“Maléfica: maestra del mal”. Una huida hacia los valores tradicionales en tiempos de crisis política

por | Nov 5, 2019

“Maléfica: maestra del mal”. Una huida hacia los valores tradicionales en tiempos de crisis política

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La película se inicia con la propuesta matrimonial del príncipe Phillip de Ulstead a una jovencísima Aurora que con 21 años determina aceptar el enlace. Obviamente, Maléfica muestra el desagrado que le produce la noticia, pues es una firme detractora del amor romántico. El culmen del desacuerdo se alcanza durante la cena concertada para que los padres se conozcan. Durante la velada, la majestuosa Michelle Pfeiffer, que da vida a la reina Ingrith, se explaya en un sinfín de desplantes hacia la madre de Aurora, que es interpretada por Angelina Jolie. El padre del novio, el rey John, cae desplomado al suelo y queda sumido en un sueño, lo que provoca que Maléfica sea acusada por todos los presentes, incluida Aurora, de realizar un encantamiento. El hada huye precipitadamente y un esbirro de la reina Ingrith le dispara una bola de hierro a su espalda haciendo que esta se precipite al mar, donde será rescatada por Conall, que le mostrará el exilio sufrido por los de su especie. Mientras Aurora es moldeada a imagen y semejanza de su nueva madre humana, Maléfica ahonda en sus orígenes. Los días se van sucediendo en unas Ciénagas sin reina, lo que propicia sobre sus habitantes la amenaza de la reina Ingrith de Ulstead. Tanto Aurora como Maléfica descubren los cuestionables actos de la regente de Ulstead, que derivará en una guerra entre humanos y seres sobrenaturales. Finalmente, los dos mundos se unen simbólicamente cuando se produce el enlace entre Aurora y Phillip, ambos con un discurso moderado y pacifista sobre la aceptación de las diferencias y la convivencia.

Si algo caracterizó a la primera entrega, fue la adaptación de un cuento clásico a los nuevos valores que las sociedades actuales defienden. Sin embargo, esta segunda entrega parece volver a los dogmas tradicionales.

En la primera parte se ensalza el amor maternal, donde una madre es capaz de romper el tenebroso encantamiento que ella misma ha pronunciado y salvar a su hija. Es preciso recordar que Maléfica no es la madre biológica de Aurora y, aunque en un principio parecía ser la villana del cuento, termina siendo víctima de su propio hechizo, ya que todo aquel que conociese a la princesita acabaría enamorándose de ella. Así pues, vemos como Disney nos introduce un cambio hacia la diversidad de las dinámicas familiares, presentándonos un núcleo monoparental. 

En la película que se estrenó el pasado 18 de octubre, encontramos una inesperada vuelta al modelo clásico de familia, representado en el enlace entre Phillip y Aurora, que nos muestra una visión tradicionalista de los núcleos familiares representada por una pareja heterosexual, en la que Aurora abandona las Ciénagas y, por lo tanto su sueño inicial, para ser la regenta del castillo de Ulstead y formar parte del canon heteropatriarcal formado por una madre, un padre y un futuro hijo.

Si bien es cierto que se mantiene la relación entre Maléfica y Aurora, el mensaje de este largometraje completa al anterior con cierta toxicidad, ya que muestra a una madre capaz de perdonarlo todo a un hijo sin necesidad de que este muestre arrepentimiento. Un ejemplo de esto lo vemos en la demoledora escena en la que Aurora le pide a Maléfica que cubra sus cuernos con un velo negro para que no asuste a los padres de Phillip. Además, Aurora acusa sin ninguna duda a su madre de haber hechizado al rey John, sin tener prueba alguna, al igual que todos los presentes en la cena. 

La película de 2014 rompe con los estereotipos del amor romántico ya que Phillip es incapaz de despertar a Aurora. Evidentemente el hecho tenía una fundamentación de la que carecían los cuentos clásicos, y es que es imposible enamorarse a primera vista de alguien, pues lo que se llama amor es atracción física. Uno de los puntos más cómicos de la primera entrega de Maléfica lo encontramos en la parodia del beso, donde Phillip se muestra reacio a besar a una Aurora inconsciente que conoce únicamente de vista. Este solo accede a las peticiones de las hadas bajo el supuesto de que quizá podría salvarla del encantamiento.

En cambio, en la secuela, precipitan el matrimonio entre Aurora y Phillip y dan prioridad al amor que se tienen el uno por el otro por delante del cariño hacia sus parientes. Aurora muestra una injustificada desconfianza hacia Maléfica y Phillip hace alusión, durante casi todo el metraje, a que su futura esposa es su auténtica familia y parece tener una relación un tanto disfuncional con sus progenitores, visible en su reacción ante el desvanecimiento de su padre. Por lo tanto, resulta sorprendente la decisión de la pareja de vivir en Ulstead en lugar de en las Ciénagas.

Tanto la primera entrega como la segunda tienen un trasfondo político, pero ha resultado más evidente en la última. La película estrenada en 2014 muestra a un rey Stefan airado contra las Ciénagas, que desea imponer su soberanía sobre otra etnia, cultura y territorio. El conflicto colonial se ve ensombrecido por la historia de amor trágica entre este y Maléfica. Stefan se perfila como un hombre avaro que, por su traición al hada, inicia una serie de políticas de conquista hacia el reino mágico; todas ellas producto de un temor desmedido que finaliza en un delirio desquiciado.

Sin embargo, para esta entrega, la antagonista, Ingrith de Ulstead, desarrolla un terrible plan contra las Ciénagas que pasa por el secuestro, la experimentación, tortura y exterminio de la población mágica. La villana es reina de un mundo humano con pretensiones colonialistas sobre los seres sobrenaturales que viven en el exilio por la ambición desproporcionada de la raza humana. Inevitablemente, las posturas encontradas de ambos mundos desembocan en una guerra que finaliza a través de sendos discursos de paz tanto de Phillip como de Aurora.  

Maléfica: maestra del mal es un sinsentido con respecto a su antecesora, desde la construcción de los personajes pasando por la elaboración de la trama y llegando al happy ending

Aurora finaliza la primera parte de la bilogía deseando vivir con Maléfica en las Ciénagas, siendo la voz de la concordia y de la razón y, su repentino cambio de parecer, solo se ve justificado bajo una perspectiva de amor romántico fundamentado en cuatro años de relación con Phillip. Tampoco es asumible para el espectador que esta joven reina determine confiar en la palabra de Ingrith cuando su madre es acusada de lanzar un hechizo sobre el rey John. Además, carece de lógica que Aurora encorsete a Maléfica en aras del qué dirán de los reyes de Ulstead. El personaje es una digna representación del prototipo de adolescente malcriada que asume la oscuridad de su suegra cuando es obligada a vestirse acorde a las normas cortesanas de su nuevo hogar. Lo que termina por desconcertar es que este personaje parecía querer volver a su reino, pero tras el desposorio vuelve a abandonar las Ciénagas para no volver jamás, ya que se instala en el palacio de Ulstead. 

La reina Ingrith tampoco termina de presentarse como un personaje redondo. Esta villana justifica su genocidio por un trauma infantil del todo inverosímil para tales actos de maldad. Su completo odio por una raza se fundamenta en que su hermano desapareció en un viaje como emisario a las Ciénagas. 

El personaje del príncipe Phillip merecería, en esta película, el epíteto: el empalagoso, ya que termina de romper con toda la racionalidad de la que hacía gala en el primer largometraje. Se encuentra profundamente enamorado de Aurora hasta el punto de desmerecer el acto trágico que sume a su padre en un profundo sueño. No parece tenerle mucho aprecio tampoco a su madre y aun así decide quedarse a vivir junto a Aurora en el castillo. Acaba siendo laureado por su padre, a pesar de que su participación en la guerra se limita a dar un discurso, plagado de clichés, sobre la convivencia.

Los agujeros en la trama se hacen muy evidentes al salir de la sala. El espectador no puede evitar preguntarse cómo es posible que los seres más poderosos de la tierra se hayan visto obligados a exiliarse años atrás precisamente cuando el arma definitiva contra ellos es descubierta a la luz de las investigaciones de Ingrith. Disney nos vende que en esta nueva entrega descubriremos los orígenes de Maléfica; sin embargo, solo nos cuentan que la protagonista pertenece al grupo de los feéricos y al mismo tiempo nos dicen que es la única descendiente del fénix, pero no se explica si son castas, etnias o especies. El espectador tampoco entiende por qué es la única feérica de las Ciénagas ni por qué es la única descendiente viva del fénix. Nos encontramos ante un dilema darwiniano ¿cómo los feéricos más poderosos han sucumbido a los humanos, dejando a una única descendiente y sobreviviendo los más débiles?

Resulta cómico que, tras una cruenta batalla, los supervivientes de ambos bandos firmen la paz por las palabras edulcoradas de Aurora y Phillip. Feéricos y humanos llegan a lanzarse miradas de complicidad en lo que segundos antes era el campo de batalla. Disney ha descartado matar a la villana imponiéndola un castigo ridículo e infantil: la convierten en un macho cabrío blanco con collar de brillantes. Todo ello desemboca en un happy ending propio de un cuento clásico.

Finalmente, es preciso señalar que esta película rescata la enemistad entre suegras. Vuelve a la gran pantalla la mítica disputa familiar basada en estereotipos retrógrados donde dos mujeres se pelean entre sí por ver quién tiene el control sobre el núcleo familiar. Ingrith es la representación del personaje de la ogra que aparecía en la segunda trama – menos conocida por el público general – de La bella durmiente del bosque del autor francés del siglo XVII, Charles Perrault. 

Tras los hechos descritos, Disney parece haberse acobardado ante los tambores de cambio social que enarbolaba en el primer largometraje. Veremos si esta vuelta a los valores más tradicionales es un hecho puntual o si estos cambios se consolidarán en sus próximos estrenos.

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