“Gambito de dama” o Cómo hacer del ajedrez algo increíblemente emocionante, tierno y sensual

por Dic 18, 2020

“Gambito de dama” o Cómo hacer del ajedrez algo increíblemente emocionante, tierno y sensual

por

Título original: The Queen’s Gambit

Dirección: Scott Frank, Allan Scott 

Duración: 7 episodios de 60 min (aprox.)

Reparto: Anya Taylor-Joy, Bill Camp, Thomas Brody-Sangster, Harry Melling

Podría entrar en detalle sobre todas las proezas de la que sin duda es una de las mejores series del 2020. Gambito de dama destaca ya solo por su estética cuidada y evidentemente estudiada, y por lograr que el ajedrez resulte más emocionante que cualquier deporte o película de ciencia-ficción. Pero no contenta con ello, encontramos un gran exponente del feminismo (sin ser un obvio intento de subirse al carro y capitalizar el movimiento) y una serie que rechaza nociones empleadas en tantas producciones (algunas muy recientes) sobre la rivalidad internacional y la superioridad estadounidense.

Es frecuente, en el cine, que cuando una persona que resulta ser de género femenino consigue destacar, esta se convierte en su característica más relevante. Se corre el riesgo de convertir al personaje en la mejor “entre todas las mujeres”. Muchas producciones parecen pensar que esto es el feminismo, si bien reducir su experiencia al hecho de ser una mujer destacable en un campo dominado por hombres es infantilización y guetificación, es reducir a una gran jugadora de ajedrez al premio de la número uno…en la mesa de los niños. Cuando están haciéndole una entrevista a Beth, la periodista insiste en centrarse en su experiencia como mujer en un deporte dominado por hombres. Beth se encuentra visiblemente incómoda, y al leer el artículo, le decepciona que no mencionen al Sr. Shaibel, quien le enseñó a jugar, su infancia difícil en un orfanato o, ya puestos, su visión del ajedrez, ya que se trataba de una revista de ajedrez. Lejos de subirse al carro de un feminismo de cartón piedra que no hace sino reafirmar la ideología de género, haciendo hincapié constante en que Beth es mujer y en su feminidad reside su fuerza (como deja bien claro la última adaptación de Los Ángeles de Charlie), se quita de en medio esta problemática con mucha soltura y lo más importante, sin restarle tiempo a la trama, dejando claro que subrayar para bien o para mal el hecho de que sea mujer, es contraproducente. Es indiscutible que se debe sopesar siempre en la balanza que la experiencia femenina diverge de la masculina en muchos aspectos, pero de ahí a darle un premio de participación a las mujeres por el hecho de serlo, hay un trecho.

La producción encuentra tiempo incluso para criticar el uso de la medicina como una herramienta para restar voz a la mujer en los años cincuenta y sesenta: primero, en el orfanato, donde se distribuyen pastillas tranquilizantes a las niñas, lo cual inicia la adicción de Beth; y después con su madre adoptiva, una ama de casa suburbana a quien el médico aconseja recurrir a los tranquilizantes para afrontar el abandono de su marido y el letargo de los días, lo cual culmina en suicidio ante la imposibilidad de afrontar la falta de emoción en su vida. Una subtrama al más puro estilo de Virginia Woolf con tanta sustancia que incluso resulta frustrante, ya que no pueden permitirse ahondar demasiado en ella.

No faltan los intereses amorosos ni la evolución estética de la protagonista, pero incluso estos tienen su razón de ser. Beth es literalmente una genio torturada y adicta, personaje que no solemos ver en su vertiente femenina, y son sus amantes, también grandes ajedrecistas, quienes gravitan alrededor de sus proezas. Los tres intereses de Beth son personajes muy bien construidos, con personalidades distintivas, y sus relaciones con la protagonista no tienen nada que ver. Y si bien nos permiten recrearnos un poco en el ideal de Beth como genio torturada, que sobre el papel es muy romántico y queda estupendo en pantalla, rápidamente se muestra que es una manera de sabotearse, y los hombres, lejos de fomentar su autodestrucción con el propósito de contribuir a su “genialidad” (Beth está convencida de que son las pastillas lo que le da una visión única del tablero) le urgen a poner su salud por delante de su carrera. También hay química a raudales y el guion hace uso de esta para mostrarnos otra dimensión del ajedrez: la tensión y la sensualidad de medirse con otra persona a nivel intelectual, lo cual resulta gratamente (muy) sorprendente.

Por último, la serie rompe con el tópico de “La Guerra Fría” en todos los aspectos de la relación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Los rusos se definen como los rivales más imponentes y uno imagina que los retos más emocionantes para Beth vendrán de la mano de sus rivales soviéticos. Tanto es así, que aquellos que rodean su carrera intentan constantemente politizarla. Necesitada de dinero para ir a la final, un grupo ultra católico le ofrece ayuda a cambio de que haga público su desprecio ante los rusos y el avance del comunismo. Aun sabiendo que probablemente no logre reunir el dinero, Beth se niega. Recurre al gobierno, que aunque se encuentra “sin fondos” decide enviar a un agente con Beth a Moscú. Este, se comporta de manera paranoica, escéptico ante los incansables admiradores rusos de Beth y urgiéndola a compartir con él cualquier cosa que le digan. Cuando finalmente se convierte en campeona del mundo, el gobierno estadounidense no pierde el tiempo en vestir su victoria al ajedrez como una derrota del comunismo soviético (un poco como Nixon con el Dr. Manhattan). Beth, mostrando de nuevo su falta de interés a la hora de politizar uno de los momentos más hermosos de su vida, deja de lado los eventos y pasea hasta un parque lleno de abuelos jugando al ajedrez quienes, en uno de los finales más tiernos y metafóricos que he visto, emocionados al reconocerla se apresuran a darle la enhorabuena con lágrimas en los ojos, sin importarles lo más mínimo que sea norteamericana.

Gambito de dama cuenta con un guion magistral, mostrando matices inimaginables de un deporte que a primera vista puede parecer unidimensional y empleando el ajedrez para explorar diferentes aspectos de la sociedad de la época, todo adornado con una ambientación sublime y unas actuaciones irreprochables.