Logos y lentejas. “Debajo del lenguaje solo hay niñas llorando”, de Paula Escrig Peris
Paula Escrig Peris, Debajo del lenguaje solo hay niñas llorando
Madrid, Hiperión
62 páginas, 12,45 euros
Paula Escrig Peris (Castelló, 2000) fue merecedora en 2024 del VI Premio de Poesía Joven Tino Barriuso, con el libro Debajo del lenguaje solo hay niñas llorando (Hiperión). Graduada en Estudios Hispánicos en 2022, ha publicado sus poemas en distintas revistas, como Centauros, Casapaís o Zéjel.
Mi prima Alejandra cumplía 15 años más o menos al mismo tiempo en que Paula Escrig Peris acababa de publicar Debajo del lenguaje solo hay niñas llorando. Sabía que Alejandra no iba a entender demasiado (o nada) de este libro, pero de todos modos se lo regalé, pensando en ese día (no muy lejano) en el que lo entendería. Al fin y cabo, el título deja claro cuál es el público objetivo de estos poemas: niñas que lloran. Y no es que yo quiera que mi prima llore (de hecho, es una niña inteligentemente feliz), pero sí querría que, cuando no sepa por qué está llorando, o por qué lloró el día aquel en que su madre…, vuelva sobre las páginas de este libro de cubiertas rosa y piense «ah, sí». La verdad también es que yo no tengo 15 años sino 34, y Paula Escrig nació en el año 2000, lo cual (cabría pensar) me condena a pergeñar una reseña veladamente condescendiente; y, sin embargo, leer (todas las veces) Debajo del lenguaje solo hay niñas llorando ha sido reconfortante. Es esa, tal vez, su mayor virtud: haber escrito un libro para todas, sin (creo), pretenderlo. Un abrazo colectivo y para chicas que nace de un autorretrato. ¿Cómo es posible que esté yo, en mi despacho, jugando a los mayores, mirándome en este espejo? Pues es posible porque la segunda mayor virtud de estos poemas es, claro, su lenguaje. La niña que se sumerja en la poética de Escrig Peris se verá ante una anatomía sentimental, física, literaria, de sí misma. En los posters de esta habitación (el santuario moderno de las jóvenes lectoras) verá brillar los rostros conocidos; en las estanterías reconocerá sus lecturas favoritas, que no son otras que santa Berta (García Faet) y santa Teresa, junto a Gloria Fuertes, Anne Carson y otras voces imprescindibles de la poesía reciente: Rosa Berbel o Alba Flores Robla. De todas ellas, como la música en el cuarto o la biblioteca de la casa del pueblo, queda una estela en el lenguaje de Paula, un lenguaje suyo que le ha permitido cumplir con una magna hazaña: decir todo eso que nos pasó y para lo que nosotras (yo, al menos) no supimos encontrar palabras. ¿Y qué nos pasó? Nos pasó que fuimos a terapia y contemplamos una foto indebida, que se nos mezclaron manos y palabras, que dejamos de intentar escapar de la niñez, que quisimos a nuestras amigas. Nos pasó todo eso y un montón de cosas más, pero no es lo importante. Lo importante es cómo Paula las ha contado, así, con su lenguaje; uno que en su medio poético fluye con ritmo particular, ágil (que no experimental), que construye una exploración del yo sentimental a través de una corriente de conciencia que cumple con el equilibrio de ser humilde y honda, hogareña y sesuda, que nos habla de eros, logos y lentejas sin chorizo, de tormenta y narrativa corporal. Nos invita a un paseo cotidiano en el que triunfan dicotomías trágicas (la noche frente a los domingos, el dolor frente al pueblo), mientras irrumpen con fuerza aquí una imagen mística, allá una canción pop, junto a la deconstrucción (pasado y presente superpuestos) del vínculo entre un padre y una hija. Entre la descripción y la metáfora, conceptos que se cuelan en valencià porque solo existen en valencià, entre la clarividencia del cuerpo y el miedo a la piel, Debajo del lenguaje solo hay niñas llorando es por lo tanto (y a lo mejor) un mecanismo de comprensión; de comprensión en el sentido de exploración psicológica, vital, pero también como ejercicio de investigación metapoética. Al fin y al cabo, cómo vamos a explicarnos, cómo vamos a entendernos y a lograr que nuestras madres nos entiendan (¡y nosotras a ellas!) si no tenemos las palabras adecuadas, si el lenguaje no nos funciona como un baile. Y al son de Escrig Peris se puede llorar acompañada. Lo prometo: como filóloga tiquismiquis, nunca me ha molestado menos que un libro no utilice comas.

Clara Monzó Ribes
Clara Monzó Ribes (Alicante, 1990) es profesora de literatura medieval en la Universitat de València y especialista en Calderón de la Barca y teatro de los Siglos de Oro. También ha enseñado Historia del libro en la Universidad Complutense de Madrid. En ámbito poético, ha publicado Llevar la casa (Isla Elefante, 2024), su primer libro de poemas.
