Una música siempre nueva. “Playing Changes. Un jazz para el nuevo siglo”, de Nate Chinen

por | Ene 14, 2020

Una música siempre nueva. “Playing Changes. Un jazz para el nuevo siglo”, de Nate Chinen

por

Playing Changes. Un jazz para el nuevo siglo, Nate Chinen Barcelona, Alpha Decay 364 páginas, 23,65 euros

En el 2016, se hizo recurrente el chiste de que Ryan Gosling había salvado el jazz. Esto se debió a La La Land (2016), en la que el actor interpretaba a un pianista, Sebastian, que se niega a dejar que el jazz muera. La película, alabada por algunos y destripada por otros, parece querer otorgarse ese papel: recuperar un género musical en declive. Sin embargo, y más allá de la polémica, hay una crítica incuestionable que podemos hacer al filme de Demien Chazelle, ignora la evolución que los jazzistas han experimentado en los últimos cincuenta años. Este aspecto es reflejo de una cualidad común en el escucha contemporáneo: parece mirar al jazz como una forma acabada, un estilo que ha completado su ciclo. Así, solo podemos fijar la vista en el pasado, en los grandes, en Miles Davis y Chet Baker, en Duke Ellington y Bill Evans, en Charlie Parker y John Coltrane, en Django Reinhart y Wes Montgomery, entre tantos otros maestros.

No hago la observación de manera arbitraria, este es el punto del que parte Nate Chinen en Playing Changes. Jazz para el nuevo siglo, editado recientemente por Alpha Decay. El autor, un crítico musical de amplia experiencia, explica en el texto introductorio que el posicionamiento encarnado por Gosling no tiene nada de novedoso, desde la década de los setenta parece que el jazz está en peligro de extinción y que sus seguidores están en la búsqueda constante por un salvador. A continuación, el escritor muestra cómo, a pesar de las apariencias, el género a continuado su camino, produciendo nuevas interpretaciones, renovándose según las exigencias del mundo en el que existe y atrayendo a músicos talentosos de procedencias diferentes.

El aspecto más prominente del libro de Chinen es su carácter informativo. La revisión que hace de músicos y discos, así como de la recepción por parte de la crítica que los artistas han recibido, es exhaustiva. Llega a ser abrumadora. Es un texto para revisar con cuidado y, por supuesto, con acceso a una biblioteca musical (esto último no es difícil para el lector contemporáneo, con acceso a Spotify o Youtube, entre tantos otros medios). Solo así podrá apreciar el universo contenido en las páginas de este volumen de no-ficción que, sin duda, se acerca principalmente al ensayo. Pero el tono no es árido y se aleja, por tanto, de otras formas de reflexión más herméticas. La prosa llega a asumir una forma narrativa cuando relata anécdotas sobre los músicos. Esta característica la podemos apreciar desde las primeras líneas, en las que se describe un concierto de Cécile McLorin Salvant, y es uno de los puntos más interesantes del libro.

Aun así, no se puede pasar por alto cierta cualidad repetitiva en su estructura. Por lo menos la mitad de los capítulos redunda en una fórmula: abrir con una anécdota puntal que refleja la evolución de una rama del jazz (un concierto, la grabación de un disco, la epifanía de algún compositor) para después volver al pasado y recorrer el camino que desemboca en ese momento. El desarrollo circular, aunque efectivo, se usa quizá excesivamente. Esto no quiere decir que el texto se haga aburrido. Dos aspectos compensan por esta repetición estructural. Por un lado, la prosa de Chinen, reflejo de su amplia experiencia como crítico en medios culturales de distribución masiva, es accesible y atractiva. El ensayista sabe llevar al lector orgánicamente a través de las páginas. Por otro, el interés que despierta el mundo explorado en el libro, al cual accedemos guiados por alguien que, no solo posee un conocimiento casi enciclopédico del mismo, sino que lo vive en primera persona (conoce a los músicos, conversa con ellos, los recuerda incluso con afecto, en algunos casos).

“Playing changes” es una expresión que se refiere a la capacidad de un músico para improvisar a través de los complejos cambios armónicos que se encuentran en un tema de jazz. Al tomar esto en cuenta, entendemos por qué Chinen escoge la frase para encabezar su revisión de la música del nuevo siglo: así como un intérprete debe respetar la armonía base y, simultáneamente, crear algo nuevo y propio, los jazzistas, sin olvidar su pasado, han estado reinventando el género que es considerado, hoy en día, la música clásica estadounidense (aunque ha excedido sus fronteras, como se discute en uno de los capítulos del volumen). Si algo podemos concluir de la lectura, es que el jazz está lejos de extinguirse. Por el contrario, la partitura sigue abierta, a disposición de futuros músicos que encontrarán nuevos caminos para recorrerla.

¿Te ha gustado el artículo? Puedes ayudarnos a hacer crecer la revista compartiéndolo en redes sociales.

También puedes suscribirte para que te avisemos de los nuevos artículos publicados.