Sinergias de toda una vida. “Casas y tumbas”, de Bernardo Atxaga

por May 19, 2020

Sinergias de toda una vida. “Casas y tumbas”, de Bernardo Atxaga

por

Bernardo Atxaga, Casas y tumbas

Barcelona, Alfaguara

424 páginas, 19,85 euros

Infinitud de novelas, poemarios, ensayos, literatura infantil, relatos juveniles y teatro podrían ser los géneros literarios con los que se llegaría al intento de designar la vasta y prolífica obra del escritor vasco conocido con el pseudónimo de Bernardo Atxaga (Asteasu, 1951). No obstante, aunque etiquetar sus creaciones de este modo son formas de hablar –pues se estaría simplificando en unas pocas palabras una producción literaria repleta de universos ficcionales tan ricos en matices y vidas–, en este trayecto existencial en el que nos encontramos inmersos como seres humanos es inherente la reducción a meros temas, a expresiones, la realidad que nos rodea, y más concretamente, la literatura y sus obras. Así lo afirma Atxaga en el epílogo de su última novela, –tanto en el sentido de novedad como de cierre de etapa–, Casas y tumbas. Tal y como aclara el autor en una entrevista reciente, esta postrema novela constituye el final de aquella producción literaria suya inserta en los moldes formales y la lógica esperada de los géneros literarios, pero no de la escritura en su formato más libre, redimido: en su esencia.

Casas y tumbas es una creación que encierra toda la trayectoria de una vida, la del autor –que parte de sus experiencias personales y que queda en el envés–, pero sobre todo la de unos personajes a los que se les consagra de forma veraz, eterna y, si cabe, definitiva. Precisamente, esta pieza narrativa de los personajes constituye el eje vertebrador más explícito y estructural que conecta los seis capítulos de los que se compone la novela que, por cierto, culmina con un epílogo en forma de alfabeto muy esclarecedor en cuanto al proceso de creación narrativa se refiere y la reflexión acerca de la literatura.

En estas seis secciones el lector presencia un avance temporal discontinuo, desde 1970 hasta 2017. En cada una de ellas nos encontramos con voces y perspectivas muy distintas, mediadas por el paso del tiempo y por el devenir de las experiencias acaecidas sobre cada sujeto. Muchas veces se presentan con poca fiabilidad, pero la tarea de despejar las tensiones e incógnitas en los momentos más oportunos e inesperados reside en un narrador omnisciente materializado en tercera persona. Además, no todas estas secciones están cerradas, sino que son rebanadas de vida de esos personajes, focalizados en aquellos momentos fundamentales para conocer su historia y evolución.

La novela comienza en Ugarte y en la primera parte se presentan los personajes principales que después irán apareciendo sin previo aviso. En este punto se encuentran todos ellos congregados y arropados en ese espacio rural común, pero después sus circunstancias los diseminarán hacia lugares dispares: eternos o mundanos. Y en estas historias se presencian cambios fraguados por los momentos socio-históricos en los que se encuadran. Se juega en un terreno híbrido entre un mundo rural y sosegado, frente a otro complejo, vacío y comercial, alejado de lo aldeano y, posiblemente, con una gran casuística de prejuicios sobre estas realidades debido al desconocimiento. Este último mundo lo podemos encontrar en el penúltimo capítulo con el programa televisivo en el que se encuentra Daisy –proveniente de Texas– para perder peso, cuya aparición además se repite sutilmente en los capítulos sobre el plano de los televisores de dos hermanos gemelos, en 2012 y en 2017.

Asimismo, encontramos en algunos pasajes atisbos de verdadero onirismo y fantasía, como cuando cierto personaje entra de lleno con su sueño en la película de El bueno, el feo y el malo y recorre su universo hasta el cementerio. Algunos otros aspectos que se desarrollan son las vertientes de la amistad, base de las relaciones sociales –consanguíneas o no– que logra ser traicionera, que esconde un sabotaje, duradera o, incluso, curativa; la fragilidad de la vida, que en cualquier momento puede quebrarse de improviso o estar al borde de su destrucción, o la recurrencia e importancia de los animales, como el jabalí, que representa lo instintivo y lo remoto de la existencia.

En todo esto, los formatos narrativos por los que llega la información son imprevistos, apropiados para llegar a su finalidad. Atxaga sorprende, atrapa y convence al lector con sus historias que, a priori, pueden parecer desunidas e inconexas, pero que guardan un tejido bien hilado y cuidado. Ofrece una lectura fluida con atisbos poéticos que jamás abandonan su trayectoria; remueve nuestro interior y propone, como él mismo expresa, una “vuelta por fuera”, pero otra que no nos deja indiferentes, sino que nos obliga a dar una vuelta por dentro de nosotros mismos.

¿Te ha gustado el artículo? Puedes ayudarnos a hacer crecer la revista compartiéndolo en redes sociales.

También puedes suscribirte para que te avisemos de los nuevos artículos publicados.