Como plantas arrancadas de la tierra. “Geografías de la ingravidez”, de Marc Badal

por Feb 26, 2024

Como plantas arrancadas de la tierra. “Geografías de la ingravidez”, de Marc Badal

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Marc Badal: Geografías de la ingravidez

Logroño, Pepitas de calabaza

254 páginas, 20,42 euros

Seis años después de Vidas a la intemperie (Pepitas de calabaza, 2018), regresa Marc Badal (Barcelona, 1976) con un ensayo titulado Geografías de la ingravidez, de nuevo en Pepitas, que no solo apuntala lo sostenido en su libro anterior, sino que abre frentes hacia otros horizontes. En la estela que ya siguiera de la reflexión en torno al desmantelamiento de las sociedades campesinas, de su cultura y de su memoria (de su modo y medio de vida), Badal planta en este Geografías de la ingravidez las semillas de lo que a todas luces puede considerarse una teoría del desarraigo: en cuanto que sujetos del capitalismo tardío, nos caracterizamos por una existencia ingrávida en la medida en que está marcada por la desterrestridad (o el vivir de espaldas a la tierra) y el yoísmo propio del más puro individualismo claustrófilo (claustrofilia: “disfunción perceptiva que nos impide recordar y admitir que nuestra condición sigue estando determinada por fenómenos y procesos naturales de los que todavía no hemos logrado emanciparnos.” ¡Hurra por la lógica del pensamiento moderno!).

Somos, en efecto, seres humanos post-campesinos, plantas arrancadas de la tierra, pero de una tierra hoy en condiciones pésimas, por lo que una propuesta de replantación solo puede caer en saco roto, por muy seria que esta sea. Sí, existe la pulsión afectiva hacia el campo, hacia la naturaleza (sintagma sobre cuyo significado se pregunta el autor con mucho acierto), pero esta es una pulsión construida, deliberada, que, en lugar de provenir de los pies, “brota de la cabeza”, más concretamente de los ojos (lo fisiológico ha dado paso a lo estrictamente visual, con la cosificación que esto supone). Volver al terruño de nuestros/as padres/madres o abuelos/as; el silencio, el paisaje, los paseos, la huertita, LA LIBERTAD; la idealización verdólatra de un campo que, en realidad, es la idealización de “la vida que siempre han llevado los ricos del medio rural”, porque la verdad es que (casi) nadie se dirige al pueblo para trabajar voluntariamente en labores agrícolas/ganaderas o en el cuidado de personas mayores dependientes. En cualquier caso, la existencia de esta pulsión es evidente en muchos individuos hoy, lo cual debe conducirnos a la consideración de los motivos que la articulan, que no son sino la esperanza de hallar en eso que llamamos naturaleza aquello que nuestro actual modo de vida nos niega.

Badal hace frente a buena parte de las problemáticas del campo, pero no tanto para incidir en las consecuencias (despoblación, desagrarización y tecnificación, desempleo, contaminación y agotamiento de los suelos, resistencia de plagas o turistificación y artificialización del medio) –que también–, sino sobre todo para señalar las causas, sus raíces, que son estructurales (globales) y cuyos hitos históricos nacionales se encuentran antes y durante el franquismo. Es en este sentido reseñable el doble filo de la repentina preocupación política, mediática y social por la despoblación sobre el que nos insta a reflexionar el autor (¿tal vez sea el miedo a la pérdida de privilegios?); es decir, cómo esta inquietud ante la demostanasia, al atraer todos los focos de atención, opaca otros retos que asimismo debería encarnar el medio rural actual.

En fin: ¿qué hacer? Alejado del catastrofismo paralizante y/o de tentativas naíf desaceleracionistas, Badal es directo a este respecto: el margen de maniobra es escaso, dada la evidencia de la crisis ecosocial, el rechazo que causan propuestas que se limiten al uso de herramientas manuales o máquinas propulsadas con fuentes renovables, y esa suerte de fe en las promesas de la salvación tecnológica. Sin embargo, tal vez podamos empezar sacando a luz el referente más próximo que tenemos de “una forma de organización social basada en una relación (necesariamente) respetuosa con el entorno” y que es el universo campesino, cuyo rescate y reinterpretación puede señalarnos salidas en forma de gestos con el mundo, de trato cotidiano con la tierra.