Epistolario para Nadie: ¿cómo funciona la narración?

por Mar 19, 2024

Epistolario para Nadie: ¿cómo funciona la narración?

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La lectura de Querido Nadie como un epistolario inserto en el interior de una novela es la perspectiva de análisis que nos permite hablar de las cartas de Helen como una ficción que posee su propia autonomía frente a la obra de Berlie Doherty (Liverpool, 1991).

Chris, un adolescente de dieciocho años, está profundamente enamorado de Helen, una chica de su misma edad. Un único encuentro sexual entre ambos provocará un embarazo no deseado que hará tambalear los cimientos de su relación. En la novela, encontramos una narración principal marcada por el personaje de Chris: en ella, el joven contará sus vivencias a lo largo de los nueve meses que dura el embarazo tras haber recibido las cartas que Helen escribía a su hijo. Se trata de una analepsis en la que Chris, habiendo recibido las cartas en octubre, vuelve a recordar lo ocurrido desde enero. Sin embargo, conociendo esta vez las cartas, no tiene la mínima muestra de interés por el bebé: sólo le importa la vida de Helen y el modo en el que terminarán todos los problemas en su relación de pareja.

Si el foco del lector estuviese centrado en Chris como narrador, Querido Nadie podría ser considerado como una novela propia del género rosa en las que los amores y desilusiones románticas son los motivos temáticos de la obra de Doherty, no obstante, la ficción se asienta sobre la narración que Helen desarrollar en sus cartas. El contenido epistolar, que generalmente suele tener un emisor y un destinatario, desde la visión de un análisis teórico-literario, se plasma en Querido Nadie como un intento de comunicación entre el narrador —Helen— y el narratario —el bebé— que justifica la propia existencia de la narración.

No será el bebé el único narratario de estas cartas, pues al final de la obra el hermano de Helen se las entregará a Chris que construirá su propia narración —la que nos llega a nosotros como lectores— en base al contenido epistolar. Berlie Doherty, desde su condición de autora, cede el papel de contar a Helen para que pueda expresar sus sentimientos al igual que lo hace Chris. Se trata de un puesto muy importante dentro de la doble narración, ya que involucra al niño que todavía no ha nacido como un personaje más de la novela: gracias a las cartas de Helen, el lector puede considerar al bebé como un personaje inserto en el relato.

El título, Querido Nadie, ya nos pone sobre aviso de lo que va a ocurrir en el interior de la ficción. Todas las cartas —o la mayoría—, que Helen escribe al hijo que espera, reflejan un encabezamiento en el que pone «Querido Nadie» y en el que la narradora se aflige por todos los problemas que le está ocasionando el embarazo. Y es que no podemos olvidar la temprana edad de Helen; ya que, como a cualquier adolescente, le surgen problemas en sus relaciones familiares y amorosas a los que se tendrá que enfrentar cargando con el peso de un embarazo que no ha sido planeado.

Querido Nadie es, si lo estudiamos desde la narración epistolar de Helen, una obra de empoderamiento femenino. El personaje sufre y soluciona, creando un prisma de autosuperación que, finalmente, acaba con la llegada de Amy al mundo.

Ya no es Nadie, sino Amy. El narratario ha cobrado verdadera vida y se encuentra con un mundo lleno de problemas en el que su madre está para apoyarle.