Jazz para nuevos principios. “Paris, Lisboa”, de Salvador Sobral

por | May 14, 2019

Jazz para nuevos principios. “Paris, Lisboa”, de Salvador Sobral

por

Paris, Lisboa

Artista: Salvador Sobral

Discográfica: Warner Music Spain

Duración: 43 minutos (12 canciones)

De forma gradual, unos violines ascendieron los peldaños de una octava completa, para anteceder la melodía del resto de cuerdas. La cadencia clásica del inicio de Amar pelos dois fue seguida por el acompañamiento, también escalonado, de un piano; y por la línea de lo que parecía una tímida voz, la voz de Salvador Sobral (Lisboa, 1989). El foco de Europa (y de otras partes del globo terráqueo) aplicaba una luz cenital hacia el candidato portugués. Este se desenvolvía frente al público con unos movimientos etéreos de manos. Era algo impensable que un joven con una canción tan lenta, sentimental y sin rastro alguno de sintetizadores “festivaleros” triunfase en Eurovisión —concurso que no se ha ganado la fama, precisamente, por su preferencia por la calidad musical—. Contra todo, el portugués logró subirse al podio eurovisivo ese 2017.

Los meses que siguieron a su victoria no fueron fáciles para Sobral: la espera por un trasplante de corazón y el largo periodo de convalecencia. Para entonces, el público (eurovisivo y no eurovisivo) ya se había sumergido en su onda musical, que giraba en torno al jazz, algo palpable en su primer disco, Excuse me (2016). De vuelta, ahora saca a la luz su nuevo trabajo: Paris, Lisboa (2019). Este disco sirve como homenaje al clásico cinematográfico de Wim Wenders, Paris, Texas (1984); y simboliza el camino, sin principio ni final, entre esas dos ciudades que, según afirma el cantante, tanta importancia “física y espiritual” han tenido en el proceso de creación.

Adiós a los delicados violines que iniciaban su primer éxito. Se hace evidente que ha dejado atrás al joven concursante: la evolución se nota desde el primer compás. 180, 181 (catarse) comienza con tan solo un ritmo constante y grave de percusión, y con una voz que acabará abandonando su suavidad para quebrarse en la parte final. Como declara el título, es una catarsis del músico para despedir su pasado. Un nuevo comienzo da lugar a Presságio, que toma el poema de Fernando Pessoa y le aporta una base de jazz, con el sonido característico de Sobral que ya resonaba en su anterior disco: siempre acompañado por el piano, el contrabajo y la batería, aunque esta vez con un carácter más maduro y abierto a la experimentación.

Su sonido no se reduce a la banda, hay momentos en que se atreve a incluir nuevos timbres como el clarinete (Cerca del mar), palmas que recuerdan al flamenco (Paris, Tokio II), el rajão —instrumento de cinco cuerdas tradicional de Madeira— en Anda estragar-me os planos,  y  la guitarra clásica en el caso de Prometo não prometer, canción compuesta por su hermana, Luisa Sobral, y cantada por ambos. Aunque también vuelve a las agrupaciones de cuerdas. Es en Grandes ilusiones donde parece entablar una conversación con los violines: estos responden al cantante o le invitan a un juego de imitaciones mutuas. Salvador no deja de probar nuevos sonidos, jugar con el instrumento que lleva dentro. Esa experimentación vocal e intuición musical que demuestra en los escenarios —donde se llegan a montar verdaderas jam sessions— también se ve reflejada en canciones como Cerca del mar, Benjamin, Playing with the wind y Anda estragar-me os planos. Sobral pretende trasladar al disco la esencia del directo, la complicidad entre los músicos y la improvisación (como en Ela disse-me assim o Paris, Tokio II).

El artista portugués demuestra su preferencia por la diversidad de géneros, pues acoge desde las sambas y bossa novas brasileras, como la composición de Lucipínio Rodrigues (Ela disse-me assim); hasta el sonido francés del vals La Souffleusse. Asimismo, como amante de los idiomas, Salvador tiene el gusto de cantar en diferentes lenguas, pero, a diferencia del anterior álbum, esta vez predominan las composiciones en la lengua lusa. Esto propicia la participación de otras voces portuguesas: de la ya mencionada Luisa Sobral y, para realizar una interpretación más intimista de Mano a mano single estrenado el pasado año de forma individual—, de Antonio Zambujo. En su totalidad, Sobral ha logrado un equilibrio entre las canciones más sentimentales y las más viscerales o rítmicas. El disco se siente como un llamamiento al disfrute de la vida. Desde ese despertar (o renacer) del primer tema, trata en su mayoría temas amorosos (la búsqueda, la traición…) para llegar a la última canción, Anda estragar-me os planos (ven a arruinarme los planes), que se concibe como una lucha contra la rutina en favor del deleite los cambios y del día a día.

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