La cólera canta, oh musa, de la reina de Ítaca. “Penélope”, de Lidia G. Merenciano
Penélope, Lidia G. Merenciano (@lidiamerenciano)
Barcelona, Ediciones B
448 páginas, 21’75 euros
En la última década y a lo largo y ancho del mundo, las librerías han incorporado a sus estantes novelas que relatan los mitos de la Antigüedad desde una nueva perspectiva. En el caso de la mitología grecolatina, las escritoras en lengua inglesa constituyen el núcleo de este fenómeno editorial, pero, por fin, ¡por fin!, ha aparecido en el mercado una autora española que hará compañía a Irene Vallejo y El silbido del arquero. Hablo de Lidia G. Merenciano, la joven arqueóloga y antropóloga física que ha cautivado el corazón de cientos de miles personas en redes sociales gracias a su labor como divulgadora, que ha publicado su primera novela, Penélope (2024).
El éxito de la novela ha sido tal que, una semana después de su publicación, la editorial anunció una segunda edición en marcha. Esto refleja el poder de convocatoria de Merenciano, pero, sobre todo, sirve como indicador del interés que la Antigüedad despierta en la comunidad lectora.
En Penélope, la reina de Ítaca protagoniza un desenlace a la Odisea que los aedos no cantaron y que, en consecuencia, se aleja del canon literario. Sin embargo, esto no significa que la autora deje a un lado la tradición textual, sino que se inspira en fuentes menos populares que los poemas homéricos, como, por ejemplo, La descripción de Grecia de Pausanias (c. siglo II d.C.), en la que el historiador indica que la tumba de Penélope se encuentra a cientos de kilómetros de distancia de Ítaca. ¿Cómo puede ser si, según creemos, Penélope y Ulises vivieron felizmente después de reencontrarse, pasados veinte años entre la guerra de Troya y el regreso a casa del héroe? ¿Verdaderamente toleró Ulises que Penélope conviviese con los pretendientes que deseaban usurpar su trono en su ausencia? Gracias a estas y otras preguntas, así como al hábil uso de las fuentes, la autora nos presenta a una intrépida Penélope que, forzada al exilio, emprende un arriesgado viaje en busca de justicia colmado de aventuras e inesperadas amigas, aliadas y enemigas que determinarán el rumbo de su destino. De este modo, Merenciano desteje la concepción tradicional de Penélope como modelo de fidelidad y resiliencia femenina, y teje una alternativa más allá del espacio doméstico con la que nos invita a reflexionar acerca de la capacidad de las mujeres para actuar de manera independiente en la Antigüedad y a cuestionar las ideas tradicionales de la ira, el poder o la fidelidad.
No obstante, en Penélope no sólo se cuestiona el canon femenino, sino que se desenmascara la toxicidad de esos héroes o, si se prefiere, de esos modelos de masculinidad que, como Ulises, se perpetúan en la historia como ejemplos de ingenio y resistencia, pero que, en última instancia, sólo demuestran saber ejercer su poder mediante la violencia. En oposición a Ulises, encontramos a Leo, un personaje fruto de la imaginación de la autora que acompaña a Penélope en su viaje por propio interés. Sin embargo, no espere la lectora o el lector de esta novela encontrarse un romance. Probablemente la ausencia de este es la crítica más frecuente que ha recibido la novela, pero Merenciano elimina este cliché hollywoodense para visibilizar que las vidas y las ambiciones de las mujeres no se reducen a amar y ser amadas, mucho menos cuando ese supuesto amor te traiciona y te arrebata el reino que has gestionado en su ausencia durante más de dos décadas. De hecho, la trama de Penélope es tan absorbente y la evolución psicológica de sus personajes está tan bien llevada que la novela no necesita esos apaños pseudorománticos para enganchar a sus lectores.
Todo este entramado de historias y personajes se articula en torno a una estructura que combina lo asombroso de la fantasía y lo emocionante de la aventura. Esto, junto con los inesperados giros de guion, hace casi imposible querer cerrar el libro. Aun así, la autora intercala capítulos en los que los personajes narran otras historias mitológicas que, además de enriquecer la trama principal, ofrecen un respiro en medio del ritmo vertiginoso de la novela.
El éxito de esta novela en concreto y, en general, de este género es la evidencia del creciente interés de la comunidad lectora por la Antigüedad, pero no únicamente por la que nos ha transmitido el relato tradicional, no: el verdadero interés está en la manera en que novelas como Penélope cuestionan el discurso hegemónico con coherencia y audacia. Las heroínas míticas, esas grandes ignoradas por el canon literario, nos devuelven una historia que, por fin, se nos cuenta desde otro lugar: el de las que siempre estuvieron a la sombra de los héroes. Ojalá el éxito de Lidia G. Merenciano y su Penélope sea el impulso necesario para que este género despegue en España.
Gema Domínguez González es estudiante de doctorado en el Programa en Estudios Lingüísticos, Literarios y Teatrales de la Universidad de Alcalá. Su tesis se centra en la recepción de la mitología grecolatina en la narrativa contemporánea escrita por mujeres. Fue codirectora de Contrapunto entre los años 2018 y 2020. Actualmente coordina la sección de Artículos.

