El terror confesado de estar loco. “The Haunting of Bly Manor”

por Oct 30, 2020

El terror confesado de estar loco. “The Haunting of Bly Manor”

por

Creador: Mike Flanagan

Intérprete: Henry Thomas, Oliver Jackson-Cohen, Victoria Pedretti

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración: 10 episodios (60 minutos aproximadamente c/u)

La locura es uno de los temas más discutidos de The Turn of the Screw (1898), de Henry James. No sorprende, por tanto, que también sea una de las cuestiones centrales de la nueva serie de Mike Flanagan, The Haunting of Bly Manor. La producción de Netflix es una adaptación del relato del escritor inglés y, como tal, retoma varios de sus motivos, otorgandoles nueva luz. La locura es también uno de los elementos constantes en el género del terror fantástico: se formula como un desafío a la norma establecida. Como señaló Michael Foucault al analizar las meditaciones metafísicas de Descartes, el loco es la negación del orden racional y, en consecuencia, el terror subyacente a la modernidad. En las narraciones no-miméticas, sobre todo las que introducen fenómenos sobrenaturales en la historia, es común que se abra una grieta en el mundo al sugerir que, tal vez, las ilusiones de quien ha perdido la razón son una realidad. The Turn of the Screw es un ejemplo claro: la ambigüedad que define a la narradora en primera persona contagia al lector. Ahora, ¿cómo se traspasa este motivo, tan propio del siglo XIX, a la actualidad?

Las comparaciones pueden ser antipáticas, pero, en este caso, son necesarias. No solo por el hipotexto que inspiró la serie de Netflix, también porque esta es la segunda temporada de The Haunting of Hill House. Las diferencias son notables. Primero, se abandona el miedo en su sentido visceral, que era la esencia de la entrega anterior, para construir una trama inquietante en un sentido abstracto. En otras palabras, la serie articula un terror intelectual que apela a un espectador reflexivo capaz de empatizar con los personajes. Segundo, la historia muestra mayor fidelidad a la obra original. La primera temporada refería la novela de Shirley Jackson de forma indirecta, a través de guiños transtextuales. En cambio, la nueva entrega calca la narración original, aunque dándole importantes cambios, claro, y refiriendo en el proceso otros relatos de James. Sin embargo, la diferencia más notable es que, en esta ocasión, hay nuevos personajes (incluso si varios de los actores y actrices vuelven a la pantalla): como había sido anunciado, la producción abandona el formato típico de las series, en el que cada temporada continúa la anterior, y propone una suerte de antología de historias separadas.

The Haunting of Bly Manor es, antes que nada, una historia de fantasmas, a pesar de que se centra en una mansión embrujada, repitiendo el motivo de su antecesora. Danielle (Victoria Pedretti) lleva unos meses en Londres y, finalmente, consigue un trabajo: es contratada para ser la profesora privada de los sobrinos huérfanos de Henry Wingrave (Henry Thomas), un empresario alcohólico que muestra muy poco interés por los hijos de su hermano. En la mansión, los pequeños Flora y Miles viven con el ama de llaves, el cocinero y la jardinera. Como se puede inferir, estas personas no están solas: hay otras presencias que transitan las habitaciones y los pasillos de Bly.

Siguiendo la estructura del relato de Henry James, la historia es contada en una reunión, frente a una chimenea, como un “relato de fantasmas”, lo que implica la presencia de una narradora. Ahora, mientras que en el texto original la ambigüedad recaía sobre la protagonista, aquí rodea a todos los personajes. Los fantasmas, en este sentido, trascienden el espacio embrujado: son espectros del pasado que persiguen y acompañan a los vivos. Traumas, recuerdos, seres queridos, este es el panteón de espíritus que rodea a los protagonistas. Dicho de otro modo, cada personaje es una huella, un signo de algo ausente que, de forma paradójica, es también una presencia. Esta contradicción adquiere forma en la narración: los ausentes buscan encarnar en el mundo de los vivos. En el centro, se encuentra Danielle, que arrastra sus propios fantasmas y que, sin quererlo, pero sin poder evitarlo, queda atrapada en el juego de los niños a su cargo. El horror persistirá, más allá del espacio y el tiempo de la historia, incapaz de encontrar una verdadera resolución.

En una respuesta a lo que afirma Foucault sobre la modernidad y la razón, el filósofo Jacques Derrida propone otra perspectiva. Según el, las reflexiones de Descartes advierten algo: “Solo hago filosofía en el terror, pero en el terror confesado de estar loco”. Esta formulación parece apropiada para entender The Haunting of Bly Manor. En The Turn of the Screw, la ambigüedad era subjetiva e insuperables. Era imposible saber si la protagonista había perdido la razón o no. En la adaptación de Flanagan, la realidad entera se revela definida por un pasado violento e irracional que asecha a los personajes. Ellos, a su vez, poseen sus propios fantasmas. Danielle, desde esta óptica, paga el precio más alto. Su existencia se define en la instantaneidad: hay que vivir un día a la vez, siempre acompañada por el riesgo de que la locura subyacente, la bestia que la acompaña, acabe por tomar el control.