“Narcos: México”: Historia de un comienzo

por | Ene 19, 2019

“Narcos: México”: Historia de un comienzo

por

Narcos: México

Creadores: Carlo Bernard, Doug Miro

Reparto: Diego Luna, Michael Peña, Tenoch Huerta, Joaquín Cosío, Fernanda Urrejola, Alyssa Diaz

Duración: 10 episodios (50 minutos aproximadamente c/u)

Uno de los pesos pesados de Netflix estrena temporada. Narcos: México hizo su aparición en la plataforma a finales del año pasado. Tal y como se nos anuncia desde el título, la trama abandona Colombia y se sitúa en el país norteamericano. De hecho, se anuncia como el inicio de una serie diferente, aunque aspectos tales como la producción, la concepción de la temporada como un falso documental, e incluso la construcción de la trama en cada uno de los episodios recuerda demasiado a las anteriores historias de Narcos, con lo que más bien se nos ofrece una cuarta temporada de un mismo producto. Con particularidades propias, eso sí.

La acción se sitúa en los años ochenta, cuando el narcotráfico mexicano se limitaba al cultivo y contrabando de marihuana y amapola. En este contexto surge la figura de Miguel Ángel Félix Gallardo (interpretado por Diego Luna), antiguo policía sinaloense a quien se le ocurre la idea de que la unión de los capos de la droga los beneficiaría a todos. Su propuesta conquista al resto de narcotraficantes, que se unen para formar una suerte de organización clandestina. Gallardo también es el primero en contactar con los cárteles colombianos para introducir cocaína a los Estados Unidos a través de México, demostrando una ambición que precipitará los acontecimientos. Contra el imperio que se está construyendo ante sus ojos se encuentran los miembros de la Drug Enforcement Administration, o DEA, la organización norteamericana de lucha contra el narcotráfico. Dicho organismo se presenta como muy diferente al que habíamos visto en las temporadas anteriores. En sus inicios, la DEA en México tenía un papel mucho menos relevante y recursos más limitados, lo que supone un obstáculo en las pesquisas del héroe, antagonista de Gallardo, Enrique “Kiki” Camarena (interpretado por Michael Peña). Este personaje, un idealista recién llegado a una Guadalajara corrupta, no tiene mancha. Abnegado en su trabajo, amante esposo, es el único capaz de entender lo que los señores de la droga están cociendo ante sus ojos. No podemos evitar las comparaciones con Javier Peña (interpretado por Pedro Pascal), asimismo agente de la DEA en las anteriores temporadas pero con una personalidad mucho menos idealizada. En este caso, si bien el trabajo de Michael Peña es más que digno, la construcción del personaje es mucho más simple. Se trata aquí de representar a un héroe que lucha contra un mal generalizado. Resulta sospechosa dicha relación antagónica, ya que crea la vaga idea de que el problema del narcotráfico mexicano se puede resumir en una lucha entre malos y buenos. La maldad, en este caso, no se representa en la figura de Gallardo, personaje que se muestra muy inteligente pero siempre subsidiario de un sistema que atañe a las más altas esferas de poder del país azteca. Sin quitar ni un ápice de responsabilidad a las instituciones mexicanas, el papel de los Estados Unidos en el establecimiento de las redes de narcotráfico para que se convirtieran en lo que hoy en día son fue mucho mayor del que nos muestran las tímidas pinceladas que se atreven a admitir los creadores de la serie. En este sentido, habrá quien argumente que se trata de una ficción. Por supuesto, y por ese motivo encontramos multitud de licencias que se explican por la coherencia argumental. Pero se le debería exigir rigor histórico y mayor imparcialidad a una serie que se presenta como un falso documental y que pretende no solo entretener, sino “explicar” los inicios de una situación de violencia que está desangrando actualmente al país centroamericano.

En definitiva, lo cierto es que en un conflicto de las características que presenta el narcotráfico en México no se puede hablar de héroes y antihéroes. La corrupción y la impunidad son las verdaderas protagonistas de la temporada, sustentadas por un sistema que eleva con las alas del dinero negro a campesinos semianalfabetos. Siempre teniendo en cuenta que nos encontramos ante una ficción con una ideología detrás, la temporada como tal presenta elementos por los que merece la pena, tales como una ambientación muy cuidada, excelente fotografía y buenas actuaciones, entre las que destaco, motu proprio, la de un brillante Joaquín Cosío como Don Neto, el más mexicano de los narcos mexicanos. Una buena serie en su construcción, a la que se debe tomar con cautela en la exposición de los hechos históricos, que tantas consecuencias tienen hoy en día.   

 

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