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En ocasiones algo pasa en nuestro cerebro cuando cruzamos una puerta

En ocasiones
algo pasa en nuestro cerebro cuando cruzamos una puerta.
hay algo parecido a un “corte de caja”,
un milimétrico blackout que nos obliga a volver unos pasos atrás.
Las pequeñas rutinas
se desvanecen por un segundo cuando cambiamos de escenario,
como si al cruzar el umbral
nuestra mente pusiera una marca,
una señal que da por terminada la tarea que se pensaba realizar.

Buscar las llaves del auto, por ejemplo,
apagar el ventilador que se quedó encendido,
sacar la carne del congelador,
darle de comer al gato
o entrar en alguna tienda y olvidar por completo
aquello que queríamos comprar.

Se pierde un poco la perspectiva de la continuidad,
como si cada puerta fuera el corte preciso,
el recurso idóneo para grabar
el falso plano secuencia de nuestros días.

Jim Morrison, el vocalista de The Doors, dijo:
“hay cosas conocidas y otras poco conocidas,
y en medio están las puertas”.

Algunos dicen que en realidad quien dijo la frase
fue Ray Manzarek, el cofundador de la banda.

Lo cierto
es que hay una sutil y suspendida revelación
cada vez que cruzamos una puerta:
que el olvido siempre acecha silencioso.

Y así vamos por la vida,
como de puerta en puerta,
en una peregrinación de pasos incompletos.

Por fin he renovado el pasaporte.
El anterior, el vencido
ha quedado sepultado bajo una losa de papeles,
metido en un cajón
con las marcas de su reemplazable oficio en las entrañas.
Ahí, junto a un plaquette que me regalaron
y que olvidé leer.
Lo acompaña una tarjeta de crédito morosa,
una ristra de llaveros que nunca voy a utilizar,
algunas monedas y billetes de baja denominación;
descansa bajo la sombra de un cuaderno
que esconde avergonzado una serie de versos
impresentables.
A partir de hoy la oscura geometría será su lugar de reposo.
Quizá lo mejor sería destruirlo,
pasarlo por una trituradora
mientras repito que no hay que acumular las cosas
y así evitar salir en un programa de televisión por cable.
Darle una muerte digna y rápida,
contrario a su naturaleza
debería agilizar el trámite que lo libere
de la fotografía que carga en sus hombros,
el retrato caducado de aquel que ahora olvida un poco su existencia.
Pero una cosa es pensar
y otra cosa muy diferente es poner manos a la obra.
Con los años mi voluntad se ha vuelto un tanto burocrática.
Pasarán los meses, las estaciones
con sus trámites, sus lecturas pendientes y versos impresentables,
y el vencido pasaporte seguirá ahí
bajo el peso cotidiano del abandono,
pero al alcance de mi mano,
como todas las cosas que uno cree olvidadas.

Digamos que he aprendido a contemplarte a la distancia.
Mientras caminamos rumbo al auto
y dejamos atrás el mismo restaurante de los martes
adivino tus gestos,
tu movimiento de cejas y esa forma de tocarte el rostro
cuando tienes sueño.
Quizá sea mi oficio, la terquedad de mi nostalgia
o mi colección de despedidas,
pero he desarrollado la destreza de evocarte
como un sueño interrumpido
o una derrota anticipada,
de ir un paso atrás cuando caminamos rumbo al coche
y dejamos atrás el mismo restaurante de los martes,
con su reciente remodelación y su aumento significativo
de clientes y de precios,
con sus nuevos murales y variedad de tragos.

¿Será que ya no es el mismo restaurante?
—Lo pienso mientras enciendo el auto—

Tal vez ahí puede haber un poema,
encerrado en el mismo sitio que ahora luce diferente,
en esta ciudad de grandes edificios
con su mecánica rutina
de hastíos y arrebatos.
O quizás —y lo más probable— es que
el poema se encuentre aquí,
en el vacío que dejarás en el asiento del copiloto
cuando entres a tu departamento
y yo me quede
con la retórica gastada
bajo el peso del argumento irrefutable
de la hoja en blanco que llamamos porvenir,
de aquellos días
cuando dejemos de reconocernos.

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David Granados

Monterrey, Nuevo León, México. Editor y poeta. En el año 2017 fue publicado en dos ocasiones por la Editorial Canto del Libro. Sus poemas y cuentos han sido publicados en diversos sitios online, como Carruaje de pájaros, Efecto Antabus y Bitácora de vuelos. Algunos de sus poemas fueron traducidos al catalán por la Revista Poémame. En junio del 2022 ganó el primer lugar en la primera edición del Concurso Estatal de Poesía Arturo Mariño, organizado por el poeta y maestro Eligio Coronado. En el 2020 lanzó su librería online llamada Funámbulo, la cual está especializada en promover los títulos de las mejores editoriales emergentes de México. En el 2022 Funámbulo se convierte en Editorial, la cual lleva hasta la fecha 7 títulos publicados.

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