El uso correcto de la libertad. “La puta respetuosa” de Jean Paul Sartre

por | Jun 6, 2019

El uso correcto de la libertad. “La puta respetuosa” de Jean Paul Sartre

por

En el mundo de las letras, a la hora de acercarse a la producción de un autor, es frecuente clasificar a un autor de acuerdo a sus grandes creaciones; es decir, definirlos como poetas, novelistas, ensayistas, de acuerdo la relevancia e impacto de determinadas obras entre su público. Sin embargo, es común que muchos de ellos toquen otros palos durante su carrera, como también es común que estas obras no solo no tengan la relevancia de las principales, sino que la presencia del artista en este ámbito, más secundario, incluso llega a ser desconocida. El ganador del Premio Nobel Jean Paul Sartre (París, 1905 – París, 1980) entraría dentro de ese saco de autores.

La imagen generalizada de Sartre es la del ensayista y filósofo, la de uno de los baluartes del existencialismo francés de mediados del siglo XX. Con ensayos tan trascendentales como El ser y la nada (1943) o El existencialismo es un humanismo (1946), deja evidencia de sus teorías filosóficas sobre la existencia, tratando temas como la libertad, la conciencia o el absurdo de la condición humana. A su vez, plasmó su pensamiento filosófico en sus novelas, donde La náusea (1938), una de las claves para comprender de una forma más práctica su visión existencialista, adquiere vital importancia en su producción y lo encubra también como novelista.

No obstante, su producción no encuentra sus límites en este punto. Suele pasar desapercibida la notable —a pesar de ser poco prolífica— presencia de Jean Paul Sartre en el teatro. Como dramaturgo, escribió varias obras en las que el eje temático recogía, con el contenido crítico al que acostumbraba, algunos de los postulados del existencialismo. El espectador —o lector— se encuentra ante un teatro centrado en el individuo y los problemas que le asolan, tanto a nivel interno como contextual, donde los personajes están plenamente humanizados. En ellas, Sartre pone sobre el tablero algunos de los conflictos humanos que más le interesaban, como la libertad, la culpa o el compromiso ético y moral. Por consiguiente, Sartre presenta ante un teatro crudo, pero necesario a la hora de mover conciencias.

Entre las obras teatrales de Sartre, especial interés suscita el análisis de La puta respetuosa (1946), debido principalmente al conflicto ético del que participan los personajes, así como de sus consecuencias. En la obra, Lizzie, una joven que acaba de mudarse al sur de Estados Unidos, se encuentra ejerciendo la prostitución con un cliente cuando recibe la visita de un hombre de raza negra. El sobrino de un poderoso senador ha asesinado en presencia de Lizzie a otro hombre, también de dicha raza, y para cubrirse las espaldas ha acusado a este, quien viajaba junto a él, de intentar violarla. Es en este punto cuando surge el conflicto ético que sustenta la obra, cuando su cliente, Fred, regresa para descubrir sus cartas: no estaba en casa de Lizzie por sus servicios, sino porque es el hijo del senador, y pretende convencer a Lizzie de que testifique a favor de su primo. Lo intentará mediante el dinero o las amenazas, pero la joven, a pesar de su condición, rechazará el acuerdo, a pesar de sufrir también la intimidación de unos policías que harán presencia en escena. Sin embargo, habrá un elemento de la trama que vencerá su voluntad: la aparición del senador y sus chantajes emocionales, con los que conseguirá, apelando a la empatía y la sensibilidad de Lizzie, derrotar sus defensas y conseguir que firme una declaración jurada a favor de su sobrino. Pero esto no quedará así, sino que el cargo de conciencia atormenta a la protagonista, que termina ofreciendo su casa para esconderse del linchamiento hasta que pase la masa encolerizada que lo busca. Finalmente, Fred vuelve para tratar de tomar a Lizzie como amante.

Son diversos los dilemas que plantea La puta respetuosa sobre el personaje de Lizzie y la condición humana. La decisión que debe tomar la protagonista abarca conceptos tratados universalmente en la filosofía, tales como el bien común, la ética o la justicia. Sin embargo, la libertad será lo que funcione como eje de la obra, ya que la libertad de elección de Lizzie determina su desarrollo y desenlace. Sartre ofrece a un personaje de baja condición social la elección que marca el futuro de dos personas: una de menor condición que la suya, pero otra muy superior. Por esta razón, son diversos los posibles factores que puede valorar Lizzie a la hora de tomar su decisión: el hecho de que la sociedad repudie al inocente por cuestiones sociales, lo beneficioso para sus intereses de ayudar al senador o el factor moral.

Por un lado, hay que valorar la libertad individual de Lizzie, de acuerdo a sus necesidades inmediatas. La decisión, aunque compete a la protagonista, también determina las consecuencias para el hombre negro y para el sobrino del senador. Pero su decisión no será fácil, al menos no desde su perspectiva. Crea una dialéctica entre el deber y la necesidad, al deber elegir entre salvar al inocente o ganar los privilegios que del acuerdo pueda extraer, materializados en una mejora sustancial de sus condiciones de vida. Esta dialéctica también se da entre el bien común y la ética, si, como en uno de los argumentos que el senador le da a la protagonista, se tiene en cuenta el futuro de ambos individuos: el hombre negro carece de futuro, pero el sobrino del senador es militar y empresario, y puede tener un papel fundamental en el desarrollo de su país. Por lo tanto, también debe valorar si es preferible dar prioridad a la moral y la justicia condenando al asesino, o al bien común -algo susceptible de duda, pues a pesar de sus aportaciones a la sociedad sigue siendo un asesino-. Aunque en un principio sea el bien común lo que prime en la elección de la protagonista, finalmente su cargo de conciencia la lleva a salvar al inocente, imponiéndose la ética, aunque tarde, a tiempo.

Se va construyendo así, progresivamente y como un rompecabezas, un crisol de alternativas que aumenta la duda de Lizzie y convierte su elección en un verdadero conflicto interno. Sartre encumbra la importancia del concepto libertad y de sus consecuencias, ya que, en la obra, es la libertad de una persona socialmente insignificante la que determinará el futuro de muchas otras. De esta forma, se profundiza en La puta respetuosa no solo sobre el conflicto de segregación social en Estados Unidos, sino también sobre un conflicto que está muy presente en cualquier ser humano: la capacidad humana de emplear su libertad individual para hacer el bien. Es esto lo que hace necesario y en lo que consiste el teatro de Jean Paul Sartre; una exposición de la condición humana al desnudo, que lleva al análisis y a la autocrítica, imprescindible para que la humanidad continúe por la senda correcta.

¿Te ha gustado el artículo? Puedes ayudarnos a hacer crecer la revista compartiéndolo en redes sociales.

También puedes suscribirte para que te avisemos de los nuevos artículos publicados.