Una apuesta arriesgada. “Seis formas de morir en Texas”, Marina Perezagua

por | Nov 14, 2019

Una apuesta arriesgada. “Seis formas de morir en Texas”, Marina Perezagua

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Marina PerezaguaSeis formas de morir en Texas 

Barcelona, Anagrama 

248 páginas, 18,90 euros 

Los testimonios de personas que han vivido circunstancias especiales, tan alejados de nuestra rutina y zona de confort por lo general— suelen ser bastante aclamados por el público. Sobre todo cuando estas experiencias que se cuentan son cercanas a la muerte, porque parece que lo que más nos sorprende es aquello que sabemos seguro que algún día nos llegará a todos. Por eso, en cuanto se conoce que Marina Perezagua (Sevilla, 1978) se adentra en la mente de una rea condenada a muerte en Estados Unidos en su última novela, Seis formas de morir en Texas, es normal que un deseo por conocer ese testimonio se apodere de cualquiera.

Tras una pésima introducción que parece que la autora ha redactado deprisa y corriendo en el último momento quizás buscando nuevas conexiones entre el final de la novela y el comienzo de la misma, ese deseo es probable que comience a borrarse a medida que se avanza en la lectura. De repente, se introduce un cambio de estilo que parece que crea una novela nueva, ya que se presentan con una gran belleza los pensamientos de Robyn, una condenada a muerte que logrará recuperar la vista perdida desde que tenía siete años a tan solo unos meses de ser ejecutada. En este punto, el lector tendrá la sensación de haber abierto un libro distinto, mucho más interesante y pleno. Pero, de nuevo, caerá en ese vaivén que tanto caracteriza a Seis formas de morir en Texas. A pesar de la belleza de las cartas, Perezagua no logra recrear con realismo estos pasajes. El lector continuará con una sensación de artificiosidad que será muy difícil que abandone en su lectura.  Al narrador solo le interesan los elementos que sorprendan al lector y se olvida de otros que aunque no sean tan llamativos como todas las irregularidades que se producen en el corredor de la muerte podrían otorgarle un mayor realismo a la obra y, por lo tanto, lograr que el lector se adentre por completo en la misma. Quizás Perezagua haya olvidado que este último detalle es el que puede diferenciar a una novela literaria de otra que no lo sea, ya que la gracia de este género consiste en crear una nueva realidad de la que el lector se sienta parte.

Intercalados con estas cartas, se introducen de vez en cuando fragmentos desgarradores de una narración en prosa rápida que alterna acontecimientos con cierta similitud que ocurren a miles de kilómetros de distancia. Si por algo hay que felicitar a esta joven novelista es por haber compuesto algunas de las cartas y esos tremendos pasajes que, sin duda, podrían formar parte de una novela mucho más completa e impactante.

Se trata de una apuesta arriesgada que Perezagua que no ha sabido ganar. A lo largo del libro, el estilo empleado va cambiando, viajando desde la narración hasta casi el ensayo o la investigación, pasando por el informe periodístico, la denuncia, el manual de instrucciones médicas, unos cuantos mensajes oníricos, líricos, escatológicos y hasta con una pizca de género policial. El problema de haber adoptado todos estos puntos de vista es que no logra hacerse con ninguno de ellos. La parte literaria no termina de atrapar al lector, que echa de menos esos detalles realistas que lo incluyan en la historia. La parte ensayística o de investigación tampoco aporta ninguna opinión o dato nuevo frente a lo que popularmente ya se conoce. Parece que Seis formas de morir en Texas es una especie de intento de novela agenérica. Si esa era la voluntad inicial de Perezagua, no parece haberlo logrado con éxito.

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