¿Sabéis vosotros qué os quita el sueño? “La gran cacería” de Juan Mayorga

por Ene 24, 2024

¿Sabéis vosotros qué os quita el sueño? “La gran cacería” de Juan Mayorga

por

La gran cacería

Dirección: Juan Mayorga

Dramaturgia: Juan Mayorga

Ayudante de dirección: Miguel Valentín López Sangües

Reparto: Will Keen, Ana Lischisnky, Francisco Reyes

Iluminación: Pedro Yagüe

Espacio sonoro: Nacho Bilbao

Escenografía y vestuario: Elisa Sanz

Producción: Teatro del Barrio

Duración: 80 min. apróx.

Sala Cuarta Pared

17 y 18 de noviembre

Un mar de plástico que comienza a escasos metros del espectador y se expande hacia las patas y el final de la escena se nos muestra infinito. Las grietas de la vieja pared de la sala de teatro alternativo Cuarta Pared envuelven la escena. Mientras, un hombre que se haya en el centro de ese mar de plástico piensa y duda con la inestabilidad de su cuerpo. Así daba comienzo La gran cacería, la última pieza dirigida por el aclamado autor madrileño Juan Mayorga, que en colaboración con Teatro del Barrio y la Cuarta Pared, se suma a la 41ª edición del Festival de Otoño. La gran cacería es una pieza producida y cocinada en el Teatro del Barrio, un lugar común en la escena madrileña para aquellos autores y autoras cuya preocupación por el cambio social está en el centro de sus creaciones artísticas. La gran cacería, que pregunta abiertamente al espectador qué le quita el sueño por las noches, se suma a Famélica, cuyos personajes en los que resuenan las ideas de Gramsci, Marx y Luxemburgo, entre otros, deciden hacer una revolución en su empresa; y a La lengua en pedazos, que ha sido recientemente adaptada en el film de Paula Ortiz Teresa y que nos muestra a una Santa Teresa pletórica de deseos y revolución.

Según ha revelado recientemente el propio autor La gran cacería es una pieza que nace de un insomnio, así la pregunta fundamental que a modo de gestus brechtiano repetirá Will Keen con la voz y con el cuerpo es “¿acaso puede alguien dormir por las noches?”. Esta pregunta con claras raíces benjaminianas ya se encontraba presente en Himmelweg (2002), donde un comandante Nazi rompe hasta cuatro veces la cuarta pared dirigiéndose al público: “¿Quién puede dormir hoy en día? ¿Quién puede dormir con tantos trenes viajando en la noche?”. La pieza tiene como protagonista a un hombre que se encuentra viajando en un barco y no puede dormir. El viaje de este hombre podría ser pensado como la metáfora de un viaje en el tiempo: el mar que cruza le sirve para hacer memoria de las catástrofes humanas cometidas en Europa a lo largo de los siglos. Este viajero del tiempo nos conducirá a la reflexión a partir de el mosaico La gran cacería de Palermo y la historia del Arca de Noé: utiliza ambos relatos para disertar sobre el binomio cultura-barbarie, la violencia colonial y, en definitiva, sobre la violencia que unos seres ejercen contra otros de forma estructural y cotidiana. Sin embargo, el viaje se interrumpe con un aviso de simulacro de catástrofe y el barco es tomado por las bestias interpretadas de forma brillante por Ana Lischinsky y Francisco Reyes, pero ¿es un simulacro real? ¿O acaso está soñando?

Lo que está claro es que la pregunta del protagonista, así como su discurso narrativo no puede desligarse de la estética del montaje: La gran cacería es la muestra de que el interés de Mayorga por la dirección de sus propios textos se dirige hacia la composición de un lenguaje en escena que produzca un shock estético en el espectador, un sobresalto sensitivo que le permita cuestionar su razonamiento aprehendido. Por ello, el constante diálogo que Will Keen establece con el público, la repetición de gestos insertados en una coreografía gestual que mantiene la atención del espectador, el extrañamiento de la palabra hablada en la boca de un actor anglosajón, así como la incorporación a la escena de dos actores que se encuentran durante casi toda la representación escondidos entre el público, están destinados a favorecer un pensamiento reflexivo y distanciado de los hechos que ocurren en escena. A este mosaico escénico se le suma la mano del joven creador escénico Miguel Valentín, que añade al proyecto el detalle del gesto, así como la reflexión sobre el cuidado de los otros al que nos tiene acostumbrados en sus obras; el diseño de iluminación de Pedro Yagüe, que se incorpora al montaje como un personaje más que dialoga con las arrugas y reflejos del mar de plástico; el espacio sonoro de Nacho Bilbao; y la delicada escenografía y vestuario de Elisa Sanz. Sólo nos queda esperar que La gran cacería sea próximamente repuesta en la escena madrileña.