El drama de “Daniela Astor y la caja negra”

por Nov 22, 2023

El drama de “Daniela Astor y la caja negra”

por

Idea original: Marta Sanz

Adaptación: Mónica Miranda

Dirección: Raquel Alarcón

Reparto: Helena Lanza, Laura Santos, Miriam Montilla

Diseño de iluminación: David Picazo y Pilar Valdelvira

Diseño de escenografía y vestuario: Paola de Diego

Creación y realización audiovisual: Lucía Valverde

Ayudante de dirección: Carlos Pulpón

Coordinación técnica: Béla Nagy

Los pasados días 29 y 30 de septiembre la adaptación al teatro de la novela Daniela Astor y la caja negra de Marta Sanz (Madrid, 1967) regresó a escena en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares. Una atractiva propuesta estrenada el pasado mes de marzo en el Teatro Fernán Gómez de Madrid y que, desgraciadamente, no ha sido representada en muchos más espacios. Esto último lo escribo con verdadero pesar porque la adaptación de Mónica Miranda es impecable y más personas (incluso yo misma de nuevo) deberían disfrutar en vivo de este espectáculo que ha sido posible gracias a 2ProduccionesTeatrales.

Los lectores y las lectoras de Marta Sanz conocen la complejidad de sus novelas. El realismo deslenguado de esta escritora se articula en torno a una inteligente y cuidada prosa que, en el caso de Daniela Astor y la caja negra, se apuntala alternando los recuerdos de infancia de una mujer adulta, Catalina H. Griñán, con los guiones que ella misma redacta para una serie de documentales. En ellos, analiza el canon femenino de la cultura española de masas de los años 70 con el fin de desvelar o, más bien, destapar el machismo sobre el que se construyó una supuesta imagen transgresora de la mujer que, en el fondo, era profundamente reaccionaria. La genialidad de la adaptación de Miranda permite a cualquiera que no haya leído esta novela seguir la trama sin dificultades porque ha sabido aunar ingeniosamente a todos los personajes que acompañaron a Catalina en su infancia, lo cual incluye tanto a su familia y amigas como a aquellas mujeres desconocidas a las que admiraba a través de la pantalla de televisión.

Tan sólo tres actrices pisan el escenario. Miriam Montilla (Villanueva del arzobispo, 1969) encarna a Catalina H. Griñán. Esta, una vez comenzada la actuación, asume el rol de directora de escena y designa los papeles que interpretarán Laura Santos (Madrid, 1988) y Helena Lanza (Alcalá de Henares, 1995): la primera se limitará a representar a la niña que fue Catalina (a la que nos referiremos en adelante como “Cata” para diferenciarla de su versión adulta) y la segunda asumirá la identidad del resto de personajes a excepción de Sonia Griñán, la madre de la protagonista, que interpretará Montilla y de su padre, Alfonso Hernández, cuya presencia es tan sólo evocada. No parece que esta estrategia de representación sea fortuita porque evidencia el modo en el que la transmisión de los hechos o de las ideas depende estrechamente de su narración, una de las cuestiones que Sanz aborda en su novela. Técnicamente lo han conseguido mediante el uso de los apartes de Catalina y sus instrucciones a las compañeras de escena, la inclusión de algunos hilarantes giros interpretativos y la proyección de material audiovisual que reproduce las fantasías –y, finalmente, los terrores– de Cata. La brillante interpretación de las actrices permite que dicha apuesta funcione sin efectos negativos sobre el ritmo de la historia, atrapando al público en la caja negra de “la catástrofe de noviembre de 1978” que evidencia el sufrimiento de las familias afectadas por la aplicación de leyes sexistas en España que impedían el aborto libre de las mujeres penándolas con cárcel y por el extendido discurso que demonizaba la práctica de este derecho.

Catalina H. Griñán se convierte en una suerte de Pandora y abre la caja negra para no convertir la historia de su madre –y de otras mujeres– en un silencio. La consciencia acerca de la necesidad de exponer las desgracias en vez de ocultarlas se aprecia tanto en la novela como en el escenario. No obstante, en este último, la conexión entre Montilla y Santos resulta tan enternecedora que intensifica las emociones descritas por Sanz. Y si a la dicotomía madre-hija le añadimos el apoyo de la amistad encarnado por Lanza –siendo tanto Angélica como Inés– constatamos definitivamente la necesidad de las redes femeninas de apoyo mutuo que defiende tanto el texto original como la adaptación.

El compromiso de la producción con el texto original es incuestionable porque no da al público gamarzas por margaritas. El objetivo principal de esta obra de teatro no radica en facilitar la comprensión de la novela con una narración lineal que entretenga a la par que conmueva al público durante sus 80 minutos de duración. Tampoco busca la catarsis. Más bien pretende visibilizar, por un lado, la necesidad de “hablar de lo que nos cuesta hablar”–aun siendo temas que creíamos superados, como es el caso del aborto– y, por otro, la complejidad de los discursos con los que construimos nuestra realidad. Y esto es, en mi opinión, lo que hace del drama de Daniela Astor y la caja negra una adaptación sobresaliente y sin tachas de la novela de Marta Sanz.