“Justice League”, toma dos. El “Snyder’s Cut”

por Abr 28, 2021

“Justice League”, toma dos. El “Snyder’s Cut”

por

Zack Snyder’s Justice League

Director: Zack Snyder

Reparto: Gal Gadot, Ben Affleck, Henry Cavill, Ezra Miller, Ray Fisher, Jason Momoa

Duración: 242 minutos

En otoño de 2017, Justice League tuvo una recepción tibia. El público no se entusiasmó y las cifras, sin ser del todo negativas, no alcanzaron los niveles esperados. La crítica, sin condenar el filme, tampoco mostró mayor interés. La producción funcionaba, cumplía el mínimo necesario para entretener a la audiencia. Ese parecía ser el consenso. Los errores y vacíos de guion se equilibraban con las virtudes (los efectos especiales, el buen trabajo de algunos actores y actrices, el edulcorado sentido del humor de los personajes). Por supuesto, en un proyecto de este calibre, parte de una franquicie entera en torno a los superhéroes de DC Comics, una recepción tibia no era suficiente. A partir de este punto, el universo cinematográfico de Batman y Superman se dispersó. Siguen apareciendo películas de la franquicie, pero sus vínculos son escuetos, poco relevantes. 

Para ser justos, considerando los inconvenientes que atravesó la producción, hay que reconocer que la calidad (media) de la película es un mérito en sí misma. Distintos conflictos creativos, la tragedia familiar que acabó de sacar a Zack Snyder de la silla del director y la incorporación de Joss Whedon a última hora, que tuvo que rehacer el filme intentando responder a las exigencias de productores y fans, mellaron inevitablemente el producto final.

La fanaticada, por supuesto, no estuvo satisfecha. Los personajes centrales de esta película, Batman, Superman y Wonder Woman, son emblemáticos. Sus seguidores tenían años esperando una adaptación. No se iban a complacer con un producto mediocre. El descontento se dejó sentir en las redes sociales

En este contexto, no fue una sorpresa que surgiera el rumor de que existía la visión del director original, Snyder, aunque no hubiera visto la luz. Tampoco es extraño que se creara el mito de que esta versión era superior a la vista en las salas de cine. Lo que sí sorprende es que la presión del público lograra el relanzamiento de una película que, para empezar, no tuvo demasiado éxito. En 2021, ha llegado a HBO Max el corte del director. Un filme que, aunque claramente emparentado con la versión estrenada en 2017, se quiere mostrar como algo nuevo. 

Hay dos preguntas que hacer frente a este estreno. La primera apunta a la película: ¿realmente es mejor que la versión de Whedon? Por otra parte, se debe cuestionar el desarrollo de este fenómeno, ¿qué implica que una fanaticada logre cambiar el destino de una producción y de todos los involucrados? ¿Hasta qué punto esta “democratización” del mundo del espectáculo es buena? Ambas interrogantes guardan cierta relación. Para empezar, porque al director se le dieron muchas libertades en el desarrollo de la nueva versión (empezando por la duración de la cinta, de 4 horas). Este poder de decisión se deriva, es probable, del apoyo que le dio el público. 

Comencemos por la primera de estas preguntas. No se puede discutir que varios problemas se solventaron en la nueva versión de Justice League. Los personajes están construidos con mayor efectividad, conocemos sus motivaciones, tanto de los héroes como de los antagonistas. Steppenwolf ya no es un villano plano y ambicioso de poder, sabemos que busca redimir errores del pasado, restituir su honor. Asimismo, los héroes que no habíamos conocido en otras películas adquieren nuevas dimensiones. Resalta la historia de Cyborg, que fue reducido casi a relleno en la versión de Whedon. Ahora conocemos la fuente de sus conflictos personales. El personaje adquiere protagonismo, se hace central. En resumen, el desarrollo de la narración es efectivo, coherente e, incluso, cohesionado. No deja de mostrar los errores típicos de las cintas de superhéroes, a lo que debemos sumar los tópicos de las cintas de Snyder. Sin embargo, el producto final es superior a la versión que llegó a los cines. 

Hay dos contrapartes a este aspecto positivo. Primero, la duración. Cabría preguntar si el director hubiera podido hacer una versión tan completa si sus doscientos ochenta y dos minutos de cinta se hubieran visto restringidos a la mitad. Desde esta perspectiva, no deja de ser relevante el medio en el que se estrena la nueva versión de Justice League: es una película para ver en casa, para pausar si quieres un descanso, o para disfrutar como si hicieras maratón de una serie. Esto trabaja a favor del filme. Ahora, difícilmente se hubiera visto algo así en las salas de cine. 

Por otro lado, no solo encontramos un exceso de tópicos snyderianos (la cámara lenta, las tomas fetichistas de hombres poderosos), esto conlleva una clara afirmación de las posturas ideológicas que el director ya ha presentado en cintas anteriores, incluidas otras de DC, como Batman v Superman: Dawn of Justice (2016). Los personajes centrales de la nueva película siguen siendo, a pesar de que el equipo crece, los dos superhéroes originales y se sigue realzando el conflicto entre estos dos hombres poderosos, incapaces de confiar en otras personas. Buena parte de la trama gira en torno a lo difícil que es confiar en otras personas. Si, en la cinta de 2016, Batman y Superman no podían aceptar que otro individuo poderoso existiera en el mundo sin representar un riesgo, en la nueva versión de Justice League los vemos lidiar con el problema de reconocer que necesitan colaborar con otras personas. En breve, la narración desborda un individualismo exacerbado al mejor estilo de Ayn Rand. Una paradoja, cuando consideramos el tema del filme: un equipo de superhéroes.

Resulta igualmente curioso cómo esto refleja lo que ocurrió tras bastidores durante la producción del montaje original de la cinta. Incluso antes de que Snyder abandonara el proyecto debido a una tragedia familiar, había rumores sobre el descontento de los productores y, en general, del equipo creativo. Igual que los protagonistas de Ayn Rand (cuya influencia en el director es clara), el cineasta imponía su visión a toda cosa. Por lo menos, eso se podía leer en internet de manera extraoficial. 

Tras la recepción tibia de la original (un fracaso desde el punto de vista de una producción multimillonaria), se empezó a pensar que la visión de Snyder era necesaria. Las redes sociales mostraron su potencia: en el transcurso de un par de años el “Snyder’s Cut” pasó de ser un rumor a un chiste a una nueva película. Otra paradoja: fue esta democratización del entretenimiento lo que permitió al individualista director completar su ambicioso proyecto. No solo, gracias al apoyo de multitudes, obtuvo una libertad casi absoluta en su producción.

Justice League cierra con varias escenas que anuncian tramas a desarrollar en hipotéticas futuras producciones. Esto choca con la dirección que han tomado las cintas de DC Comics, cada vez menos conectadas. Ya se han escuchado voces en internet pidiendo que se desarrolle el “snyderverse”, la franquicie que el director había proyectado en las cintas previas. Parece poco probable, dado el estado de las producciones que se van a estrenar este año. Pero, no se puede olvidar, la situación era análoga tras el estreno de la versión original del filme que acabamos de discutir.

Desde una perspectiva ingenua, la historia de esta producción puede parecer una victoria para el cine como arte. La visión original del autor, gracias al apoyo de sus seguidores, vio la luz. Ahora, esta idea no se sostiene tras una breve revisión. Primero, cabe cuestionar la calidad real del arte de la película de Snyder. Incluso si el guion es efectivo, y aunque no me puedo extender, la película sigue mostrando las fallas típicas de una historia de superhéroes (maniqueísmo, predictibilidad) a lo que se suman los problemas propios del director en cuestión (individualismo exacerbado, fetichización del poder y de la violencia). Más importante, incluso si aceptamos que la fanaticada, en este caso, trabajó en pro del arte, no se debe omitir que sería una excepción. Hollywood es complaciente, teme ofender a sus seguidores. Es puro entretenimiento. Esta es una de las razones por las que Martin Scorsese afirmó que el cine de superhéroes no es “cinema”, no desafía al espectador, no lo obliga a reflexionar. Es un producto hecho por y para el cliente. En esto, las redes sociales juegan un papel crucial. Si la Justicer League de Snyder se salvó gracias a este sistema es solo porque, en este caso, pereciera que las visiones del director y de la fanaticada se alinearon. 

 

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