Cuestión de décadas. “La verdad sobre el caso Harry Quebert”

por | Feb 9, 2019

Cuestión de décadas. “La verdad sobre el caso Harry Quebert”

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La verdad sobre el caso Harry Quebert

Dirección: Jean-Jacques Annaud

Reparto: Patrick Dempsey, Ben Schnetzer, Damon Wayans Jr., Kristine Frøseth

Duración: 10 episodios (45 minutos aproximadamente c/u)

El futuro del género policiaco parecía desvanecerse ante su ingente producción literaria y audiovisual: desde los clásicos de Agatha Christie, que ya han vivido un recurrente reciclaje, hasta las películas que amenizan nuestras siestas de domingo. Este género omnipresente nos ha enseñado todas sus cartas, provocando que el hallazgo del asesino sea lo menos importante. Lo que ahora resulta atractivo a esta sociedad del morbo son las historias que se adentran en “lo prohibido”; las que colisionan contra nuestra moral. Cesaron los tiempos de la guillotina (aunque, desgraciadamente, no en todas partes) y, para alimentar nuestro afán morboso, necesitamos de estas creaciones que nos mantienen en nuestra aparente decencia de sofá y manta. Con todo ello, La verdad sobre el caso Harry Quebert, la novela del autor suizo Joël Dicker, logró hacerse un hueco entre la producción detectivesca en 2012. Ahora, la trama que enganchó a los lectores puede ser revivida a través de la pequeña pantalla gracias a la adaptación del director Jean-Jacques Annaud, conocido por dirigir El nombre de la rosa.

El verano de 1975, las vidas de Harry Quebert y Nola Kellergan se cruzaron, y juntos erigieron a escondidas un amor que encuentra como obstáculo social la gran diferencia de edad: él es un novelista treintañero, mientras que ella tiene quince años. Su relación se interrumpe tras la misteriosa desaparición de la joven; un caso sin resolver, hasta que, treinta y tres años después, su cuerpo aparece enterrado en el jardín de Harry, cobijando una copia de la novela que llevó a este a la fama. Este descubrimiento posiciona al célebre novelista como el principal sospechoso, pero su amigo y antiguo alumno, Marcus, convencido de su inocencia, tratará de sustituir las incógnitas por verdades. Su búsqueda incita a que la trama combine tres tiempos: aquel verano del 75 que nos deja conocer los sucesos de forma detallada; pasajes de la vida universitaria de Marcus acompañados de las lecciones vitales que le aporta Harry; y, en el presente, la evolución del caso. Así avanza la ficción programada por Joël Dicker cuyo traslado a la serie es de máxima fidelidad, tanto que se podría ir leyendo de forma paralela a su visionado y se encontrarían pocas diferencias. Entre ellas, la edad de los personajes: Patrick Dempsey en el papel de Harry aparenta más de treinta y cuatro años; al contrario, Nola está más aniñada, recurso útil si lo que se pretende es recalcar la amplitud temporal entre ellos. Sin embargo, tanta fidelidad le ha restado realismo a la narración, pues la novela se sustenta sobre unos estereotipos muy marcados y cuenta con escenas que se podrían haber adaptado de forma más natural. Esto se aprecia, sobre todo, en los diálogos amorosos entre los protagonistas, que tienden a ser ilusorios y superficiales. Lo mismo ocurre con su relación, un “vínculo prohibido” que el autor parece justificar al mostrar su cara más pura e irreal, enterrando cualquier vestigio de pasión. Como resultado, el público llega a olvidarse de su amor y vislumbra a la pareja como si tan solo fuesen padre e hija.

Los capítulos avanzan con un ritmo pausado, pero te mantienen enganchado con la evolución de la trama, sus giros argumentales y saltos temporales. Su fotografía adquiere un estilo muy cinematográfico que deriva de los antecedentes de su director. En cuanto a la banda sonora, incluye una pieza clave que se va repitiendo en los momentos de intriga y encaja a la perfección con el paisaje, aunque, por lo demás, no se le da demasiada importancia. Además, en el transcurso de la serie, muchos de los estereotipos sobre los que se apoya se resquebrajan de forma sorprendente: lo aparente deja de serlo y lo decente no es más que una común máscara. Esta ruptura favorece las críticas a distintos sectores de la sociedad de una forma sutil pero efectiva, que nos guía a un final quizás un tanto desaprovechado en lo visual, y precipitado en lo narrativo. Aun así, es una ficción que se visiona en poco tiempo y puede ser disfrutada tanto por el que busca una serie amena, como por el lector que espera ver en pantalla al Harry Quebert literario.

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