(Des)aprendiendo a ser madre. «Fugaz», de Leila Sucari

por Jun 17, 2022

(Des)aprendiendo a ser madre. «Fugaz», de Leila Sucari

por

Leila Sucari, Fugaz

Madrid, Tusquets

160 páginas, 17,50 euros

En su segunda novela hasta el momento, Leila Sucari (Buenos Aires, 1987) muestra la “cara B” de la maternidad; los sentimientos escondidos de una madre soltera que afronta la llegada de su primer hijo con la misma cantidad de amor que de miedo.

A lo largo de las 160 páginas que comprenden la novela puede verse un cuestionamiento de la maternidad a través del nacimiento de Gervasio, el primer hijo de la protagonista. Esta, sin identidad propia, vaga por el mundo en busca de un lugar que denominar “hogar” y es, a través de su conciencia, de su visión particular de lo que la rodea, desde donde observa el lector, agazapado como un actante más en una historia que prácticamente no se cuenta.

Definida como una road movie, Fugaz desmonta la idealizada figura de la “buena madre”, describiendo todos los pormenores de hacerse cargo de una criatura impuesta. Gervasio marca el ritmo al que avanza, lentamente, la novela. Su crecimiento es la pauta que refleja el paso del tiempo y la forma de afrontar la realidad de su madre, los cambios de escenario. Así, el período de lactancia se traduce en la unión madre-hijo, a la vez que el sometimiento de la voluntad de ella sobre los deseos del infante, que demanda alimento tanto como ella una salida de emergencia. Y aunque contempla la huida, no es una opción. Al menos, no del todo. No sin Gervasio.

La última mudanza a un pueblo costero de Argentina, motivada por el constante encallar de ballenas que mueren en la playa sin razón aparente, se convierte en el primer atisbo de independencia para esta madre soltera y sola, que carga sobre sus hombros demasiadas preguntas sin respuesta y un título que la ancla de por vida. Allí logrará sincerarse consigo misma y encontrar una paz tan efímera como sus ganas de hacer nido. No será tan fácil cuando conozca a Rosalía, la dueña de la pensión donde vivirán a cambio de horas de trabajo. Los tres juntos formarán una suerte de familia escindida en tres generaciones que servirá, como toda la novela, para dar visibilidad a otras formas de crianza y de “familia” alejadas del canon patriarcal.

Llama la atención, además, la primera persona en la que se cuentan los hechos, de forma completamente subjetiva y dando voz a una mujer en sus experiencias personales como madre primeriza. La mujer que no tiene instinto maternal. La mujer que desea ser mujer por encima de ser madre. La mujer que dice y que no se mantiene callada. Pero también la mujer que nombra, encargada de designar y describir a quienes la rodean y forman parte de su historia. Las ballenas son su punto de fuga o, tal vez, su principal conexión con el mundo exterior, con la realidad.

Esas ballenas varadas son la gran incógnita de la novela, que se disipa conforme el lector comprende el agotamiento al que se ve sometida ella, y entiende que los niños no vienen con un manual sobre cómo ser madre bajo el brazo.