La transverberación
Te creí ver un día, autor, moviéndote
sigiloso entre las bambalinas, viéndote
me pareciste uno más, otro cualquiera,
Te creí ver un día, autor, moviéndote
sigiloso entre las bambalinas, viéndote
me pareciste uno más, otro cualquiera,
Desde mi punto de vista, Aballí pertenece a la fecunda estirpe de creadores que han buscado la representación plástica del silencio-vacío, a la escuela española —Gargallo, Chillida, Oteiza— y, dentro de ella, más específicamente, a la catalana —desde Antoni Tàpies a Jaume Plensa—. Pero la técnica minimalista empleada indaga en un propósito estético neoconceptual que el autor ha practicado durante décadas y que se intensifica en su última fase creativa: la tácita violentación del lenguaje.
Santamaría nos llama a descifrar el nuevo lenguaje del capitalismo. Quizás sea un buen punto de partida aprender que el término “creatividad” nunca fue asociado al arte antes del siglo XX. No se tenían a sí mismos por creativos los artistas del Renacimiento, ni siquiera los que estaban dentro del seno del Romanticismo. Preferían definirse como originales o inspirados por el genio, ya que la palabra creatividad se asociaba antes a la Creación divina y no a una potencialidad humana.
“Un debut en la vida” es la novela con la que la británica Anita Brookner se asomó a la literatura. En el sugerente prólogo de esta edición, Julian Barnes nos acerca a la mujer tras la novela: una historiadora del arte de gran carrera universitaria que siempre se sentía dueña de las conversaciones y que, ante cualquier pregunta, contestaba con una rotunda sinceridad que descolocaba a sus entrevistadores.
Si la amistad y el amor a prueba de tantas cosas son pilares de “Cuánto azul”, en medio de las dos, o revistiéndolas, está el secreto, el eco de la frase de Diane Arbus que abre la novela: “Una imagen es un secreto sobre un secreto”. Y la pregunta es si vale la pena revelarlo. Everett solo agrega un pensamiento más: Los secretos tan solo nos recuerdan que nuestra vida es nuestra.
Saltando entre subastas, entrevistas y expedientes en una pesquisa disparatada, la protagonista de «La luz negra», de María Gainza, alumbra la evidencia nubosa de que la verdad se esconde allí donde no existe precio ni firma.
El lector de estos ensayos no puede evitar sorprenderse a cada momento de la perspicacia de Barnes, cuyo estilo, lejos de toda jerga, cultismo o prurito de especialización, es una desinteresada indagación en las razones de la creación artística pero también en la lógica que ha seguido la pintura moderna en un periodo histórico de profunda transformación a través de las diversas etapas y propuestas que atraviesa.