“Horse Girl”. La imposible linealidad del tiempo

por | May 18, 2020

“Horse Girl”. La imposible linealidad del tiempo

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Horse Girl

Director: Jeff Baena

Reparto: Alison Brie, Debby Ryan, John Reynolds

En el cine, el terror y el suspenso se suelen asociar al impacto y la sorpresa. El miedo se vincula a un peligro material y concreto que pudiera, en otras circunstancias, afectar al espectador. Luego, incluso si una película contiene elementos imposibles, es necesario que exista una violencia ejercida contra los personajes. En otras palabras, no importa si el monstruo es un vampiro, un fantasma o un asesino en serie, es imperioso que estos sean una amenaza real, capaz de generar sufrimiento físico a los protagonistas. Existe, sin embargo, una forma sutil de terror que es capaz de producir un miedo diferente, de corte más intelectual, si se quiere.  Este es el caso de Horse Girl, la producción de Netflix dirigida por Jeff Baena (Miami, 1977).

Sarah, la protagonista, es una mujer tímida e introvertida. A pesar de los hechos traumáticos que ha experimentado—el más reciente, el suicidio de su madre— y de su personalidad, logra tener una vida relativamente normal. Trabaja en una tienda de materiales para artesanías, donde sostiene una frívola, aunque agradable amistad con su jefa. Vive con Nikki, con quien también mantiene una relación tan simpática como superficial. Sarah solo logra tener sentimientos profundos por seres inhumanos: un caballo con el que comparte una conexión desde la infancia y el protagonista de una serie de televisión.

El delicado equilibrio que sostiene la vida de la protagonista empieza a decaer cuando comienza a tener lapsos perdidos en el tiempo. Primero, parece que estos cortes temporales se deben al sonambulismo. Pero el problema se ira mostrando cada vez más complejo, llegando a deconstruir las certezas que Sarah tiene de la realidad.

Siguiendo una línea que podríamos trazar hasta películas como Donnie Darko (2001), de Richard Kelly, Horse Girl indaga en el complejo problema de la continuidad temporal: las relaciones del pasado con el presente, la forma en que la existencia puede quedar atrapada en un círculo vicioso, la posibilidad de un quiebre de la secuencia lógica de la historia. Para hacerlo, ubica a su personaje en el centro de una situación cuya imposibilidad solo se acentúa a medida que avanza la cinta. La sensación de incertidumbre y la confusa existencia de Sarah encarnan en un discurso narrativo que sigue la anormal linealidad temporal que ella vive. En consecuencia, el espectador, igual que la protagonista, es incapaz de hilar los acontecimientos siguiendo el orden racional de sucesión al que estamos acostumbrados.

Como tantas obras de los llamados géneros no-miméticos —o no-realistas—, este filme utiliza una situación imposible para interpelar las estructuras racionales que quieren definir la realidad. La trama se plantea como un juego, en cierta medida, pero como un juego que permite indagar en las contradicciones de los discursos que construimos para explicar el universo. Es en este nivel metafísico donde se construye la narración del filme.

La película no cuenta precisamente una historia de miedo. Sin embargo, las posibilidades que plantea resultan inquietantes. La idea de que el orden que asumimos como definitivo puede ser destruido es aterradora. Como suele ocurrir en este tipo de narraciones, Sarah es considerada desquiciada por quienes la rodean. Sin embargo, si hay algo que puede producir más miedo que perder la razón, es la posibilidad de que la locura sea, de hecho, lo real. Es en este sentido que Horse Girl es una obra de terror.

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