Traicionados por el amor. “La fragilidad”, de Diego Doncel

por Jul 14, 2021

Traicionados por el amor. “La fragilidad”, de Diego Doncel

por

Diego Doncel, La fragilidad

Madrid, Visor

96 páginas, 12 euros

El XXXIII Premio Loewe, fallado el año pasado, pero publicado en Visor a principios de 2021, es un poemario amoroso de Diego Doncel: La fragilidad. Desde un yo poético completamente destrozado se plantea una visión del desamor desde el punto de vista de un hijo que ha perdido a su padre, que no es capaz de mirar más allá del “futuro del día de mañana que no tiene futuro”. Poco a poco, poema a poema, se va construyendo esa identidad de quien ha perdido a su padre, de alguien que observa que “Hay algo extraño en ser el hijo de un hombre / que nunca tendrá ya conciencia”. Pero esa pérdida de conciencia no solo afecta al cuerpo que muere. Y es lo que parece querer demostrar Doncel a lo largo de este poemario. Que la fragilidad no es la del cuerpo que un día muere, sino del que necesita la vida de ese cuerpo que no es el suyo para permanecer en pie: “Somos frágiles: muchos sueños se perdieron / como se pierden las grandes pasiones, calladamente // Ahora ya sabemos que el amor es un sentimiento peligroso”.

La intertextualidad vertebra los textos de este libro como lo hacían los de la ganadora de la convocatoria anterior, Aurora Luque. En La fragilidad, las referencias al mundo clásico de Gavieras se convierten en un diálogo con los personajes de Shakespeare. El poeta se siente como Ofelia, “devorado por la espera de un amor imposible”, y como Hamlet, “tan llenos de fantasmas / que ni siquiera reconocemos lo que somos”. El hecho de que el yo poético sea mucho más intimista en los textos de Doncel que en los de Luque no deja lugar a comparaciones. La experiencia de la muerte del padre es quien protagoniza en realidad La fragilidad.

Llama la atención la construcción del verso libre. A menudo, los poemas de Doncel se prosifican y establecen unas cuidados marcos narrativos en los que se escenifican algunas de las preguntas que plantea el autor a lo largo del libro. En “Memoria y espera” sitúa sus versos a orillas del Sado para reflexionar sobre la memoria: “Somos sombras entre el tiempo y el sueño, / entre la memoria y la espera. Lo que está en nuestro interior / puede ser vivido de nuevo, podemos andar sobre sus huellas. / Pero, ¿cómo podemos volver, ¿cómo sin ser otros?”.

Todas esas frases lapidarias sobre el desamor de la pérdida del padre que se van sucediendo en el poemario parece que se rompen en pedazos cuando, casi al final del libro, “Viene la claridad”. Como si todos los versos anteriores solo existiesen para desembocar en este bello poema, como si La fragilidad fuese una noche que no termina hasta el amanecer, con sus miles de preguntas que, por fin, terminan arrojando algo de luz sin abandonar el recuerdo protagonista, su padre: “Viene la claridad, viene el mundo. / El azul atravesado por la estela de todos / los horizontes, lo que valió un hombre, lo que quiso, / cómo puede justificar que el futuro que ahora empieza para él / también merece ser recordado”. Finalmente, el poeta logra recomponerse y encaminarse, como reza el título del último poema, “Hacia la felicidad”: “Todo espera porque entre tú y yo / puede haber una noche pero nunca muerte, / puede haber lejanía pero nunca ausencia. / Este trozo de mar me lo enseñaste tú. / La sabiduría me lleva a la infancia”.

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