El Bukowski más salvaje y lúbrico. “Las campanas no doblan por nadie”, Charles Bukowski

por | Jun 19, 2019

El Bukowski más salvaje y lúbrico. “Las campanas no doblan por nadie”, Charles Bukowski

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Charles Bukowski, Las campanas no doblan por nadie

Barcelona, Anagrama

392 páginas, 20,90 euros

Hay en la literatura un malditismo pretencioso y falso con que el autor fabula, aunque hay casos en los que seguir su juego acaba conduciendo de verdad al malditismo. Hay, en cambio, otro malditismo que es proyección o resultado de la vida de su autor, y con él solo cabe hacer, cuando se puede y se sabe hacer, buena literatura. Este fue el caso de Charles Bukowski (1920-1994), el último “escritor maldito” de la literatura norteamericana, que en vida escribió más de cincuenta libros entre novelas, relatos, ensayos, autobiografías, diarios, crónicas, reseñas y muchos poemas. Pero, además, dejó un buen número de escritos inéditos o desperdigados por ahí, muchos de los cuales ya ha publicado Anagrama en volúmenes como Ausencia del héroe (2012), más de trescientas páginas de relatos y ensayos escritos entre 1946 y 1992, o Fragmentos de un cuaderno manchado de vino (1944-1990), que vio la luz al año siguiente. Ese es también el origen de la mayoría de los relatos que pueblan Las campanas no doblan por nadie, totalmente inéditos o aparecidos en periódicos y revistas como las pornográficas Hastlery y Oui.

Hank ayuda a un viejo amigo alcohólico a largarse de un hospital; el empleado de un sex shop cuenta anécdotas estrambóticas protagonizadas por algunos clientes, como aquel que debido a un problema respiratorio pide que le hinche una muñeca; una pareja discute durante una noche de insomnio una enmienda sobre la inmoralidad que va a aprobar el Supremo; un solitario masturbador sueña con que aparezca una mujer que acabe siendo la mujer de su vida; un tipo es secuestrado por tres mujeres; una chica acude a una entrevista de trabajo en la que le hacen preguntas sobre prácticas sexuales extremas… Estas y muchas otras historias componen los quince cuentos que  reúne las Las campanas no doblan por nadie, que muestran al Bukowski más salvaje y lúbrico. Son piezas bañadas en sexo y alcohol, escritas a pie de calle, con la afilada pluma del cronista más visceral del otro lado del sueño americano. Y como guinda también se incluyen algunas de sus dibujos, siempre feroces y provocadores. De entrada, este volumen tiene un evidente interés para los fans completistas, pero la calidad del material aquí reunido lo convierte en algo más que un mero recopilatorio de rarezas, porque en estos textos aparecen con todo su esplendor los zarpazos, los exabruptos y el tono contundente de Bukowski.

Desde los tiempos de la Gran Depresión, Bukowski ya había decidido estar borracho siempre y escribir narrativa. Así, desde joven se enfrenta a la vida más dura y autodestructiva en lo que acabará constituyendo la mejor fuente para los escritos, que reflejan el persistente guiño suicida o la autoparodia en torno a la propia calamidad. A veces buscaba mediante relaciones tormentosas con mujeres o perdiendo dinero sin parar en el hipódromo. Todo ello está reflejado en este libro, espejo de ciertas experiencias de su propia vida. Así estamos ante el Bukowski que conocíamos, el que hablaba de los desposeídos, ignorados, antisociales… de sí mismo, en definitiva. Más bien ante el que da rienda suelta a su imaginación pornográfica, con destellos de humor desternillante, y está pendiente de convertir en negro sobre blanco las mil anécdotas que vivió en persona en las calles de Los Ángeles, como autor reconocido al que la gente quería conocer.

Las campanas no doblan por nadie es, en definitiva, un volumen ideal para aquellos lectores que disfrutan con los cuentos de corte desenfadado, atrevido, que no tengan prejuicios literarios, sexuales y sociales. Bukowski tiene un ritmo narrativo incomparable, es garantía de entretenimiento y sus diálogos son tan naturales que parece que han sido sacados de la vida real, por más que se presenten en situaciones surrealistas.

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