(Soportable) Levedad del ser. Jaume Plensa, “Invisibles”

por | Ene 11, 2019

(Soportable) Levedad del ser. Jaume Plensa, “Invisibles”

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Jaume Plensa, Invisibles

Palacio de Cristal (Parque del Retiro)

Del 16 de noviembre de 2018 al 2 de marzo de 2019

Comisario: João Fernandes. Entrada gratuita

Madrid y Barcelona tendrán la oportunidad, durante los siguientes meses, de contar con la presencia de varias esculturas, instalaciones y site specific del artista barcelonés Jaume Plensa. La ocasión ha sido realmente celebrada, ya que, aunque se trata de uno de nuestros artistas más reconocidos internacionalmente, su participación en numerosos proyectos por todo el mundo ha impedido que podamos admirar una gran retrospectiva —que tendrá lugar en el MACBA entre el 1 de diciembre de 2018 y el 22 de abril de 2019— desde la exposición Chaos-Saliva (2000) en el Palacio de Velázquez de Madrid.

Repite ahora en el Retiro, pero en esta ocasión en el Palacio de Cristal, con la instalación Invisibles comisariada por João Fernandes. En la línea minimalista y el giro corporal contemporáneo, está compuesta por tres cabezas, uno de los motivos recurrentes de su obra y de otros artistas españoles, de Picasso a Antonio González, y forma pionera entre las manifestaciones artísticas prehistóricas. Estas se disponen a una distancia equilibrada para dejar grandes espacios vacíos a su alrededor y crear una atmósfera de recinto sagrado en el que se demanda silencio con el antiquísimo gesto harpocrático. Si bien, el gran enigma es perceptivo, dado el efecto óptico que el material y el método elegido para la construcción de dichas cabezas provoca: una trama metálica finísima que consigue exponer y esconder al mismo tiempo a plena luz del día unas instalaciones gigantescas que parecen rozar el suelo  —efecto mágico de suspensión en el vacío habitual en Plensa—. Aunque no se trata de una instalación sonora ni táctil, como ha proyectado en ocasiones anteriores, nuestra sensorialidad completa se ve impelida. Lo que ni siquiera las cámaras fotográficas logran captar en lo diurno sí será posible durante el atardecer, ya que unos focos iluminan las cabezas durante esas pocas horas que distan entre la llegada de la noche y el cierre, primero del propio Palacio de Cristal y después del parque. Se juega así con una dicotomía dentro/invisible-fuera/iluminado, que concederá cierto carácter secreto a un conjunto que revela su corporalidad solo en la distancia; acaso se haya querido jugar con proceso del tabú y el mito que ya se han explicado en otras tradiciones.

Sin duda, varios niveles de la obra Invisibles redundan en una línea ya practicada por Plensa en su trayectoria. La figura humana y el motivo de la cabeza, en cuanto al contenido temático; el material y su construcción, desde un punto de vista formal; la disposición de las piezas y la sutil creación de un nuevo espacio para el paseante en el plano topológico; el aura, en definitiva, rayano en lo sagrado, que invita a una itinerancia admirativa y silenciosa con respecto al carácter performativo, situacional; y, en última instancia, la problemática de lo silente y lo invisible, en cuanto a su naturaleza simbólica y crítica. Pero hay matices muy sutiles en estas esculturas que las hacen únicas en cada nuevo reciclaje; es maravilloso comprobar, por ejemplo, cómo las cabezas no llegan a estar completamente estáticas: debido a la finura de sus hilos, sea el viento, sea el espectador que despistado choca —interactúa, lo llaman también—, las partes más bajas de cada ramificación aportan ese dinamismo y levedad del ser.

Como afirmó el día de la inauguración el artista, en la rueda de prensa para los medios           —entre los que pudo estar Contrapunto—, los rostros metálicos que propone son una “representación visual del silencio”, pero también una reflexión muy presente en muy diversos modos en su obra —tanto escultórica como pictórica— sobre las personas invisibilizadas y marginadas, porque “vivimos la gran época de la incomunicación”. A pesar de ello, su obra exige una mirada espiritual que religa desde los sentidos y la vibración de la materia, especialmente a través de la escucha. El “milagro” está en cómo los materiales —el hierro candente, el agua— se transforman casi alquímicamente durante el proceso creativo, en el montaje cuidadoso de obras de gran tamaño que transforman el entorno, en la consecución de macroproyectos que transforman radicalmente los lugares de acogida y en la experimentación imprevisible del hombre con esos nuevos objetos que le interpelan en un tránsito renovado.