Cuentos desde la conciencia. “Checkpoint”, de Elsa Drucaroff

por | Dic 16, 2019

Cuentos desde la conciencia. “Checkpoint”, de Elsa Drucaroff

por

Elsa Drucaroff, Checkpoint

Madrid, Páginas de Espuma

176 páginas, 16,90 euros

En Checkpoint, Elsa Drucaroff (1957, Buenos Aires) toma los prejuiciosos límites de la cuentística y rompe sus cadenas. La extensión reducida no parece un inconveniente, sino una virtud a aprovechar a la hora de dar vida a sus personajes. A partir del torrente de conciencia, profundiza en sus personalidades y experiencias, llegando el lector a ser testigo del pensamiento de cada uno de ellos, de sus temporalidades: el presente inmediato es asaltado por los recuerdos que, inevitablemente, influyen en su actuación. Es entonces la experiencia pasada condicionante de cada acto presente. A veces es necesario detenerse en un punto de control —de ahí el título de la recopilación— para, con una mirada crítica, volver la mirada hacia el pasado. No es la nostalgia la que se apodera de la esencia de cada uno de los cuentos. No es una época a la que se quiera volver; no es un anhelo por revivir. Más bien es un deseo por volver a esos lugares, esas vivencias, y revisitarlas como fuente de aprendizaje, en busca de pautas para que el día de mañana no nos pille desprevenidos.

La prosa de Drucaroff fluye libremente y, en apariencia, sin un rumbo fijo. Con su lectura, los cuentos cobran forma con una naturalidad y, a su vez, una complejidad que exigen al lector que se detenga. Hay que dejarse llevar por el pensamiento, por la empatía hacia cada personaje para no perderse en un estilo que huye de lo comercial. En “Anteúltima cita”, intercala el monólogo interior de ambos integrantes de una pareja de separados, aunque el lenguaje diferenciado de cada uno impide que perdamos el hilo de la trama. Lo mismo ocurre en el último cuento, “Pájaros contra el vidrio”, pero, en este caso, el discurso de cada personaje —partícipes esta vez de un devaneo veraniego— se divide en breves capítulos internos, conformando un cuento largo. En ambos relatos, los protagonistas son incapaces de ver más allá de su propia persona, de sus intereses y de las injusticias que creen haber sufrido, mientras que lo realmente importante, la subtrama, escapa de su percepción.

La sexualidad femenina es una ola temática constante a lo largo de todo el volumen. Esta reivindica su connaturalidad desde las edades más tempranas como en “Lili en su bosque”, que desde el desconocimiento encuentra en su sexualidad un refugio de diversión, de un placer que son todavía cosquillas onanísticas. Incluso en la niñez aparece la sociedad como opresora, llegando Lili a intuir que eso que ha descubierto que le hace sentir feliz y relajada es algo prohibido y que debe esconder. Diferente es el enfoque de la adolescencia, en  “Fiesta en el praivat” la protagonista siente la presión de su alrededor. Es la sociedad la que le obliga a sentir un deseo que todavía no le nace, a lamentarse con un “Ni siquiera me besaron…”, como si cada uno fuese esclavo de sus tiempos. Ligada a la sexualidad, la opresión del cuerpo también está presente en cada relato. Las horas de gimnasio, la gordofobia, la búsqueda obsesiva de los “defectos físicos” ya sea en el propio cuerpo o en uno ajeno. Critica al canon al mostrar las consecuencias de su profunda incorporación: las inseguridades presentes, el rechazo a la genética familiar, las comparaciones entre individuos. Los pensamientos prejuiciosos están arraigados en lo más hondo de nuestras mentes y su derrota solo puede nacer del conjunto social, y no del de unos pocos individuos aislados.

            Al revisitar el pasado, Drucaroff no solo atiende a las costumbres y observa sus contrastes con el presente, sino que deja constancia de los hechos políticos y sociales de la Argentina de fin de siglo. En cuentos como “Reunión con todos” o “El peligro de acudir a la cita”, los sucesos históricos son palpables y se someten a juicios críticos, a favor del activismo político. El gobierno del terror, la condena a la represión y la incertidumbre de los desaparecidos son casos traumáticos que han marcado de forma indirecta a toda una generación de escritores argentinos a partir de Drucaroff, desde Mariana Enríquez o Andrés Neuman hasta Samanta Schweblin. Después de cuatro novelas, la autora de Checkpoint se aproxima a los parámetros del cuento con éxito y gran desenvoltura. Eso le permite dar a conocer el mundo interior de cada uno de sus personajes, invitando al lector a adoptar esa mirada crítica hacia el pasado, evitando la confusión de las nostalgias.

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