Los secretos tan solo nos desvelan que nuestra vida es nuestra. “Cuánto azul”, de Percival Everett

por | Abr 17, 2019

Los secretos tan solo nos desvelan que nuestra vida es nuestra. “Cuánto azul”, de Percival Everett

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Percival Everett, Cuánto azul

Traducción de Javier Calvo

Madrid, DeConatus

343 páginas, 21,90 euros

Casa, París, 1979. Estos tres motivos son las palabras que dan título a los cincuenta y tres capítulos de Cuánto azul, la última novela del escritor estadounidense Percival Everett (Los Ángeles, 1956). A lo largo de las trescientas cuarenta y seis páginas de la novela, el escritor americano va avocando las tres épocas que más han marcado la vida del pintor Kevin Pace. A medida que transcurre la historia, el lector es capaz de ir ordenando las pistas que le hacen entender los distintos comportamientos de su protagonista. Se trata de una novela muy característica, pues absorbe al lector y lo atrapa al comienzo de la historia, para ir soltándolo poco a poco, desvelando los secretos que conforman la vida de Kevin. Everett logra captar la atención por completo, ya que no se podrá entender un capítulo sin haber leído el anterior.

Esta novela no contiene una, sino tres historias conectadas entre sí. Resulta de gran interés el lenguaje sencillo y directo que, tanto Everett como el traductor Javier Calvo, le han otorgado a cada enclave que se narra. En Casa, encontramos un lenguaje de familia donde se describe a Kevin y a su mujer, y en la situación en la que se encuentra su matrimonio: la relación casi inexistente con su mujer y la poca empatía que establece con sus hijos. En París, nos encontraremos a un Kevin completamente distinto: mientras pasa una corta temporada preparando una exposición en la capital francesa, se enamora perdidamente de Victoire, una joven de veintidós años a la que prácticamente le dobla la edad. Gracias a esta relación, Kevin olvidará algunas adicciones que estuvieron siempre presentes en su vida por la atracción sexual que siente por ella. En estos quince capítulos cortos, intensos, y con un lenguaje apropiado para las situaciones que vivirán los amantes, Everett nos invita a pasear por las zonas más emblemáticas de la capital del Sena. Por último, 1979 es el año en que Kevin pasará unos días con su mejor amigo, Richard, en El Salvador. En estos dieciséis capítulos, el autor se adentra en el fragor de este país centroamericano e introduce al lector en la historia con sus revueltas a través de una narración bélica.

Kevin es un hombre atormentado, introvertido y taciturno, que reduce todo aquello que le ocurre a la gama de colores que maneja cuando desarrolla su arte y sus combinaciones. La cercanía con el protagonista es total porque, aunque sea un artista, también está embarcado en la banalidad de la vida burguesa. El lector se siente perseguido por la necesidad de salir de ahí, de encontrar un camino para poder vivir de forma más libre. Una obra donde la violencia y la muerte en El Salvador se mezcla con un affaire amoroso en París y la vida familiar en Estados Unidos. La mezcla explosiva de estas tres vivencias lleva al protagonista a tocar fondo, a sentirse enajenado e intentar sobrevivir. No es posible dejar de leerlo hasta el final. La necesidad de saber qué ha creado ese caos vital coloca al lector en una actitud de actividad continua. Hay una necesidad urgente de seguir cada hilo argumental de Cuánto azul, pero, además, de descubrir la conexión final de cada uno de ellos. Momentos, lugares y situaciones diferentes y dramáticas que crean un mosaico literario-pictórico de la vida del pintor unido con los mismos colores de la amistad y la deslealtad, el amor y la infidelidad, la búsqueda y el fracaso. De un ser al que le suceden muchas cosas vividas con intensidad, pero que es un solitario que no quiere sentirse solo.

Si la amistad y el amor a prueba de tantas cosas son pilares de Cuánto azul, en medio de las dos, o revistiéndolas, está el secreto, el eco de la frase de Diane Arbus que abre la novela: “Una imagen es un secreto sobre un secreto”. Y la pregunta es si vale la pena revelarlo. Everett solo agrega un pensamiento más: Los secretos tan solo nos recuerdan que nuestra vida es nuestra.

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