La Revolución será feminista o no será. “El aliado” de Iván Repila

por | Mar 31, 2019

La Revolución será feminista o no será. “El aliado” de Iván Repila

por

El aliado, Iván Repila

Barcelona, Seix-Barral

255 páginas, 18,50 euros

Mentiría si dijese que no comencé a leer El aliado de Iván Repila (Bilbao, 1978) con una idea preconcebida. Mentiría de nuevo si no admitiese avergonzarme de haber caído en el infantil error del prejuicio, pero también mentiría si negase que mi idea inicial no coincidió en absoluto con la final. La culpable de este galimatías fue, sin duda, la sinopsis de la novela, pues Repila aborda uno de los temas sociales más delicados de la actualidad a través de un protagonista masculino que, “convencido de que toda conquista social ha requerido una revolución violenta para llegar a ser efectiva, decide emprender una campaña anónima de machismo extremo para provocar un cambio radical”. Sin embargo, al igual que este resumen de la trama me hizo pensar que me encontraba, una vez más, ante una novela androcentrista, fue también lo que prendió mi curiosidad hacia ella.

La intención de Repila cuando decidió escribir esta novela fue hacer un profundo ejercicio de autorreflexión, pues a través de un joven innominado lleva a cabo un riguroso examen de la estructura patriarcal que rige el sistema y la manera en la que condiciona nuestra existencia. La atmósfera machista que envuelve al protagonista en las primeras páginas del libro es la razón por la cual decide cuestionar la concepción del mundo que ha adquirido inconscientemente desde su nacimiento. Al abandonar dicha atmósfera, conoce a Najwa, una feminista que le abrirá los ojos y mostrará que la mujer aún se encuentra en una posición de desventaja. Mediante el diálogo, el protagonista se percata paulatinamente de este hecho e incluso llega a detestar haber adquirido conciencia: “Sus palabras me pesan como sentencias, y me molesta, porque yo sólo quería mirar su culo […] y no pensar, no pensar en nada de esto, seguir tan ciego como antes, no hacerme preguntas, vivir tranquilamente”. Si se permite la digresión, es fundamental tomar conciencia del comportamiento propio, pues así, y solo así, podrán reconocerse los errores y se logrará alcanzar la capacidad de subsanarlos y evolucionar. Es el momento de rechazar el mito de la ignorancia y la felicidad ya que su aceptación solo conducirá a la precariedad intelectual y, por tanto, a la mayor facilidad de manipulación. En resumidas cuentas, resignarse supone que resuciten los indeseables fantasmas del pasado. El protagonista, consciente de esta problemática, decide actuar sobre lo que estima el mayor error del movimiento feminista: la inexistencia de violencia. Pese a que Najwa aclara la razón por la que la revolución feminista no puede ser violenta (“No se trata de dinamitar un edificio y que caigan los cascotes, sino de borrar, con paciencia, todas las capas que nos han llevado hasta este punto”), el protagonista no se muestra conforme y decide crear un grupo activista que provoque una intensa oleada de violencia machista, con el fin de conseguir que las mujeres reaccionen y comiencen a combatir literalmente contra el patriarcado.

La genialidad de la novela reside en que la evolución del personaje puede coincidir con la del lector masculino, aunque este último no experimente un desdoblamiento de personalidad casi al estilo de Dr. Jekill y Mr. Hyde. Sin embargo, una lectura superficial podría llegar a ser nociva porque, aunque la campaña machista de Garbo y Vergo (los alter ego del protagonista) resulte favorable para las mujeres, no puede ser que a través del propio patriarcado se solucionen los problemas que él mismo provoca y alimenta. Esto no quiere decir que, personalmente, excluya a los hombres de la lucha feminista, pero el final de la novela más que una lección de trabajo en equipo puede dar a entender, una vez más, que el hombre es el héroe que salva siempre a las “Princesas”. Cabe destacar que los beneficios que las mujeres consiguen en la ficción realista de Repila se alcanzan gracias al empleo de la violencia y que no hemos de olvidar que “la violencia puede ser justificable, pero nunca será legítima” (Hannah Arendt, Sobre la violencia).

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