De camino al Cataclismo. “El poder” de Naomi Alderman
Naomi Alderman, El poder
Traducción de Ana Guelbenzu de San Eustaquio
Barcelona, Roca Bolsillo
352 páginas
12,30 euros
Juzgué al libro por la portada: la estética de la propaganda de mediados del siglo XX siempre me ha resultado irresistible. Y la reseña de Margaret Atwood que corona la portada (“¡Electrizante!”) terminó de convencerme. Como Allison, una de las protagonistas de esta novela, empecé a escuchar una voz en mi cabeza: “compra, compra” me decía. Aunque a mí me exhortó el consumismo, el poder es con el que Allison dialoga.
En efecto, el ejercicio del poder es el tema en torno al cual se despliega la ingeniosísima trama de ciencia ficción de Naomi Alderman (Londres, 1974). Inesperadamente en un día cualquiera de nuestra era, en las niñas de alrededor de los catorce años se despierta la capacidad de transmitir electricidad de alto voltaje a través de su cuerpo. Las familias entran en estado de shock. Cunde el pánico en los gobiernos. ¿Qué deben hacer con estas niñas, con este repentino poder inconmensurable que, además, pueden despertar en otras mujeres? Como suele ocurrir con los movimientos que desafían las ideas del pensamiento hegemónico, la reacción inicial de la sociedad (estereotípica ya de tan repetida a lo largo de la historia) consiste en considerar la nueva realidad como una enfermedad que debe ser erradicada sin contemplaciones. Esta reacción es un reflejo de la profunda incomodidad de quienes ostentan el poder hacia cualquier intento de reorganizar el orden simbólico, y Alderman evidencia ese miedo cada vez con más claridad y crudeza a medida que avanza la trama.
Alrededor del mundo, las mujeres aprenden juntas a controlar su poder para reclamar el espacio que siempre se les ha negado, además de la justicia por todos los crímenes que los hombres han cometido impunemente contra ellas a lo largo de la historia. No obstante, la novela se centra en el testimonio de algunas de esas mujeres: Margot, Allison (Allie) y Rosie, entre otras; también de Tunde, un hombre. Cada uno de estos personajes representa una manifestación concreta del poder tal como lo ejerce nuestra sociedad: la política, la religión, la economía sumergida y los medios de comunicación.
Cuando una empieza a leer la novela, la premisa tiene su gracia. ¿Qué mujer no desearía tener un poder con el que sentirse segura siempre, con el que saberse intocable? Sin embargo, con el paso de las páginas, la trama va ensombreciéndose y el final resulta verdaderamente sobrecogedor, sobre todo cuando una levanta la vista del libro y recuerda la tensión geopolítica del mundo en el que vive. El poder no es una utopía feminista en la que el dominio ejercido por las mujeres conduce a un mundo mejor. Precisamente, la facilidad con la que el poder corrompe a las personas haciéndonos caer en la reproducción de las mismas dinámicas de siempre, en las que el más fuerte somete al más débil, es lo que denuncia la novela.
Cabe destacar que esta trama la propone Neil Adam Armon (un anagrama de “Naomi Alderman”), un autor ficticio que trata de difundir su investigación acerca de la historia anterior a la era del Cataclismo a un público más amplio. De ahí que la novela, además de una amena propuesta para el género de la ciencia ficción, sea una interesante reflexión sobre la metaficción historiográfica. También es necesario llamar la atención sobre las magníficas ilustraciones de Marsh Davis intercaladas entre los capítulos, que disimuladamente anticipan las consecuencias del final de la historia de las protagonistas de Neil Adam Armon.
A través de la ironía y el dolor, Alderman presenta la premisa de “el miedo cambia de bando” para denunciar los peligros del abuso de poder y de la importancia de cambiar su forma de aplicación para salir de la espiral de violencia en la que vivimos. Al contrario de lo que pueda parecer, esta no es una novela antifeminista. La denuncia del machismo es clara de principio a fin. De hecho, la autora no cae en la victimización ni de unos ni de otras, lo cual es una clara evidencia de su conciencia feminista, así como de su capacidad crítica y narrativa. Precisamente por eso, esta novela es recomendable para toda la comunidad lectura adulta y, especialmente, para la joven-adulta, porque la concienciación de las nuevas generaciones acerca de la necesidad de cambiar nuestro comportamiento debería ser una prioridad y El poder lo reivindica a través de una prosa fluida y dinámica que configura una trama absorbente y sobrecogedora.
Gema Domínguez González es estudiante de doctorado en el Programa en Estudios Lingüísticos, Literarios y Teatrales de la Universidad de Alcalá. Su tesis se centra en la recepción de la mitología grecolatina en la narrativa contemporánea escrita por mujeres. Fue codirectora de Contrapunto entre los años 2018 y 2020. Actualmente coordina la sección de Artículos.

