Rendidamente íntima. “La ternura”, de Paula Ducay

por Abr 12, 2024

Rendidamente íntima. “La ternura”, de Paula Ducay

por

Paula Ducay, La ternura

Madrid, Altamarea

120 páginas, 17,90 euros

Paula Ducay (Santiago de Compostela, 1996) es graduada en Filosofía y tiene un máster en Edición por la Universidad Autónoma de Madrid. Se dedica a los libros y a la cultura desde sus facetas de editora, traductora y escritora, en colaboración con distintas revistas y medios de comunicación. Codirige, junto a Inés García, el proyecto Punzadas, un espacio dedicado a la filosofía y la literatura, así como el podcast Punzadas Sonoras.

La ternura es su primera novela y, en ella, Ducay narra la historia de dos compañeros de trabajo, Naima y Marco, cuya relación es de naturaleza incierta, aunque, en un contexto social que nos anima a clasificar los afectos muchas veces en función de lo que sí ocurre –de los hechos–, y no de los sentimientos que albergamos, habría que definir como amistad. Es verano, la época idónea para desear, y Marco, más mayor que Naima, casado y padre, invita a la protagonista a su casa familiar en Italia. Ducay nos ofrece una estrategia infalible y un contexto con poco margen de error: la historia de la outsider que se introduce en un ambiente ajeno, donde las redes y rutinas están ya establecidas.

Mediante este contexto, la autora nos permite explorar cuestiones relativas a los afectos, como los límites, la incertidumbre, la ponderación del vínculo. Se plantean asimismo otras referidas a la naturaleza de la amistad y del deseo, y a cómo, en ocasiones, ambos se entrelazan. Eso es la ternura: aquello que emerge en el espacio entre el deseo y la experiencia íntima del otro, un tipo de amor testigo, sostenido en parte por la apertura a la posibilidad y en parte por la satisfacción con lo existente. Así, existe entre Naima y Marco “un entendimiento insólito […] que a veces se transforma en impulsos de algo que se parece al deseo, pero no lo es del todo; de algo que se parece al amor, pero no lo es del todo”. Las lectoras se verán incitadas a reflexionar sobre la amistad como concepto, sobre el peso que tiene en nuestras vidas en comparación con otros vínculos, y sobre qué implican los límites que le imponemos. Estas preguntas surgirán también en relación con el personaje de Giulia, una chica italiana que Naima conoce en el pueblo. También es una novela sobre lo doméstico, entendido aquí como la fascinación por la cotidianeidad del otro. De este modo, Naima examina la vida de Marco, su casa, sus objetos, su relación con su familia. La intimidad de Marco se erige para la protagonista como un secreto preciado que le permite construirse una narración mental a medio camino entre la fantasía y la observación. Ese verano será para Naima lo que son los recuerdos que creamos con nosotras mismas: un objeto bello, un placer que convocaremos cuando nos sintamos solas, cuando estemos haciendo recuento de nuestras experiencias en el mundo. Un decir: nos hemos (re)conocido, esto ha pasado, hemos sabido el uno del otro. Es en esto que se consabe y no se habla, donde surge lo tierno. A pesar de que, “el tacto está fuera del alcance [de Naima y Marco]”, su relación recuerda al poema “La piel” de Idea Vilariño (Montevideo, 1920): “tierna/rendidamente íntima/así era tu piel/lo que tomé/que diste”. A veces, el amor es eso.

Destacan los fragmentos en los que Ducay expone de manera literaria situaciones cotidianas, así como la delicadeza del lenguaje empleado y su capacidad evocadora, que permite al lector sentir el picor del sudor estival en la piel, el rumor de los cuerpos de agua cercanos, el fresco alivio de la sombra. Esta es una novela corta, muy disfrutable, en la que la autora tiene claro qué quiere contar y lo expone en un movimiento que combina la concentración de escenas que se acumulan y van construyendo una tensión leve, sutil, con la diseminación a lo largo de toda la novela, como si de semillas se tratase, de párrafos certeros sobre las relaciones, la soledad, la juventud o el sentirse ajeno. Se transforme al final o no, la ternura es bella.