Atentos a los mensajes del capital: “En los límites de lo posible”, Alberto Santamaría

por | Oct 29, 2019

Atentos a los mensajes del capital: “En los límites de lo posible”, Alberto Santamaría

por

Alberto Santamaría, En los límites de lo posible. Política, cultura y capitalismo afectivo 

Madrid, Akal 

216 páginas, 19,00 euros 

¿Nunca ha sentido como ajeno, hasta el punto de resultar extravagante, la prolífica retahíla de promesas de felicidad que pueblan el terreno empresarial? El coaching y la inteligencia emocional nos asaltan desde nuestro puesto de trabajo. Nos ofrecen formaciones en liderazgos positivos, en gestiones eficaces del tiempo, en desarrollo vital… Destinamos parte de nuestra semana laboral a degustar los brebajes de esta psicología de empresa. Por supuesto, todo este esfuerzo aparentemente en vano tiene motivos mucho más profundos de los que usted imagina. 

Más allá de sus seis poemarios publicados, Alberto Santamaría (Torrelavega, 1976) lleva años elaborando una particular visión de comprender los azares del arte dentro del marco capitalista. Hace pensar a sus alumnos de Teoría del Arte en la Universidad de Salamanca sobre cómo el capitalismo convierte toda la producción artística en un producto más y abre vías para evitarlo.  

Santamaría abre En los límites de lo posible con un prólogo centrado en las reuniones políticas. Varias fotos nos llaman la atención, presentando al Consejo de Ministros o al Presidente charlando con sus socios parlamentarios. El autor nos pide una mirada distinta: que no nos fijemos en los rostros y sus expresiones rígidas, sino en las paredes. ¿Cuál es el arte que observa estas reuniones? En todas ellas, el arte abstracto reina desde el silencio y tiene a los políticos discurriendo a sus pies. Un arte cuanto más discreto y menos disonante mejor, una pintura silente. ¿No es extravagante que a la política de retórica vacía y gestos inanes de nuestros tiempos le adorne una estética de claro significante vacío?  El autor cántabro ha editado recientemente otro libro, Alta cultura descafeinada, donde teoriza sobre la falta de compromiso político del arte actual. 

Volviendo al ensayo que nos ocupa, Santamaría nos llama a descifrar el nuevo lenguaje del capitalismo. Quizás sea un buen punto de partida aprender que el término “creatividad” nunca fue asociado al arte antes del siglo XX. No se tenían a sí mismos por creativos los artistas del Renacimiento, ni siquiera los que estaban dentro del seno del Romanticismo. Preferían definirse como originales o inspirados por el genio, ya que la palabra creatividad se asociaba antes a la Creación divina y no a una potencialidad humana.  

Es a mediados del siglo XX, con la gran expansión empresarial cuando los directivos empiezan a acariciar el término “creatividad” como un valor que deben tener sus empleados de cara a desarrollar al máximo sus capacidades personales. Ser creativo, ser flexible, ser resolutivo… son distintos adjetivos que la empresa siempre orienta a un aumento de la productividad. Y también es de esta forma como la empresa acaba invirtiendo buena parte de su energía en constituir una dimensión ética frágil, un conglomerado de valores de papel con los que envuelve a sus trabajadores y les hace creer especiales e imprescindibles… pero lo son únicamente si contribuyen a elevar así los beneficios mensuales de la marca. 

Buscando la inversión y el crecimiento constante, el capitalismo hace décadas que ha camuflado su feo atuendo de negocio explotador para deslizarse entre las sedas del bienestar social. Para el autor, todos los mensajes emocionales que nos lanza el capital están debidamente calculados. Nos hace creer que el entorno laboral es otra parte más de nuestra vida, al mismo nivel que la familia, y nos pone todas las comodidades. Todavía más: son varios los mensajes que lanzan políticos próximos al neoliberalismo, junto con empresas multinacionales, donde se puede entrever que el capitalismo debe abarcar a la cultura en su totalidad. Esta infiltración de lo económico en el concepto de cultura llega hasta el tuétano de nuestra convivencia, haciéndonos enfocar una nueva forma de ver el mundo de siempre. Nos hacen sus marionetas a su merced con cada mensaje, nos convierten «en una ciudadanía de baja intensidad», según Santamaría. Primero es necesario vaciar para después rellenar a conveniencia, con toda una serie de fórmulas emocionales ligadas al más puro pragmatismo. 

Tal despliegue de trampas y disfraces sobre nuestros hombros están dibujados con una cuidadosa colección de referencias comentadas en cada capítulo. En los límites de lo posible compone una aguda observación sobre el funcionamiento de una sociedad dirigida en cada mínimo aspecto, que sin duda hará pensar mucho sobre nuestro marco actual.  

No está aún todo decidido.  

¿Te ha gustado el artículo? Puedes ayudarnos a hacer crecer la revista compartiéndolo en redes sociales.

También puedes suscribirte para que te avisemos de los nuevos artículos publicados.