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“No volverán tus ojos a mirarme”, de Marta Barrio

Marta Barrio, No volverán tus ojos a mirarme

Barcelona, Tusquets

379 páginas, 20,50 euros

Sólo algunos especialistas conocían a Marta Barrio (New Haven, Estados Unidos, 1986) cuando en 2021 obtuvo el prestigioso Premio Tusquets de Novela. Barrio había publicado su primer texto en un sello pequeño, y su aparición sorprendió al panorama literario hispánico por varias razones. La primera, por su volantazo temático, pues viró desde una novela que acariciaba el género negro (Los gatos salvajes de Kerguelen, Altamarea, 2020) hacia la sacudida emocional de un crudísimo texto sobre el aborto (Leña menuda, Tusquets, 2022). La segunda, por el perfecto equilibrio entre la delicadeza lírica y la evidente formación que exhibe su prosa en ambos libros. La tercera, por un auténtico dominio de la forma, reflejo de su particular formación (Barrio es licenciada en Filología Hispánica y en Estudios de Asia Oriental).

La lectura de No volverán tus ojos a mirarme (Tusquets, 2024) confirma que la exploración formal y genérica podría considerarse la marca estilística de la escritora. Como sucediera con sus textos anteriores, la obra discurre en torno a dos tramas narrativas. Sin embargo, en estas dos historias Barrio se atreve a desdibujar los límites de la ficción. La obra se abre con una voz infantil femenina que parece ya acariciar la adolescencia, lo cual se deduce de su voluntad por comenzar un diario para, entre otras cosas, relatar el verano que ahora comienza, y que no es sino el libro que tenemos en nuestras manos. Este relato está salpicado por las alegres peripecias de unas vacaciones aún inocentes: la llegada de una nueva mascota, las discusiones con los hermanos, la rutina vacacional atravesada por los helados y el disfrute en la playa, el recuerdo de un chico del curso pasado que ha despertado el germen del deseo…

Sin embargo, la niña ha encontrado en un antiguo mueble familiar un atadillo con las cartas de amor que su abuelo mandó durante años a su abuela, y que la protagonista ha decidido transcribir en secreto en el diario durante el periodo estival. Ha decidido hacerlo, además, en orden inverso, desde lo más reciente a lo más lejano, del presente hacia el pasado, “como los arqueólogos, que empiezan por los estratos superficiales y van excavando un agujero más y más profundo, para llegar a los árabes y los romanos y los fenicios y los prehistóricos y los dinosaurios” (p. 17). Se abre, así, la segunda línea narrativa, la de estas epístolas reproducidas línea a línea que cuentan, desde la absoluta naturalidad y cotidianeidad, las vicisitudes de una pareja en los primeros años del franquismo, desde su compromiso de matrimonio hasta los preparativos de su boda, pasando por sus primeros acercamientos eróticos, siempre bajo el yugo opresor de la moral de la época.

No sabemos si tras la voz de esa criatura preadolescente hay algún rastro de una Marta Barrio del pasado, pero las cartas sí tienen dos personas de carne y hueso tras sus palabras: los auténticos abuelos de la escritora, pues las epístolas son verdaderas y forman parte del patrimonio familiar de la autora. Este carácter documental lleva la obra casi hasta la condición de libro-objeto, pues la edición reproduce las fotografías, las cartas, las postales y otros documentos testimoniales de los abuelos, impresos en blanco y negro, algunos de ellos con tonos azulados para destacar gráficamente la tinta de bolígrafos o sellos. El juego temporal con su presentación es, sin embargo, decisión de esa nieta ficticia, que considera ordenarlas y transcribirlas de este modo porque así deja “las cartas más bonitas para el final” (p. 17). Así pues, Barrio convierte lo documental en literario en un ejercicio de escritura que constituye una transgresión de los límites de la ficción y un juego con el concepto mismo de mundo posible.

Además, la obra es un canto al valor de la palabra como depositaria de la memoria. Las misivas que leemos son solo las del abuelo, y tanto por ellas como por el relato de la nieta conocemos el progresivo deterioro cognitivo de la abuela, que en el presente apenas reconoce a sus seres queridos. La anciana, auténtica protagonista de la novela, ya no posee voz ni memoria: la conocemos a través de las voces de otros, las de su marido, su nieta, su hermana Marga (conmovedor personaje, superviviente de un cáncer de pecho y de la pérdida de un hijo), y su criada Paqui. Por ello, la decisión de presentar las cartas invertidas cronológicamente no obedece solo a la voluntad de embellecer el recuerdo de una historia de amor, sino a reproducir simbólicamente el mecanismo de desaparición de los recuerdos de las personas mayores, quienes olvidan en primer lugar lo más reciente hasta agotar de manera definitiva su memoria.

Aunque se trate de un libro de lectura exigente, Marta Barrio vuelve a sorprendernos con su talento creador y con una excepcional muestra de su dominio de la literatura, tanto en lo formal como en lo conceptual, en un original desafío que demuestra, una vez más, la necesidad de reivindicarla como una de las autoras más interesantes de la narrativa actual.

Clara Pablo

Clara Pablo Ruano realiza el doctorado en Estudios Lingüísticos, Literarios y Teatrales sobre narrativa del siglo XXI en la Universidad de Alcalá, donde también imparte docencia. Es profesora de Lengua Castellana y Literatura y de Literatura Universal en el IES Rey Fernando VI de San Fernando de Henares.

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