La forma de una idea. “Peluquería y letras”, Juan Pablo Villalobos

por Abr 28, 2022

La forma de una idea. “Peluquería y letras”, Juan Pablo Villalobos

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Juan Pablo Villalobos, Peluquería y letras

Barcelona, Anagrama

101 páginas, 15,10 euros

Un libro se escribe para contar algo, al igual que un cuento se cuenta para enseñar una moraleja, un ensayo se piensa para expresar una idea o creencia, una obra teatral se forma para entretener a un público al que se busca levantar de sus butacas al final de escena y un poema se crea para conmover el interior de cualquier persona con la que se encuentre. Una novela, la entidad literaria que goza de un mayor reconocimiento, se escribe para contar algo. Sin ese algo que contar, el libro pierde su fondo y corre el riesgo tanto de pecar de vacuidad como de suponer un innecesario gasto de materia prima. ¿Qué sentido tiene? Un cuento sin moraleja, un ensayo objetivo, una obra teatral sin final, un poema superfluo, o una novela sin historia; son obras que traicionan su ser artístico. Este es el desafío al que se enfrenta Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973), mexicano ganador del Premio Herralde en 2016 con su último libro: Peluquería y letras.

El protagonista de este libro es su propio autor, quien, desde un principio, se dirige al lector en calidad de escritor, no de persona. Todo nace a raíz de una conversación con uno de sus hijos, al que desvela que esta obra se escribe con el objetivo de encontrar la felicidad porque él no es un autor simplón que escriba literalmente sobre su realidad, sino que es uno de esos que abstraen los elementos y hechos del medio cotidiano para construir una idea metafórica. Aunque esta afirmación resulta algo irónica, puesto que este mismo libro se basa en eso, es decir, en contar los acontecimientos por los que el autor pasa en un día de su vida, los cuales estructuran la presente obra. Sin embargo, esto no es del todo cierto, pues Villalobos plantea un juego literario en el que desdibuja los límites de la realidad y la ficción, convirtiendo la mirada del espectador en un condicionante de su propio juicio acerca de lo que es verdad y de lo que es una mera suposición, una situación hipotética que solo ocurre en los charcos de tinta del escritor sin trascendencia ni fundamento alguno. Todo esto permite que la narrativa del libro ocurra sobre el escritorio del autor, quien moldea el cuerpo literario a su voluntad de forma simultánea a la sucesión de las acciones. Algo que en un inicio se presenta veraz pasa a ser una falacia en un cambio de línea, lo que te hace reflexionar sobre si eres tú quien ha entendido mal los hechos narrados desde un principio o es el autor quien está logrando su propósito. 

Otro rasgo que caracteriza la escritura de esta obra es el derecho a la privacidad de los personajes. El protagonista, como muestra de que no es el típico escritor que se aprovecha de su entorno social más cercano para lidiar con los bloqueos artísticos, decide ocultar información al lector que no le es permitida compartir, sobre todo en sus páginas. Este recurso sería algo anecdótico si se omitiesen partes insustanciales, una simple afrenta a la curiosidad del lector. Pero, por lo contrario, no estamos hablando de datos sin importancia, sino que se censura (en un caso literalmente se ve cómo una serie de líneas están tapadas por un subrayado negro) información crucial que nos permitiría entender partes primordiales de la historia que al final queda inconclusa y cerrada a la vista de cualquier lector insatisfecho.

Entonces, ¿es una historia? Para nada. Es un campo de experimentación que se esconde tras una apariencia de un costumbrismo surrealista familiar. El autor mexicano no ha escrito este libro con un deseo indómito de contar algo, sino que lo que busca es recrearse, demostrar su perspicacia y dominio literario. Nada de lo que acontece dentro de esta cubierta de libro de bolsillo posee una verdadera importancia; todos sus elementos, la peluquería, el ecuatoriano, el dedo cercenado, la colonoscopia, el justificante… todos conforman un entramado de relaciones absurdas con el objetivo de jugar con el lector (que cada uno tome esta anfibología como quiera). Lo realmente importante es el proceso creativo del escritor. Por último, ante cualquiera que llegue al final y se indigne ante semejante panorama, cabe recalcar que tal indignación no tiene justificación, pues la primera oración del escrito  reza así: “Nada en este libro es cierto, salvo lo que sí”.