Ayer te amé, hoy solo te quiero, “Historia de un matrimonio”, Noah Baumbach

por | Feb 26, 2020

Ayer te amé, hoy solo te quiero, “Historia de un matrimonio”, Noah Baumbach

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Historia de un matrimonio

Director: Noah Baumbach

Reparto: Adam Driver y Scarlett Johansson

Duración: 2h 17min

Toda historia de amor acaba al igual que empieza, con la relación entre dos personas que son incapaces de explicar lo que sienten una por la otra. Aunque el título diga lo contrario, esta película cuenta la historia de un divorcio entre Nicole y Charlie, quienes, además de su trabajo, tienen un hijo en común, Henry. Charlie es director de un modesto teatro en Nueva York que alcanzó la fama gracias a su última obra, cuya actriz protagonista es Nicole. La relación profesional evolucionó a una más íntima hasta formar una pareja y tener un hijo. Pero la felicidad se forma de pequeños momentos que se suceden a lo largo de la vida y, aunque este fragmento en concreto fue algo más extenso, todo lo que empieza, acaba. Una vez deciden disolver su matrimonio, el único punto a resolver es su hijo, siendo Henry el núcleo de todo lo que sus padres serán capaces de hacer con el objetivo de obtener su custodia. Acciones tales como la farsa, la traición, los golpes bajos y un juego psicológico-emocional del que ninguno obtendrá provecho.

Esta obra cinematográfica fue dirigida por Noah Baumbach y llevada al público mediante la plataforma de entretenimiento audiovisual conocida como Netflix, marcando un antes y un después en su historia. Es verdad que no es la primera vez que un trabajo de Netflix llega a la entrega de las estatuillas, ya que Mudbound lo hizo en su momento en 2018 (sin contar los documentales, ya que en tal caso tendríamos que retroceder hasta 2014 con The Square). Pero sí ha significado una revelación por su gran número de nominaciones, de las cuales solo la actriz Laura Dern consiguió un premio Oscar a la mejor actriz de reparto. Sin embargo, esta película ha ganado otros grandes premios como el Gotham, los BAFTA o los Globos de oro. Todo ello puede evidenciar el advenimiento de una nueva era cinematográfica, donde no solo las producciones de multinacionales con grandes dimensiones económicas serán capaces de optar a lo sublime, sino que toda aquella forma que pueda mostrar un buen trabajo será recompensada con un reconocimiento social y crítico merecido.

El motivo principal del divorcio es el propio teatro donde la pareja trabaja, refiriéndonos tanto a rasgos psicológicos como físicos. En cuanto al ámbito psicológico, el problema germina desde los dos extremos, siendo el lado de Charlie más radical. Cada uno de ellos quiere algo opuesto al otro. Nicole no aguanta más estar bajo el orden de su marido, ya que considera que toda su carrera profesional (desde que forma parte de su equipo teatral) se ha visto limitada y sojuzgada a los deseos artísticos de él, hasta el punto de no poseer una voluntad propia y verse fuera de sí, incapaz de poder elegir sus propias decisiones. Por otro lado, el mayor pecado de Charlie es no ser capaz de entender el deseo de libre albedrio de su mujer, mostrándose como un ser insensible con respecto a la situación depresiva en la que ella se encuentra. Para él, es más importante su teatro, por lo que desvirtúa la situación de su entorno familiar y actúa como si nada grave estuviese pasando, logrando engañarse a sí mismo. Refiriéndonos al ámbito físico, solo hay un punto de fuga: la infidelidad de Charlie con una compañera del teatro.

Una vez que hemos comentado el germen del mal, ahora toca hablar sobre la cura, que en este caso queda personificada en Henry. Sin embargo, esta moneda tiene dos caras:  el amor por el niño es el último nexo que une a ambas partes, pero, al mismo tiempo, es el instrumento que usan para hacerse daño el uno al otro. Conforme se va sucediendo la acción, Henry desarrolla una preferencia hacia su madre, por motivos como un nuevo lugar para vivir, mayor libertad ociosa y poder compartir más tiempo con la familia de Nicole (la única que tiene, pues Charlie se ha desligado de la suya). Este miedo de Charlie por perder a su hijo se une al ya creciente sentimiento de Nicole por acabar con esa relación, desembocando en una verdadera guerra burocrática y judicial donde todo vale y ningún descuido es perdonado.

A pesar de todo lo escrito, y aunque suene contraproducente, de principio a fin de la película queda latente que Charlie y Nicole se quieren. Se dan muchos ejemplos de esta complicidad y este cariño, como que Charlie no sepa qué pedir para comer y Nicole decida un plato de la carta por él; que ella le siga cortando el pelo tal y como hacían antes en su hogar; o que Charlie vaya a la nueva casa de Nicole la noche en la que su puerta de garaje se avería y no puede cerrarla. Todos esto son pequeñas muestras de que aún queda un suspiro de su pasado, aquel pasado donde realmente eran felices, un pasado añorado.

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