Supongamos que así sucedió.“La luz negra”, de María Gainza

por | Feb 23, 2019

Supongamos que así sucedió.“La luz negra”, de María Gainza

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María Gainza, La luz negra

Barcelona, Anagrama

144 páginas, 16,90 euros

María Gainza (Buenos Aires, 1975) es una escritora argentina que comenzó haciéndose un nombre en su país como crítica de arte, trabajando en la corresponsalía de The Art News del The New York Times en Buenos Aires. Durante más de diez años fue colaboradora regular de la revista Artforum y del suplemento Radar del diario Página/12. En 2011 publicó Textos elegidos, una selección de sus notas y ensayos sobre arte argentino. El nervio óptico (Anagrama, 2017) fue su primera incursión en la narrativa. En esta obra traducida ya a diez idiomas, se centra en el mundo de la pintura, ofreciendo un paseo personal por tendencias, movimientos y artistas.

Tras deslumbrar a la crítica con su primera novela, Gainza vuelve a tomar el mundo de la pintura como punto de partida con La luz negra (Anagrama, 2018). La narradora, que utiliza un tono entre jocoso y desesperado, es una crítica de arte (como Gainza) que recuerda su iniciación laboral en la tan prestigiosa oficina de tasación del Banco Ciudad, donde obedecía órdenes de la emblemática perita Enriqueta Macedo, dedicada a autentificar obras de arte. Al comienzo de su historia, mientras escribe las primeras líneas de esta novela, advierte sobre la falta de datos exactos y de testimonios verídicos de sus palabras, ya que sospecha de aquellos que requieren de datos precisos para contar una historia: “Le dicen: ‘Esto fue así’. A esta altura de mi vida yo aprecio las gentilezas, prefiero que me digan: ‘Supongamos que así sucedió’”. Pasada una temporada gris, y con una revelación delictiva de por medio, Enriqueta le abre las puertas al universo de la falsificación, práctica que había adoptado de un grupo en decadencia ya en la década de 1960 llamado La Banda de Falsificadores Melancólicos. El trabajo real de la autora está muy presente en las dos novelas: en esta última, la adorna con la intriga de la búsqueda de un personaje escurridizo, “la Negra”, recurso que convierte este relato casi en un intento de biografía y que nos sumerge de lleno en los secretos de la autentificación de obras de arte y de la falsificación de las mismas.

Saltando entre subastas, entrevistas y expedientes en una pesquisa disparatada, la protagonista (como la “luz negra” que usan los peritos para detectar la falsedad de una obra) alumbra la evidencia nubosa de que la verdad se esconde allí donde no existe precio ni firma. Gainza usa distintas formas de escritura, como la reseña crítica de arte, la entrevista, la prosa judicial, o incluso la indagación en primera persona. Es cuidadosa en la elaboración de las frases, casi todas construidas con esmero, evitando lo reconocible, dejando en cada una su huella propia. Hay una exhibición de la autora no solo en el dominio de la escritura sino también en las referencias, en las citas; un exceso de lucimiento que a veces cansa o traba la lectura. Cuando hay demasiado ingenio y referencia culta, la fluidez de la historia que pretende contar peligra. Gainza peca de estar más pendiente de la propia escritura, del arte propio, que de la sustancia de lo que quiere relatar; a pesar de que haya un paralelo deliberado entre la época que quiere reconstruir y los procedimientos de la literatura para hacerse con la realidad.

La luz negra se revela como una apuesta deliberada por lo narrativo; en cada párrafo hay un hallazgo, un detalle preciso, una ocurrencia. Pero más allá de los ropajes ficcionales, en el corazón del texto, se esconde nada más y nada menos que una periodista descarriada tratando de contar una historia, de trazar un perfil: el de un personaje, la Negra, que, haya existido o no, ayuda a la narradora en la búsqueda de su propia identidad.

 

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Enrique Álvarez es alumno del Grado en Estudios Hispánicos de la Universidad de Alcalá. Actualmente, es codirector de Contrapunto y responsable de la sección Alrededores, de narrativa traducida.