Sociedades modernas. “Mudar de piel”, de Marcos Giralt Torrente

por | Ene 29, 2019

Sociedades modernas. “Mudar de piel”, de Marcos Giralt Torrente

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Marcos Giralt Torrente, Mudar de piel 

Barcelona, Anagrama  

240 páginas, 17,90 euros 

Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) es un escritor que destaca, especialmente, por sus creaciones en el ámbito de los relatos. De hecho, se inició con Entiéndeme (1995), punto crítico desde el que se fueron sucediendo otra serie de volúmenes de cuentos como Nada sucede solo (1999), Cuentos vagos (2010), El final del amor (2011), pero han pasado siete años hasta  su siguiente libro, Mudar de piel. De igual manera, en la novelística también sabe cómo abrirse paso con obras como París (1999) —galardonada con el Premio Herralde de Novela—, Los seres felices (2005) y Tiempo de vida (2010) —Premio Nacional de Narrativa—. Asimismo, cabe destacar su labor ejercida como crítico literario en el periódico El País, desde 1995 hasta 2010.  

Mudar del piel —cuyo título proviene de uno de los relatos del mismo título incluido en el compendio— está compuesto por nueve relatos —cifra decidida por analogía de Nueve cuentos de J. D. Salinger— de extensión variable, aunque dos de ellos, “Sombras que reverberan” y “Baker y margaritas” son los más extensos y los que, según explica el propio autor en su nota final, han encontrado su primer nacimiento en esta publicación; los demás ya se habían forjado con anterioridad en otros propósitos, pero renacen de manera que todas las historias de los cuentos forman una especie de materia narrativa común, es decir,  a pesar de que cada cuento presente sus peculiaridades, todos ellos trascienden a una configuración de pensamiento y a una concepción y construcción de un paradigma peculiar y coincidente: el desarrollo narrativo centrado en el ámbito familiar, la pérdida o muerte de uno de los miembros principales de la familia, el adulterio, el truncamiento de una situación de aparente normalidad con la puesta en marcha de un elemento ajeno o extraño al núcleo inicial y nuclear, así como la presencia de la escritura encarnada en alguno de los personajes o manifiesta en reflexiones del narrador. 

En todas estas ficciones se presenta una introspección psicológica profunda, insertada en una dimensión temporal del momento en el que sucede la acción, pero que será proyectada hacia un pasado o corroborada en un futuro que se expondrá con posterioridad, que dará cuenta de los cambios que se han producido. De la misma manera, el espacio es un eje narrativo que cobra un sentido determinante en los relatos y se sincroniza con el devenir temporal y las fisuras tan comunes que presiden las relaciones complicadas en las vidas puestas en juego. Estos espacios cerrados son un reflejo perfecto y armónico de las relaciones íntimas que se encierran en el seno de las familias presentadas y estos paradigmas son una buena explicación del funcionamiento intrínseco de la obra. Así, por ejemplo, en la primera de las historias el espacio que se presentaba como infranqueable comienza a resquebrajarse con la llegada a la fortaleza de una nueva novia del padre de los niños y todo muda de piel inevitablemente, o en la última narración, en la que unos padres convienen en ocultarse en una pequeña caseta situada junto a la casa de su hija para intentar desaparecer, de forma lindante a lo psicótico, de la vida de la misma y paliar ese sentimiento de pudor del que se veían afectados desde hace ya tiempo, esto es, con el ensimismamiento en ese pequeño espacio se consiguen desplegar rincones insospechados de la interioridad. 

En definitiva, las narraciones de Giralt Torrente se estructuran a través de un narrador poco fiable, con el que llegamos a conocer, desde una óptica de la esencialidad, que lo que se explicita remite, de forma clara, a un tipo de organización social moderna a la que Ferdinand Tönnies denominó Gesellschaft en la que todo es relativo, no hay un único criterio para conocer la verdad y resolver los problemas, con lo que se problematiza la realidad y surgen conflictos en la interpretación. Con todo ello, no tiene pérdida adentrarse a navegar en la prosa clara del autor para comprender de un mejor modo las situaciones que podemos encontrar en nuestro entorno más inmediato. A fin de cuentas, nos impulsa a vislumbrar un poco más una vida, en la que —si se me permite proyectar una sentencia del propio texto— “las palabras suelen llegar más lejos de lo que el corazón se atreve”.

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