La transición. “Cadáver exquisito”, de Agustina Bazterrica

por | Jul 27, 2020

La transición. “Cadáver exquisito”, de Agustina Bazterrica

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Agustina Bazterrica, Cadáver exquisito

Barcelona, Alfaguara

256 páginas, 17 euros

La normalización de lo que antes constituía una aberración ahora hace parte de lo cotidiano: la legitimación del canibalismo. Agustina Bazterrica (Buenos Aires, 1974) presenta en esta novela un tema áspero y controvertido a través de la historia protagonizada por Marcos Tejo, un hombre que cumple a cabalidad su rol de hijo ejemplar y destacado funcionario de un frigorífico. El tema que propone dicha autora podría ser real en medio del contexto actual en el que un virus genera pánico, incertidumbre y muerte.

El canibalismo suscita el debate ético, político, ecológico, social y cultural, se trata pues de una novela que se puede interpretar desde diversas perspectivas. Aun así, no deja de exponer un tema incómodo, pues precisamente no es nada fuera de lo real en el sentido en el que el proceso de faena de los animales para el consumo humano es análogo a lo que se describe con tanto detalle en el proceso de faena humana; es por esto que, en cierto sentido, hay que “tener vísceras” para encarar este libro. Y es precisamente por eso, que constituye una distopía, la sospecha de que un virus animal es inventado para reducir la superpoblación y la carne humana pasa a ser parte del consumo.

La novela sigue un hilo conductor a través de su protagonista y su entorno más próximo como lo son su familia y su trabajo. Constituida en dos partes, a modo de un antes y un después del personaje de Jazmín, la segunda parte de la novela comienza con una cita de Beckett que trae la figura de la jaula representada de manera figurada y explícita a lo largo de la historia narrativa a través de imágenes como los cuerpos encerrados como carne de crianza, las personas que viven en sus casas, la ciudad en toque de queda, el geriátrico, el zoológico y el cuarto donde el protagonista Marcos Tejo deja encerrada a Jazmín, en el que instaló una cámara para vigilarla. Se trata de una hembra de excelente calidad que le fue obsequiada para su consumo.

De forma simultánea, la autora presenta los sentimientos humanos elevados a la máxima potencia: odio, tristeza, dolor, lástima, indiferencia, impotencia, sufrimiento y miedo, productos de una sociedad, si se puede decir, silenciosa y a la vez voraz, pues prevalece la supervivencia a cualquier costo. Se trata de una narración cruda, sin reparos, con personajes que no tienen dilemas morales ni éticos con el hecho de cazar y comer personas, de criarlas y convertirlas en un bien de consumo humano en el que los procesos de trazabilidad son cuidadosamente controlados y supervisados. Y es aquí donde se puede observar la explicitación de conceptos como la vigilancia, el poder y el control en relación al cuerpo y al lenguaje.

Es aquí donde al margen de la historia narrativa el lector comienza a entrever el trasfondo de la novela a través de un acto claramente específico, a saber, la incisión de las cuerdas vocales a los humanos que se tienen como carne para el consumo, es decir, la eliminación del habla constituye, no solo como menciona la novela, la sumisión y la eliminación del grito en el momento del sacrificio, sino también la eludición de cualquier posibilidad de comunicación a través de la palabra. El humano sin voz es un cuerpo-objeto valorado por sus características genéticas; es más, la supresión de la palabra “humano” para designar a este producto es el signo de eliminación de la identidad.

En la novela se evidencia cómo el poder atraviesa las esferas institucionales, los ámbitos de la vida cotidiana, penetra en los cuerpos y se inserta en la mente para fraguar, como acontece con el protagonista de la novela, la manipulación para el beneficio propio. Cadáver exquisito suscita, si se quiere, el debate biopolítico y no menos actual. Asimismo, abre la posibilidad de un compromiso intelectual, político y ético: el cuerpo como el lenguaje es objeto de control y de resistencia.

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