“El género y la lengua”, de Pedro Álvarez de Miranda

por | Abr 16, 2019

“El género y la lengua”, de Pedro Álvarez de Miranda

por

Pedro Álvarez de Mirada, El género y la lengua

Madrid, Turner

96 páginas, 9,90 euros

Con El género y la lengua (2018), Pedro Álvarez de Miranda presenta un librito interesante, de fácil y amena lectura, sobre un tema tan actual como las palabras que se usan para referirse a las mujeres, a los hombres y a grupos formados o que pueden estar formados por mujeres y por hombres. A lo largo de 91 páginas, el autor se dedica a dos aspectos principales: el uso del masculino genérico o inclusivo y la formación de femeninos.

En este segundo aspecto, se analizan los femeninos de adjetivos y sustantivos con diferente forma. En el caso de los acabados en –o, para los que la Academia defiende en general el femenino en -a, se reflexiona sobre los casos especiales de modelo, miembro o genio, entre otros. Hablando de palabras acabadas en –eo consonante, el autor comenta las distintas opciones que para formar el femenino ha encontrado la lengua, desde el general profesora a la doble posibilidad de la fiscal / la fiscala, la jefe / la jefa o el raro la albañil / la albañila, entre otros. Álvarez de Miranda comenta casos de variantes usadas en la lengua actual, cambios ocurridos en las últimas décadas (miembro ha pasado a poder ser femenino, por ejemplo: la miembro) o apariciones aisladas de formas en determinados momentos o contextos (como criminala) y afirma que es “inaceptable” “‘que alguien diga de “ese jefa del estado” que “suena mal’”, pues, concluye, “eso no son ‘argumentaciones’”.

El segundo gran aspecto al que se dedica el volumen es el uso del masculino como género no marcado, que trae como consecuencia que se pueda emplear el masculino para grupos de elementos con género (gramatical) masculino y femenino. Este uso, como es sabido, es considerado sexista o, al menos, problemático, por un número apreciable de hablantes de la lengua española (y de otras lenguas), entre quienes me incluyo. Aquí, el autor, aunque no huye de una reflexión interesante y mesurada sobre el asunto, no oculta su opinión decidida de que se trata de un rasgo de la lengua que resulta vano intentar modificar; lo que pretende, como dice ya en la primera página del texto, es “ayudar a comprenderlo, aceptarlo y asumirlo”. Incide en varias ocasiones, con diferentes formulaciones, en “la condición inamovible del masculino como género no marcado”, y sentencia que “la filosofía seguirá ocupándose de los problemas del hombre”. Aquí me gustaría apuntar que, aunque la realidad de que el masculino es el género no marcado es, evidentemente, muy potente, esa capacidad del masculino no se da por igual en todos los sustantivos. Se han mostrado las dificultades de padres para funcionar con el significado de padre + madre en castellano medieval; y precisamente para hombre, Eulàlia Lledó señala que aparece como término inclusivo con menor frecuencia en los últimos años (personalmente he comprobado la ausencia de las antiguas formulaciones “el hombre primitivo” y similares en los libros recientes de historia de Primaria).

También se revisan en el volumen diferentes procedimientos para evitar el masculino inclusivo, como el desdoblamiento de los dos géneros gramaticales (es decir, la mención expresa de ambos), que, en opinión del autor “[no] tiene por qué estar vedado ni tiene por qué ser sistemático”, o el uso de ciudadanía, alumnado, etc., que le parece un recurso “hábil e interesante” (aunque señala que no puede cubrir todos los casos), e indica que él mismo lo usa como una de las opciones disponibles. Se incluyen también en la obra apuntes sobre el uso de la palabra géneroo sobre la formulación “violencia de género”, a la que el autor opone violencia doméstica (que rechaza, pues, señala, “no se circunscribe al hogar”) y la que prefiere, “violencia machista”.

Se trata en resumen de un libro interesante, con un tono mesurado, que reflexiona con un enorme conocimiento y numerosos ejemplos sobre un tema de mucho interés y que sin duda podrá enseñar y hacer disfrutar a cuantas lectoras y lectores se acerquen a sus páginas.         

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