Imagen Reseña Polifonías Fingir la fiebre Cristian Piné Andrea López Montero

El padecimiento del duelo, “Fingir la fiebre”, de Cristian Piné

Cristian Piné, Fingir la fiebre.

Granada, Aliar Ediciones.

92 páginas, 12 euros.

“Acepto los errores / con humor de psicópata y de santo, / los acepto como el que adopta / la médula del otro”

Hay libros para momentos exactos. Cuando el momento de lectura coincide con la escritura que propone un libro, se produce cierta magia o comprensión. Un ver más allá del texto distinto al del razonamiento, quizá el de la fiebre, quizá el de la piel, seguro el del cuerpo y su carne. En este caso, el poemario de Cristian Piné (Madrid, 1991) está escrito por y para el duelo.

Y si ese tema de Fingir la fiebre nos es inevitable, la forma en que lo canta termina el encantamiento.  Piné recoge la música del lenguaje y la vuelve un redoble: poesía hecha desde la materialidad del sonido hacia una lectura imprecisa e inacabada, que sostiene el misterio.  

La literatura hace lo que puede para acompañar, no alecciona, cuida, propone, incendia. Todo esto sucede en este libro: una poética que, ocupada y tejiendo, cede para nosotros cierto aprendizaje, cierta reflexión, y ya es manta colectiva. Pero no nos engañemos, no es un libro cómodo, es un libro que desborda, un cuerpo enfermo: poesía que se padece.

“respirar un segundo / la risa de los otros, respirarla / con la hostilidad de las flores secas”

Queda claro que el cuerpo en el duelo no es un cuerpo que funcione, sino que sucede en excepción. Es el retrato de un cuerpo en tropiezo, asincopado. Y así el verso, quitando importancia y, por tanto, mostrándola, hace ver el cuerpo en un presente extraño, en huida. Un cuerpo que trata de convencerse de que todo marcha y a la vez, de que nada lo hace. Cambiando de lugar en el cuerpo los órganos, llegando a la boca la entraña, “gacela solitaria en el reflujo”, fabricando la negación, ejerciendo la distancia que aísla a quien pierde, así lo hace el verso.

Una a una escribe Cristian Piné las cinco fases del duelo tras “La noticia” que introduce el poemario: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación, componen las partes en las que se divide el libro. Escribe, que no describe, las produce en el poema, las convoca.

“Es normal, todo marcha / según lo rutinario. / Son solo los rasguños de vivir”

“Gemir en vivo, desangrarse / hasta que solo sea voz / el hueco entre los dientes”

La fiebre que nos llega desde el título del poemario fabrica versos alucinados, ensoñados, hechos de diferencia. Una fiebre kafkiana con un cuerpo que se hace animal a trocitos, a ratos de insectos, moscas, polillas, hormigas; a ratos salamandra, cebra, hongos, fonemas y azúcar. El cuerpo con su mecanismo de válvulas, tumores, bacterias, dientes, músculo, segundero, engranajes: un cuerpo que chirría.

“No tengo nada dentro / que distraiga la sangre / de sus labores de termita”

“Absurdo como un animal extinto / palpo mi colección de dientes”

No sorprende que el libro sea excelente a un nivel lírico, ya lo ha venido haciendo Piné en todos los anteriores, pero sí es de agradecer la continuación en esa forma de decir que rasca el oído. Aliteraciones, figuras literarias con metáforas y símiles que amplían y sorprenden. Un sonido que se echa en falta en poesía y que, al escucharlo, provoca colocar el libro en la estantería rozandito con Aníbal Núñez, brindando endecasílabos.

“Y fundo cada noche una doctrina / con un perpetuo afán de defunción”

“las entrañas suceden en mis labios / y negar es dar voz a lo de dentro”

“estoy sano y se nota: / el corte de los párpados es limpio”

Los andamiajes son exactos, pero no solo ellos. Hay un lenguaje vivo y nuevo, no hay poema que se quede sin subrayar o doblar, todos funcionan por sí mismos y funcionan ensamblados. Existe el sentimiento sin escondite, pero no su contrario, esa pornografía del llanto tan recurrente en poesía excesiva y pueril. No hay drama, hay peso.

“En la vida la vida me ha servido / de aburrido museo de los miembros”

Técnica, sí, toda. Capacidad de ver, como muy pocos. No hay artificio ni falso aterrizaje. Te dice lo que es: la vida que se queda como puede y luego desde ahí.

“No ser algo es hermoso / si miras desde el ojo de los cuervos”

FotoAndrea López Montero
Andrea López Montero

Madrid, 1989. Ha publicado los poemarios Intentar la casa (Piezas Azules, 2020) y La dulzura del ornitorrinco (Piezas Azules, 2024). En 2023 coordinó y prologó la antología Herbarios de Amores Dulces(Piezas Azules) y publicó Los SinHueso, aforismos sin güito(Cuadernos del Vigía; X Premio Internacional de Aforismos José Bergamín). Sus poemas han aparecido en revistas como Zéjel, Casapaís o Ala Este.

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