Beautiful street in the historical town of Pedraza, Segovia, Spain

Un Billy Elliot zamorano y rural. Sobre “Vallesordo”, de Jonathan Arribas

Vallesordo, Jonathan Arribas

Libros del Asteroide, 2025

18,95 euros

Verano. Hora de la siesta. Suena Dechachanté, de Keit Rayan, en unos altavoces arrastrados hasta el corral de la casa y un niño con latas de Coca-Cola encajadas horizontalmente en las zapatillas –clac, clac, clac, tacones– se mueve al ritmo de la música y bumbumplac, sacar tetas después del melenazo y hombros hacia los lados “como cuando una culebra se enfada y se engarabita”. La coreografía es –está convencido– perfecta, de bailador profesional, a imagen y semejanza de la de Yurena (Yure), la favorita del reality que lo tiene fascinado: Fama, ¡a bailar!

Nico tiene diez años y ya presiente que lo que hace no está bien; lo han empezado a llamar marimari los chavales mayores y abuela le ha advertido que, cuidado, porque los muros son bajos y “cualquiera que pase por ahí con el tractor y le dé por asomarse, te ve bailando aquí como bailas tú, ¿y luego qué?”. Pues luego a hablar por ahí, de un lado para otro: el cotilleo. Ay, el qué dirán.

Vallesordo es la primera novela de Jonathan Arribas, joven autor zamorano y antiguo residente de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. El espacio: Vallesordo, un pueblo de Zamora, y una casa, la familiar, ubicada a las afueras y donde conviven padre, madre, abuela, Nico y La Yesi, la perra. Tía Justi está presente también, casi siempre sentada tomando la fresca con abuela. El tiempo: finales de la primera década de los dos mil, aproximadamente. La voz narradora: maravillosa, lo mejor del relato, sin atisbo de duda; es la voz de Nico, envolvente, dinámica, arrolladora, vivísima, pura y llanamente oral; lo cubre todo, sin apenas costuras, sin aristas, de principio a fin; la mirada de unos ojos que ven sin terminar de entender, porque su mundo es otro –aunque al final el mismo– y todavía desconocen la forma de decir; una mirada que tan solo intuye y que, por lo tanto, no descifra, no decodifica del todo. Lectoras adultas, nosotras, sin embargo, sí. Entendemos, entonces, las ausencias de los padres –el trabajo, la explotación, la salud mental, la precariedad–, las discusiones, los golpes, los portazos (la incomunicación), las perspectivas de futuro, los miedos, el hartazgo; las partidas del Candicras y el pikipikipiki de los dedos sobre la pantalla del teléfono en el sofá.

Arribas firma un relato cuidado y tierno, amable, pero no por ello exento de violencias (familiares y estructurales). La vida en el pueblo no es idílica, ni siquiera en ese tiempo mítico que conforman los veranos de la infancia, aunque cierta nostalgia se desprenda de las bicicletas, los juegos en la calle, el huerto en el corral, la lluvia de estrellas y los sándwiches en el bar de La Rumana. Y no es idílica por el hermetismo y por las habladurías, sobre todo, pero también porque de padre agricultor se exige hijo agricultor y la expectativa ahoga, sobre todo cuando, encima, la sexualidad comienza a asomar la patita por debajo de la puerta. Fruto de los deberes que la profesora de lengua y literatura ha encomendado a toda la clase –a saber: escribir una redacción sobre el verano más importante de sus vidas– y del consejo facilitado –contarle la historia a alguien para después escribirla con mayor facilidad–, Vallesordo se lee (o, mejor dicho, se escucha) de una sentada. Es, en definitiva, una historia cantada, conocida como esa tonadilla nueva que cuando nació mi madre ya la cantaba mi abuela que abre la novela, pero con coreografía.

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Doctora internacional en Literatura Española por la Universidad de Salamanca, con máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid y Master of Arts in Spanish en la University of Wisconsin-Milwaukee, actualmente es investigadora posdoctoral Juan de la Cierva en la Universidad de Alcalá. En el pasado, ha sido profesora en la Universidad de Salamanca, en la UNIR, en la Universidad de Burgos, en la Universitat Jaume I y en la University of Wisconsin-Milwaukee, así como contratada posdoctoral en la Université catholique de Louvain. Es autora del ensayo "Ideología, poder y cuerpo. La novela política contemporánea" (Bellaterra, 2023) y escribe reseñas mensuales en el periódico Mundo Obrero.

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