinceramente con la urgencia de apertura de la joven. Sorprende en Brookner que la idea de aislamiento sobrevuele cada situación sin ser pronunciada en ningún momento, acompañada de la descripción de habitaciones tan lúgubres y descuidadas que hacen difícil el mero hecho de vivir.

En la brevedad de esta novela, Ruth solo alcanza los veinticinco años cuando su familia se desmorona. En el transcurso hemos visto situaciones que surgen de la ironía y acaban en la tragedia, de ahí que Ruth Weiss entrelace sus pasos con la Eugénie Grandet de Balzac al darse cuenta de que no son tanto sus acciones conscientes los que conducen sus pasos, sino más bien la pasean por su propio destino los vicios y virtudes de los demás.

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