De lo simbólico a lo real. “Cadillac Ranch”, de Antonio Tocornal

por Mar 17, 2024

De lo simbólico a lo real. “Cadillac Ranch”, de Antonio Tocornal

por

Antonio Tocornal, Cadillac Ranch

Sloper. Palma de Mallorca, 2023

194 páginas, 17,10 euros

Explorar los límites de la realidad en términos humanos no es tarea fácil, entre otras cosas porque lo que admitimos como real está condicionado por la percepción. Decía Teresa de Cepeda y Ahumada que la imaginación es la loca de la casa. Atribuía la santa de Ávila a la imaginación, en su polo más pesimista, la mayor parte de nuestros sufrimientos, pues esta tiene la capacidad de deformar la realidad, de imbuirnos temores que anticipan escenarios posibles y nos hacen perder enfoque sobre una situación. Pero es en la locura misma donde reside, en su polo positivo, la creatividad más excelsa, y es de esta creatividad, no exenta de sombras y cambios de enfoque, de la que hace gala el último libro del autor gaditano Antonio Tocornal.

De la imaginación de Tocornal teníamos sobradas muestras en sus anteriores novelas: Bajamares, XIX Premio de Novela Diputación de Córdoba, Pájaros en un cielo de estaño, Premio Valencia de Narrativa en Castellano Alfons el Magnànim 2020, o Malasanta, premiada con el Felipe Trigo 2021 y Premio Andalucía de la Crítica 2022. Sin embargo, el autor nos sorprende ahora con Cadillac Ranch (Sloper, 2023), un volumen compuesto por quince cuentos en los que el autor juega a explorar y expandir los límites de lo real, caracterizados por una imaginación llevada hasta la parodia y el esperpento. Entre sus páginas, el humor negro, el tono satírico y un cierto aire kafkiano conviven en ecléctico acuerdo conformando una obra por momentos hiperrealista y, en otros, surrealista, de tintes oníricos, en la que sus protagonistas viajan o se apean del camino de sus vidas oscilando continuamente de lo real a lo irreal. La soledad y la muerte junto al vacío del ser y el sinsentido de la existencia son los temas que subyacen en las historias de los protagonistas, unos personajes abocados a situaciones extremas que se instalan en el limbo del absurdo, saliéndose del campo de acción.

La obra comienza con el cuento que da título al volumen. El texto es una suerte de road movie repleta de clichés cinematográficos (moteles de carretera, ranchos, maizales y autoestopistas) que parodia el estilo de vida americano a partir de un turista que alquila un coche para recorrer la ruta 66 y en cuyo viaje se diluye su propio pasado. El siguiente cuento, “En el paréntesis del mundo”, nos asienta de nuevo en el asombro y literalidad de la metáfora al presentarnos a un hombre recién divorciado en el proceso de atarse con una cuerda al picaporte de la puerta de entrada ante la angustia de ver cómo su vivienda se expande hasta el infinito. A este texto le sigue “Hanami (La muerte es amarilla dorada)”, protagonizado por un jardinero jubilado que se entretiene en ver morir las plantas mientras espera su propio final, mientras que en “Cara de mujer con tres ojos” asistimos a la fama inexplicable de un pintor condenado a pintar una y otra vez la misma obra. La muerte, tema constante en los cuentos de Tocornal, se vislumbra en múltiples ocasiones como resolución de una situación insostenible.

La ruptura con la realidad cotidiana se manifiesta con la introducción del elemento extraño o perturbador, que no es sino un reflejo de la realidad interior de sus protagonistas. Un pueblo que crece sobre la palma de la mano de un hombre que se entretiene en observar la vida de sus habitantes; una piscina que acaba siendo como un inmenso y embravecido mar; un cliente de un restaurante que por error acaba convertido en un asesino a sueldo o un enjambre de moscas a las que el protagonista atribuye un lenguaje encriptado son algunas de las metáforas que Tocornal utiliza para llevarnos de lo real a lo simbólico, en una traslación de conceptos. Del mundo consciente al subconsciente, donde brota la pesadilla y la fobia, como en el cuento “Tal vez un hogar”, en el que un banquero incapaz de salir de su coche y afrontar una jornada de trabajo más reside paralizado entre sus puertas.

Es el viaje a la inversa lo que se nos revela en este volumen de cuentos; el viaje que va desde la percepción a la concreción, el que configura el mundo de los protagonistas de Cadillac Ranch y los coloca en la encrucijada de intentar encajar, a modo de puzle metafísico, la realidad que viven con la que perciben porque, como decía Kant, la felicidad no es un ideal de la razón sino de la imaginación.