Leer a Mendoza, leer “Tres enigmas para la organización”

por Feb 28, 2024

Leer a Mendoza, leer “Tres enigmas para la organización”

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Eduardo Mendoza: Tres enigmas para la organización

Seix Barral, Barcelona

408 páginas, 21,90 euros

“-Hay mucha gente mala en la tierra. Me refiero en la tierra por oposición al mar. Allí es distinto. Viene Moby Dick y ya sabes a qué atenerte.” (p. 237)

 

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) nos regala con su último título, Tres enigmas para la Organización (2024), una buena muestra de su esencia detectivesca, satírica, existencial y disparatada. Las escenas con las que recorre su eterna Barcelona dibujan con una mirada desenfadada, aunque no carente de crítica, una urbe de ambientes y personajes marcados por el devenir de los tiempos contemporáneos. En un presente tangible –la trama se sitúa en el año 2022– se erige una isla, un interregno: la Organización, un olvidado cuerpo de espionaje creado en el franquismo que ha sobrevivido como un reducto de burocracia y acciones ilógicas que no interfieren en las funciones de las demás fuerzas de seguridad del Estado. Encabezado por ‘el jefe’, este organismo secreto cuenta con un fresco de profesionales heterogéneo, entre los que se incluye un tierno padre exconvicto, una camaleónica y fantasiosa secretaria o un envejecido agente que, para combatir el deterioro cognitivo, recita pasajes de un viejo manual de tácticas militares en francés arcaico. Hasta nueve serán los detectives, espías e inocentes marginados que, bajo el auspicio de una voz narrativa omnisciente, se enfrenten –con un modus operandi que como mínimo resulta anacrónico– a tres misteriosas incógnitas que serán investigadas por si tuviesen relación: la aparición de un cadáver en El Indio Bravo (un hospedaje de mala muerte situado en las Ramblas), la volatilización de un rico británico dejando abandonado su yate y a su tripulación en el puerto y la inmutabilidad de precios de los productos de Conservas Fernández.

Como en ocasiones anteriores, basta pensar en la serie de novelas iniciadas con El misterio de la cripta embrujada (1978), Mendoza hace uso de un lenguaje paródico y picaresco que produce un continuo extrañamiento con respecto al género policiaco en el que se enmarcaría Tres enigmas de la Organización. Las apreturas económicas, la alegalidad (si no directamente la ilegalidad) y las reflexiones sobre el sentido de sus vidas construyen, a la vez que caricaturizan, a unos seres literarios que cumplen con un muy personal sentido del deber. Su doble identidad, puesto que deberían ocultar las funciones con que ocupan su parcela laboral, se entrecruzan sin remedio con sus familias, sus aspiraciones humanas y sueños. En una órbita que podríamos emparentar con las misiones de la T.I.A. para la que trabajan los Mortadelo y Filemón del desaparecido Francisco Ibáñez, la presente aventura incluye dosis de misterio, humor, violencia, cotidianeidad, denuncia social y peripecias que se conducen con un estilo ligero y que da lugar a reflexiones cuya hondura, como pasa cuando nos acercamos a Lázaro de Tormes, podemos elegir. A través de la superación de soledades y discriminaciones de distinto signo, Mendoza compone a unos antihéroes que habitan en el contraste entre una característica lengua culta –de registro a veces elevado y cervantino– y un grotesco submundo rayano con el hampa. Además, no se puede pasar por alto la habilidad con que da nombre y alias a los individuos que pasan por este relato. De esta forma, la Boni, Buscabrega, Monososo o la señora Grassiela aumentan el original índice onomástico con el que el autor ha dotado de personalidad a un incontable número de hombres y mujeres (y hasta extraterrestres) que ha poblado sus páginas y rubricado su ingenio.

A la vez que identificamos un conjunto de ingredientes que no son nuevos en su obra, también reconocemos a un autor que disfruta de su oficio. Nos transmite con alegre resolución una historia escrita con total libertad para él mismo y para todos los que gustamos de encontrarnos una vez más con quien decía haber cumplido con su ciclo autorial. Había anunciado, tras la culminación en 2021 de la trilogía Las tres leyes del Movimiento, una jubilación anticipada, pero, por suerte para quienes nos confesamos sus admiradores, a sus ochenta y un años de edad no ha parado de escribir. Y así, todavía podemos recibir un texto que consigue algo que siempre es y será esencial: una sonrisa, una carcajada ante lo inesperado y lo absurdo con que, por un momento, desconectar de las preocupaciones y los miedos, los Moby Dick que nos rodean.