La empatía como cimiento de la sociedad. “La música como hogar. Una fuerza humanizadora”, de Alicja Gescinska

por Jul 28, 2020

La empatía como cimiento de la sociedad. “La música como hogar. Una fuerza humanizadora”, de Alicja Gescinska

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Alicja Gescinska, La música como hogar. Una fuerza humanizadora

Traducción de Gonzalo Fernández Gómez

Madrid, Siruela

132 páginas, 16,10 euros

Ya nos advirtió Nietzsche que “Sin música, la vida sería una error”. Pero ¿qué porcentaje de verdad esconde, realmente, esta tópica cita que a menudo inunda Twitter e Instagram? Lo cierto es que el filósofo alemán no podría haber descrito de mejor manera la relevancia que tiene la música. Forma parte de nuestro día a día, de nuestra cotidianidad, ya bien de modo intencionado o no, o seamos o no conscientes de ello. Todo esto no resulta extraño teniendo en cuenta que somos música desde que nacemos, porque es el ritmo de un latido lo que nos da vida. Partiendo de este punto, una avalancha de incógnitas nos puede asaltar: ¿Qué influencia tiene la música sobre las personas? ¿Nos hace mejores? ¿Ayuda a construir una mejor sociedad? ¿Cuál es la relación que se establece entre moral y música, bien y belleza? La música como hogar es el ensayo con el que la filósofa Alicja Gescinska (Varsovia, 1981) busca dar respuesta a estas preguntas.

La autora acerca la reflexión al lector a través de un amplio abanico de referencias artísticas, dentro de las cuales ocupa un lugar especial la comparación con el ámbito literario. Además, alusiones a compositores polacos como Chopin o Penderecki ponen de manifiesto la estrecha relación que la música ha entablado entre Gescinska y sus orígenes, su hogar. En esta línea se puede destacar que su discurso viene siempre acompañado de anécdotas, vivencias y experiencias personales que facilitan un ameno ritmo de lectura. Por otro lado, también se distingue una diversa presentación de perspectivas filosóficas, abarcando desde Platón, pasando por Kant, hasta Stein o Lipps; y  cobrará especial importancia la corriente fenomenológica.

La música, más allá de lo que podamos pensar, no es solo entretenimiento, aunque este sea un factor fundamental. Gescinska indica que la música es empatía porque cuando la escuchamos «la valoración estética y la emoción son simultáneas a la percepción sensorial». Esto es lo que favorece la «comprensión interpersonal», el ponernos en el lugar del otro, conocer su mundo interior y actuar en consecuencia. La música lo que permite es acercarnos a la otra persona (que deja de ser ajena para nosotros) y mirarla cara a cara. Así pues, teniendo en cuenta que el ser humano es social por naturaleza, la empatía resulta ser una característica esencial para mejorar la sociedad. Arquitectos, publicistas, profesores, etc. necesitan realizar un constante ejercicio de empatía para desempeñar su trabajo. No obstante, la música también permite conocernos a nosotros mismos, porque del mismo modo que nos acerca al prójimo nos está acercando a nuestro propio mundo interior. De alguna forma, actúa como un espejo a partir del cual podemos sumergirnos en nuestro yo más profundo.

Al mismo tiempo, Gescinska muestra que la música es hogar porque crea un espacio al que siempre podemos acudir. El ejemplo más claro lo encontramos en la cuarentena recientemente vivida, mientras que estábamos en nuestras casas había una constante demanda de música en las redes. ¿A qué se debía? ¿Tan solo aburrimiento? Lo cierto es que ante una situación en la que nadie sabía cómo actuar, en la que nos veíamos perdidos, en la que las casas más que hogar parecían jaulas, intentamos buscar un verdadero hogar en la música que nos volvía a conectar con nosotros mismos: en los conciertos generosos ofrecidos desde algún salón. Sin embargo, no hemos de caer en el error de pensar que la música es la solución a todos los males, pues a pesar de ser un factor que influye en las personas no determina quiénes ni cómo son.

Al final del libro Gescinska escribe que «El mundo sufre una grave falta de incomprensión y un exceso de individualismo» y es en este punto donde la música entra en juego. Así que, frente a la actual tendencia de intentar quitar el apoyo (económico y social) a las carreras de compositores, intérpretes y musicólogos, porque aparentemente no aportan nada funcional, quizás antes debamos pensárnoslo dos veces.

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