“Vampirismo”, de E.T.A Hoffman
El concepto de vampiro se originó aproximadamente hace dos siglos y desde entonces ha sufrido grandes cambios y se ha modernizado a pesar de ello. Cuando se nos presenta esta palabra, solemos evocar a esa criatura aristocrática que rebosa elegancia. Nos imaginamos al vampiro como una visión del poder masculino y la seducción que se cierne sobre una joven dormida y bebe ávidamente sangre de su pálido cuello. En la época de Hoffman, el vampiro se consideraba como un monstruo caníbal que se alimentaba de los muertos, se asemejaba más a un zombi salvaje y fétido que a un caballero victoriano o a un joven apuesto y misterioso. La obra Vampirismo de E.T.A. Hoffmann (Königsberg, 1776 – Berlín, 1822) representa una pieza fundamental dentro del desarrollo de la literatura gótica europea del siglo XIX. Aunque menos conocida que otras narraciones vampíricas como Drácula (1897) o El vampiro (1819), esta breve pero intensa narración contiene todos los elementos clásicos del género gótico: misterio, elementos sobrenaturales, escenarios sombríos y un profundo cuestionamiento de la racionalidad frente a lo inexplicable. A través de sus descripciones y su atmósfera inquietante, Hoffmann contribuye a consolidar la figura del vampiro como símbolo del temor humano ante lo desconocido y lo transgresor.
Vampirismo, publicada en 1821 como parte de la colección de Los Hermanos de San Serapión, muestra un impecable manejo de la narración enmarcada. Este texto nos presenta una reunión de amigos conocidos como Los Hermanos de San Serapión, una sociedad literaria de escritores e intelectuales prusianos (llamada así porque su primera reunión tuvo lugar el día de San Serapión). Uno de los miembros menciona la reciente novela de John Polidori (Londres, 1795 – Londres 1821), El vampiro, que había fascinado al público con sus detalles espeluznantes y elementos sobrenaturales. Esto desencadena un debate sobre sus conocimientos al respecto de los vampiros, incluyendo descripciones históricas de estos seres, hasta que uno de ellos, Cyprian, ofrece su propia historia verídica -eso es lo que le contaron- sobre vampiros. La narración nos transporta a la desdichada vida de Aurelia, una bella joven que vive en la pobreza y es maltratada por su madre, una baronesa viuda. Tras enterarse de que un pariente lejano, el conde Hipólito, ha heredado una inmensa fortuna su madre no duda en que partan para felicitarle e intentar mejorar su situación económica. La baronesa era repudiada por la familia del joven, aunque él no recuerda el motivo, y cuando ambas mujeres llegan Hipólito queda prendado de Aurelia y percibe que hay algo extraño en la anciana huesuda que la acompaña. El romance entre los jóvenes culmina en boda, pero esta se ve empañada por la tragedia tras encontrar a la baronesa muerta el mismo día. Aurelia entra en pánico y reconoce que su madre era una persona malvada y abusiva que juró vengarse de su hija por decidir contraer matrimonio. Poco tiempo después, el comportamiento de la joven cambia radicalmente: deja de comer y comienza a dar largos paseos en soledad. Con el paso del tiempo los extraños comportamientos de la mujer se agravan e Hipólito tendrá que hacer frente al misterio que envuelve a su esposa.
La influencia de Hoffmann en las historias modernas de vampiros es sorprendentemente fuerte, ya que su tratamiento del vampiro como un ser bello que se gana la confianza de los aristócratas era algo completamente nuevo en su época. Cabe destacar que es la primera narración en la que el vampiro es una mujer y que, posiblemente, inspiró a Sheridan Le Fanu (Dublín, 1814 – Dublín, 1873) a publicar Carmilla (1872). Hoffmann representa a su antagonista embarazada tornándose en monstruo indeseable que consume cadáveres al anochecer, mientras que de día es una mujer solitaria y frágil, ya nada queda de la joven cariñosa que era. Esto puede entenderse como una metáfora del miedo masculino a la maternidad y a la madurez de su esposa, de pronto el dulce objeto de su deseo se torna en una madre cuyo tiempo y tranquilidad serán consumidos con la llegada de los hijos. Las exigencias de la paternidad parecen incompatibles frente al pensamiento imaginativo e independiente de un artista como Hoffman y es por ello que el relato se puede ver salpicado con esos tintes misóginos al verse desplazada la atención que la mujer debiera dedicar a su esposo necesitado, hacia su hijo recién nacido, causando celos y resentimiento.
Vampirismo nos aproxima a una visión fascinante y novedosa del mito del vampiro, mostrando la maestría de Hoffman para crear ambientes inquietantes y personajes complejos que son acechados por sus miedos y su pasado. Esta obra ha sido el pilar para que grandes autores de la literatura gótica construyan sus propias historias y den una nueva vida a los vampiros. A pesar de la visión cuestionable que Hoffman muestra sobre la mujer y la maternidad no podemos negar la forma exquisita en la que sus miedos e inseguridades son plasmados como una bestia sedienta de sangre.
María Brea Gutiérrez es estudiante del Máster de Edición y Gestión Editorial. Apasionada por la literatura gótica y de terror, los idiomas y el cine. Actualmente es la encargada de las redes sociales de la revista y gestiona la colaboración de Contrapunto con la plataforma de radio MaxBox.

