Homo urbanus o “El espíritu de las vacas”, de Abel Neves

por Ene 29, 2021

Homo urbanus o “El espíritu de las vacas”, de Abel Neves

por

Abel Neves, El espíritu de las vacas

Traduccion de María Alonso Seisdedos

Madrid, De Conatus

184 páginas, 17,90 euros

Dos historias paralelas en una misma ruralidad: la del amor de un pastor por sus vacas y, especialmente, por una llamada Matilde; y la de unos turistas en busca de unos días en el campo. La premisa del portugués Abel Neves (Montalegre, Portugal, 1956) da lugar a una profunda novela en torno a los medios naturales y su lugar en las sociedades del siglo XXI, que le llevó a ser galardonado con el Premio Bento da Cruz en 2018. El espíritu de las vacas, publicado por la editorial independiente De Conatus y traducido por María Alonso Seisdedos, evidencia su carácter actual al incluirse en la colección “¿Qué nos contamos hoy?”: porque la novela de Neves nos cuenta como sociedad y diagnostica esa desvinculación de la naturaleza que vivimos.

La familia llegada desde Lisboa simboliza la faceta de ser urbano y tecnológico. Los personajes deciden realizar una excursión y, en cuanto se adentran en el monte, descubren sus incapacidades: como no saben interpretar las señas meteorológicas, se quedan atrapados tres días, a causa de una niebla que les impide volver al pueblo donde se hospedan. Esto implica, por un lado, una desconexión comunicativa y tecnológica al quedarse sin cobertura y sin batería en los móviles; y, por otro, la sumisión frente a una naturaleza que no pueden combatir. La niebla está presente, en este caso, de forma física, pero también metafórica. Es la incapacidad del hombre actual de sobrevivir en ese medio; es la ceguera frente a todo lo primitivo. Y es que esa ruptura con las formas rurales impide la salvación del hombre. En la montaña, la que decide quiénes pueden sobrevivir no es otra que la misma montaña. Todo depende de su curso.

Si la línea argumental de los turistas revela la falta de naturaleza, la historia del pastor prueba las consecuencias de un “exceso” de humanidad en un mundo que ahora se considera como “embrutecido” —como puede ser el del sector de la ganadería—. Y que, sin embargo, en ese “embrutecimiento” se sustenta el resto de la población que mantiene sus manos limpias. En ambos casos, la naturaleza se revela como un lugar hostil y violento que acaba venciendo al hombre. Dentro del entramado de la novela, tampoco podemos olvidar la unión entre lo urbano y lo natural. Esto sería la ruralidad y la gente que habita en los pueblos. Hay una crítica implícita al abandono de estos lugares, a lo que aquí denominamos como “España vaciada”, pero que se extiende al resto del mundo. El desarraigo de lo rural es, así, el fin de todo lo que une al humano con los campos, la vegetación y su fauna. Cuando esto ocurre, la desconfianza hacia ese medio aumenta y el hombre se vuelve indefenso en todo lugar que no se componga de edificios y centros comerciales; donde la comida no aparezca en bandejas de supermercado. Lo desconocido será el fruto que da la tierra y el agua que la riega.

De esta manera, el libro de Neves se vuelve indispensable para repensar nuestra relación con una tierra peligrosa y que, a su vez, está en peligro, pero también nos hace valorar la forma de la escritura. Viniendo de De Conatus —siempre en busca de textos originales, que innoven y no se estanquen en el canon—, no era de extrañar que propusieran un autor que transgrede la normatividad de la prosa. El autor portugués propone un estilo fragmentario donde los diálogos toman una nueva forma gráfica: sin guiones o comillas, las voces de los personajes se alzan aisladas de la del narrador y se disponen como poemas versificados, a cada verso una voz. Como la oralidad misma. El espíritu de las vacas—sin desvelar sus intrigas—no se sostendría sin la presencia de este animal. Estos bovinos encabezan los pasajes más emotivos y emblemáticos de una novela que, en definitiva, no deberíamos dejar de leer. Todo quede en boca del pastor: “Es como si la vida anduviera de capa caída y ningún interés por ella hiciera renacer las muchas fantasías que los que nos antecedieron fueron capaces de legarnos”.

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